La nieve en su máxima expresión

Las temporadas de frío al sur del mundo tienen mucho que ofrecer y lo hacen en medio de un paisaje majestuoso lleno de cálidos refugios.

Aquí el día comienza lo suficientemente tardío como para remolonear, con el exquisito aroma del chocolate caliente que llega desde la mesa del desayuno, mientras los visitantes se cubren de ropa de abrigo como cebollas para disfrutar del invierno. A poco de despuntar el alba, el paisaje blanco de los valles de Tierra del Fuego comienza a bañarse con la luz del sol y los vehículos avanzan rumbo a los centros invernales entre hermosos caminos de montaña. Los ladridos de los perros de tiro dan la bienvenida al Fin del Mundo, donde el invierno se vive a pura emoción.

En los diferentes centros recreativos, a lo largo de 30 kilómetros en los valles Carbajal y de Tierra Mayor, profesionales de los deportes invernales, amantes de la nieve en general y hasta los viajeros más novatos disfrutan de diversas actividades: paseos en trineos conducidos por perros siberianos y alaskanos que encantan a los más chicos y atraviesan el bosques de lengas sobre los cerros blancos; recorridos en motos de nieve cargados de adrenalina; caminatas con raquetas diurnas y nocturnas por sendas en el bosque nevado que permiten conocer historias del lugar y excursiones en vehículos 4x4 por paisajes pintados de gris plata. Y por supuesto, esquí -de fondo o nórdico, de descenso y snowboard.

Los centros y los locales de alquiler ofrecen todo lo necesario para sumergirse en la estadía nevada. Las familias se divierten en los paseos que realizan en conjunto; otros eligen el patinaje sobre hielo en pistas naturales o un trekking sobre nieve que deja ver la espectacular postal del bosque cubierto de blanco. Hay caminatas nocturnas bajo el cielo estrellado y divertidas travesías en motos de nieve. Los más chiquitos se divierten en las colonias invernales y nunca falta el que dedica un buen rato a modelar su escultural muñeco de nieve.

Hay opciones constantes y tiempo para descansar. Cada vez que buscan un remanso los viajeros encuentran un refugio de alta montaña, un restaurante o un parador boutique que les devuelva la energía con una sopa o una buena comida regional, un chocolate caliente o una copa de vino que premie alguna nueva meta alcanzada. Y lo mismo sucede al atardecer, cuando finaliza la jornada con un paisaje cargado de colores que algunos eligen ver cómodamente sentados en un sillón saboreando una merienda. Los que gustan de ser espectadores, además, se maravillan viendo a los expertos en las competencias que se realizan cada temporada, como la tradicional Marchablanca y el Ushuaia Loppet, carreras avaladas por la FIS, FASA y Worldloppet.

A la noche, después de haber divisado con sorpresa incluso algún cóndor, águilas moras, pájaros carpinteros y zorros colorados, nada como una actividad nocturna para experimentar algo diferente. Comer un guiso de cordero al lado de un fogón o caminar con raquetas a la luz de la luna en el Valle de Tierra Mayor alumbrados apenas por linternas mientras un guía oriundo de la zona cuenta historias de antiguos habitantes, resulta tan conmovedor como el cielo límpido y estrellado.

La adrenalina y la conexión espiritual se dan la mano en esta provincia con la temporada de nieve más extensa de Sudamérica –de julio a principios de octubre- por la orientación de Oeste a Este de la Cordillera de los Andes. Hay tantos recuerdos para llevarse que la decisión es meterlos a todos en la valija, sin elegir: la paz al ver nevar, el sonido de las aves dentro del bosque, el frío en la cara, el aroma a leña crepitando en los fogones y el silencio de la montaña.

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Fuente: http://nieveargentina.gov.ar/