La felicidad de los valientes

Su nombre es Tom Shakespeare y es uno de los sociólogos y escritores británicos más reconocidos en el mundo en el estudio de discapacidad, bioética y sociología médica. Su obra nace de la empatía y de la verdadera sabiduría que da la experiencia ya que Tom nació con enanismo.

Shakespeare le pregunta a todos los hombres y mujeres que no han nacido con una discapacidad la siguiente pregunta: ¿por qué a menudo la gente asume que estos individuos son infelices? ¿cuál es el preconcepto que las personas tienen de la discapacidad?

Y además, formula una inquietud tan incómoda, como real para ¿Usted alguna vez ha pensado que preferiría estar muerto que discapacitado? Esta no es una reflexión inusual. En la vida cotidiana la discapacidad está asociada con el fracaso, con la dependencia y con no ser capaz de llevar a cabo actividades, afirma el autor y define a este prejuicio social como la ¨Paradoja de la discapacidad¨.

Es decir, la sociedad el general cree que la gente con impedimentos no tiene una buena calidad de vida tan buena. La refutación a esta hipótesis es clara. Diversos estudios realizados por Shakespeare corroboraron que las personas con capacidades especiales incluso reúnen mayores índices de felicidad.

Los estudios muestran, por ejemplo, que los niveles generales de satisfacción con la vida, de la gente con lesiones de la médula espinal, no se ven afectados por su discapacidad física e incluso los detalles clínicos sobre si la lesión medular es superior o inferior, completa o incompleta -todos los aspectos que afectan el funcionamiento físico- no parecen hacer mucha diferencia.

Tom sabe de lo que habla, ya que no sólo ha nacido con enanismo sino que además en el año 2008 padece una parálisis. “Inmediatamente después de la aparición de una lesión o una enfermedad, uno puede sentirse profundamente deprimido e incluso se puede contemplar el suicidio. Sin embargo, después de un período de tiempo la gente se adapta a su nueva situación, reevalúa su actitud ante la discapacidad y comienza a sacar el mayor provecho de ella. A veces, se ven impulsados por obtener mayores logros que antes”, asegura.

La personas que padecen una discapacidad cuando asumen su situación ejercen la valentía y el coraje por ser felices en un grado mucho mayor a quienes no se encuentran atravesados por esta situación ya que se incorporan nuevos valores a la vida.

Uno de estos valores es la aceptación que nada tiene que ver con la resignación sino más bien todo lo contrario. “Aceptación es cuando alguien aprende a valorar otras cosas: decide que en lugar de salir a caminatas al campo con amigos, es mucho más importante ser capaz de ir a buenos restaurantes con ellos. Esto nos enseña una lección importante: los seres humanos son capaces de adaptarse a casi cualquier situación, encontrar la satisfacción en las pequeñas cosas que pueden lograr y obtener felicidad de sus relaciones con familia y amigos, incluso en ausencia de otros triunfos”.

Las personas sumen que tener una discapacidad es sinónimo de desgracia y fatalidad, pero hasta la misma ciencia ha demostrado que se adquieren conductas, actitudes, emociones y valores que incrementan los niveles de felicidad a partir de la construcción de una biografía con nuevos desafíos.

Aceptar a quien es diferente no debería ser la única condición para respetar a las personas con discapacidad, el lema debería ser acompañar y aprender de quienes tienen el verdadero secreto de la felicidad, Tom Shakespeare lo explica en primera persona: “Nacer es ser vulnerable, ser víctimas de la enfermedad y el sufrimiento, y eventualmente morir. En ocasiones, la parte de la vida que es difícil trae otros beneficios, como un sentido de perspectiva o de valoración que la gente que vive vidas más fáciles puede no llegar a tener. Si siempre recordamos esto quizás podríamos lograr una mayor aceptación de la discapacidad y tener menos prejuicios sobre la gente discapacitada”.

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Por Eugenia Plano