Vivir preocupado, un síntoma que puede convertirse en enfermedad

Inseguridad, inflación, piquetes, el bolsillo que no alcanza y si a eso le sumamos problemas personales o familiares, la vida en la actualidad se hace un tanto caótica y complicada.

En este contexto, vivir preocupado es un síntoma cuasi normal de la posmodernidad. Pero, hay que estar alertas. Una presión o exigencia interna desmedida puede desencadenar a corto plazo un Trastorno de Ansiedad Generalizado. Entonces, ¿cómo afrontar la realidad social y personal sin descuidar los límites de nuestra salud mental?

¿Cómo no traspasar la delgada línea entre la preocupación y la patología?

Las inquietudes no están de más ya que en estos tiempos de vértigo permanente, se ha naturalizado el stress propio y ajeno, y no sólo eso se lo justifica como un signo normal del día a día. La Lic. Marina Sinai, especialista en Trastornos de Ansiedad explica el cuadro de situación: "Hoy en día ser una persona responsable está absolutamente aceptado, pero ser responsable y vivir permanentemente preocupado no son sinónimos. Entonces, ¿ cuál es la diferencia entre la responsabilidad sana y un Trastorno de Ansiedad Generalizado?

Las personas que lo padecen son autoexigentes al extremo, no se permiten el más mínimo error, sus "eternas preocupaciones" se convierten en improductivas, cuestiones dilemáticas que a veces los ponen entre la espada y la pared, cuando en realidad esas preocupaciones deberían ser cuestiones a resolver sin que generen una ansiedad extrema".

Y así sucede, el Trastorno de Ansiedad Generalizado al igual que otras patologías vinculadas a la salud mental, es uno de los males de la época. El contexto social y cultural, ha forjado la aparición de ciertos síntomas coherentes con los tiempos que corren. En una sociedad en la cual la responsabilidad en extremo es la base para poder desarrollarse en lo laboral y en lo personal, y además si el tiempo es escaso ante las extensas jornadas de trabajo, es frecuente que cumplir con todo sea una odisea casi imposible.

"Podemos poner como ejemplo -afirma la Lic. Sinai- a una mujer actual. El prototipo es una mujer que siempre está corriendo para cumplir con todo, con el trabajo, con las tareas del hogar, con los estudios de los hijos, con su familia de origen y con la de su marido. El cuadro de situación es extenuante y sí además es una persona que tiende a preocuparse en exceso por los demás, el cansancio físico y mental será su constante de todos los días".

En este marco de obligaciones cotidianas, sucede que el individuo nota que debe realizar una consulta psicológica cuando ya el síntoma lo ha sobrepasado. El paciente llega al consultorio con síntomas de ansiedad ya bastante avanzados y al borde del ataque de pánico, ya que los mismos pueden pasar desapercibidos bajo el manto de esta personalidad responsable absolutamente aceptada y sin ningún tipo de conflicto social. Es decir, ni siquiera su entorno le recomendará que realice una consulta ya que la ansiedad en extremo es un sello de nuestros tiempos.

La Lic. Sinai destaca que otro rasgo característico de la personalidad ansiosa es "vivir en los extremos". "El ansioso tiene cierta dificultad para pensar en término medio: "¿sigo siendo corredor de Bolsa en Wall Street o me convierto en monje budista? llegan a preguntar en el consultorio, intentando resolver sus vidas de forma extrema. En el mundo del ansioso no hay grises, vive tironeado por los extremos y muchas veces termina sin resolver nada", explica la especialista.

La razón por la cual el ansioso se pone la vida propia y ajena al hombro, es por su imposibilidad de delegar. En su conducta polarizada, necesita tener el control de todo su medio ambiente, y esto incluye a su familia, su trabajo y su vida social, necesita sentir que tiene el poder , ya que por su gran inseguridad interna, siente que si algo se sale de su sitio, será un descontrol, y su vida se hará pedazos. Entonces, ¿qué hacer? ¿Cuál es la solución? La consulta psicoterapéutica es lo más indicado y entre otras cuestiones a trabajar se abordará la necesidad de control absoluto de la situación anudada al exceso de responsabilidad, característica de la persona que padece el Trastorno de Ansiedad Generalizado.

"En el tratamiento de la Ansiedad, - explica la Lic. Sinai- introduciendo la evaluación del riesgo se logra que el paciente pueda incorporar nuevas herramientas y desarrollar nuevos recursos internos que le permitan ordenar y organizar las distintas actividades y compromisos de la vida cotidiana sin vivirlos como una situación de "vida o muerte ", logrando el alivio sintomático no sólo en el paciente sino también en su contexto más cercano".

En un mundo en el cual las presiones son moneda corriente, y su exceso se ha naturalizado, no deberíamos normalizar nosotros la patología propia o ajena. Si los tiempos nos apuran y la ansiedad es lo cotidiano, andemos un poco más despacio para que el control de las situaciones esté en nuestras manos y no que las situaciones se apoderen de nosotros. Es difícil, pero detenernos a pensar y no a correr debería ser la alternativa.

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Por Eugenia Plano