La inmigración sirio libanesa en la Argentina

El gobierno argentino se comprometió hace pocos días atrás, a recibir a 3.000 refugiados de Siria.

Los sirios y sirio-libaneses representan una comunidad muy próspera y trabajadora, que ya forma parte del tejido social del país.

Si hay una definición que resume la identidad de los Argentinos es la que ha realizado el gran escritor Carlos Fuentes: "Mientras los mexicanos descendemos de los aztecas, los argentinos descienden de los barcos". Y es una realidad. Se estima que el 90 por ciento de la población actual es descendiente de inmigrantes.

Las guerras, el hambre, persecuciones políticas, religiosas o ideológicas, fueron algunas de las razones a las que obedecieron las distintas corrientes migratorias que llegaron a la Argentina durante su historia. Hubo tres nacionalidades protagonistas, italianos, españoles y en tercer lugar la inmigración sirio libanesa. Las estadísticas indican que entre los años 1871 y 1880 ingresaron al país 672 personas, cifra que entre 1881 y 1890 aumenta a 3.557, sin que en estos ingresos se registran salidas. En este marco, hubo un incremento permanente de ciudadanos sirio libaneses desde 1896 hasta fines de siglo.

Pero a comienzos del siglo XX la inmigración árabe fue aún mayor. Por ejemplo en 1910 ingresaron 62 mil sirio-libaneses, y en 1912 se alcanzó el punto máximo con 19.792 inmigrantes. Un aspecto a destacar con respecto a esta oleada migratoria fue su gran aporte en el sacrificio y el esfuerzo. Para ellos, la cultura del trabajo era la única realidad posible. Un estudioso en el tema, Roberto Mustafa Ale, autor del artículo “Los inmigrantes árabes en la Argentina”, lo explica: “La corriente inmigratoria procedente del ex Imperio Otomano la formaban árabes libaneses y sirios, cristianos y musulmanes. Eran campesinos, jornaleros, agricultores y braseros. Llegaron como peones de pala y pico y en corto lapso de tiempo prosiguieron como buhoneros y pequeños comerciantes, de férrea voluntad y de notable disciplina“.

Un dato que refleja su identidad, ligada a la cultura del trabajo, fue cómo introdujeron costumbres laborales que hasta entonces eran desconocidas en el país. “Fueron los primeros en cargar la mercadería al hombro y salir a las campañas, fueron los primeros en usar la libreta para los créditos y fueron los que llevando elementos de primera necesidad para la gente del campo, acercaban la civilización a quienes no conocían o no usaban elementos como los peines, el jabón, el talco, las colonias, la tela para sábanas, las puntillas, los botones, las toallas”, relata Mustafá Ale.

Además de su gran capacidad de trabajo y sacrificio, otra de las grandes cualidades de este pueblo, es su respeto por el lugar que habitan. Un dato más que simbólico , sobre su gran adaptación a la tierra que habitan, es que la mayoría de los sirio libaneses que se establecieron en las provincias de Santiago del Estero y Corrientes, aprendieron de forma voluntaria el idioma autóctono como el quichua y el guaraní, respectivamente.

“Los inmigrantes tuvieron hijos y a todos le enseñaron a querer y respetar la Argentina. Y a pesar que el amor por su tierra lejana les desgarraba el pecho, adoptaron este suelo para siempre. El respeto por su bandera azul y blanca, por el servicio militar, por el estudio que desde la escuela primaria fue libre y gratuito, haciendo hincapié en lo moral y social a lo cual se le daba mucha importancia, fueron premisas fundamentales en la educación del hijo de árabe. Aquí no encontraron tiranías, ni persecuciones políticas ni religiosas. Practicaron la fe que querían y vivieron de su trabajo“, destaca Mustafá Ale.

El amor por la Argentina también lo trasladaron a la ayuda al prójimo y a la solidaridad. No casualmente, son los inmigrante que más asociaciones benéficas, organizaciones e instituciones culturales fundaron en el país. En la actualidad, se estima que existen alrededor de 3.500.000 inmigrantes y descendientes sirio libaneses viviendo a lo largo y ancho del territorio nacional.

Cultura del trabajo, amor por la tierra que habitan y solidaridad, la identidad de una comunidad que abrazó a la Argentina.

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VP