Los valores se encuentran en la cancha

Despierta pasiones e incentiva la euforia y su sentido de pertenencia alcanza tal magnitud que ningún hincha cambiaría su cuadro ante ninguna circunstancia.

El deporte

Es el fútbol, el deporte cuya identidad que trasciende las fronteras, las clases sociales, las culturas y las idiosincrasias. Todos los domingos cuando el campeonato está en pleno desarrollo, la banda de sonido de las calles argentinas es una radio a todo volumen y las expresiones de alegría de los hinchas que celebran al grito de “gol” el triunfo de su equipo. Pero, el fútbol no sólo es un deporte de pasiones y euforias , también se ha convertido en la motivación de cientos de niños para comprender la importancia del trabajo en equipo y la posibilidad de unión como vehículo de progreso e inclusión. El deporte se ha convertido es uno de los ejes centrales para la transmisión de valores en los chicos que padecen situaciones de exclusión social. Organizaciones No Gubernamentales y planes gubernamentales han generado diversos programas para ayudar a los niños en su desarrollo físico y emocional a partir de la implementación de actividades vinculadas con la práctica deportiva. En un país en el cual el fútbol es el deporte que apasiona a chicos y grandes, capitalizarlo como una oportunidad solidaria es la misión.

Un torneo de valores

El pasado miércoles, niños de distintos asentamientos de la ciudad de Buenos Aires demostraron que el fútbol para ellos es mucho más que una pasión. En el marco del un torneo de verano, chicos de 8 a 15 años, festejaron unidos la finalización de una competencia para la cual entrenaron todo el año.Patrocinado por el Programa Deportivo para la Inclusión, desarrollado por el gobierno nacional, la finalización del torneo tuvo como escenario la villa 21-24 y el principal objetivo de este plan es unir a los chicos en una práctica deportiva que estimula el trabajo en equipo y el esfuerzo y el sacrificio individual y colectivo para alcanzar una meta. Estos valores son inculcados especialmente con el fin de alejar a los niños del delito y de la droga, como dos constantes permanentes en la cotidianeidad de los barrios más pobres de la Argentina. Justamente, en las villas de emergencia de la ciudad de Buenos Aires es donde se registran los mayores índices de consumo de pasta base y cocaína, y además, la edad de iniciación es de 11 años. Es decir, la infancia se encuentra atravesada por el consumo de estupefacientes y este tipo de acciones deportivas es una de las alternativas que intentan alejar a los chicos de este flagelo a partir del aporte de sentido a sus biografías.

Los niños no sólo cuentan con un entrenador que los inicia o les enseña las claves para optimizar su rendimiento deportivo. Los directores técnicos ofician como tutores en todo sentido. Los chicos reciben charlas grupales e individuales acerca de la importancia de los valores como la solidaridad, la disciplina, el esfuerzo, la cultura del trabajo y fundamentalmente, el protagonismo que adquiere la ayuda mutua ante la presencia de dificultades personales o grupales. Juntos no sólo son más, sino que son capaces de resolver problemas y encontrar soluciones que impactan de manera positiva en ellos mismos, en sus compañeros, sus familias y su entorno. La unión de los chicos no sólo se produce en su propio equipo sino que la idea es conocer, respetar y ayudar a los niños que conforman el resto de los conjuntos deportivos, procedentes de los distintos barrios que participan del torneo. Para realizar esta competencia, se realizaron capacitaciones a los tutores de los chicos, se arreglaron las canchas y además se dictaron cursos sanitarios y educativos al personal que conforma cada equipo. La iniciativa comenzó durante el 2012, bajo el patrocinio de la Dirección de Prevención del Delito y la Violencia que decidió fomentar distintas actividades deportivas en la villa 21-24 para promover la inclusión social entre los niños y adolescentes afectados por su contexto de extrema vulnerabilidad económica, educativa y social.

Crecen los valores

El progreso es uno de los valores más destacados y reconocidos por los responsables del programa. El esfuerzo y la dedicación es reconocido a través de la posibilidad de asumir el rol de tutores de equipo. Es decir, aquellos jóvenes que asumen un rol activo en el entrenamiento, motivando y ayudando a sus pares cuentan con la posibilidad de comandar el equipo. Encontrar sentido, es la meta de nuestro tiempo y de los adultos depende que los niños sepan como crecer y desarrollarse en valores. No sucede de la noche a la mañana, pero el presente es el momento para comenzar. El deporte es un poderosa herramienta para demostrar que el esfuerzo, la disciplina y el trabajo en equipo valen la pena y son el camino para lograr los sueños.

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Redacción