El balance de fin de año

Estos últimos días del año son protagonistas de autocríticas, análisis y proyecciones. Mentalmente se repasa aquella lista de proyectos y cuentas pendientes que había que cumplir durante el año que termina. El balance de fin de año, ¿es productivo? ¿Mito o realidad?

Lo que alcanzamos, lo que hubiéramos querido realizar; pero no pudimos o no quisimos, los frustraciones propias, las ajenas, las del país. El último respiro del año parece ahogarnos en autocríticas severas y recriminaciones interminables ¿Por qué en estas listas mentales que realizamos en los inicios de un ciclo nunca parecen satisfacer los resultados logrados trascurridos los 12 meses? Si, en la ecuación siempre salimos perdiendo, los balances de fin de año ¿son positivos?

Para la Lic. María Gabriela Fernández, el común denominador de las conclusiones de estos balances es su tendencia al pesimismo. "La vida real no es como en las películas donde en dos horas pasa de todo, sino que las cosas transcurren más lentamente de manera progresiva y a veces hasta desapercibida. Entonces sucede, que en los balances de fin de año se suele resaltar sólo lo negativo por sobre lo impactante y lo positivo. Los logros quedan al costado, no se ve con esa claridad ni contundencia".

La tradición cultural de realizar la autocrítica de fin de año parece indicar que el balance siempre está teñido de rojo y además, lo positivo se ve diluido en el marco de una sensación general de vértigo que imprime esta altura del año. Quizá éste no sea el mejor momento para una reflexión clara cuando el contextos es el siguiente: días intensos de cierres de balances en el trabajo, reuniones de evaluación, cierres de presupuestos para el ciclo próximo, presentación de informes, exámenes finales, miles de encuentros y eventos sociales a los que prometimos ir y además, el caos de las compras para las fiestas y, si éstas se realizan en su casa, cocinar y organizar los preparativos para el 24, 25, 30 o 31 de diciembre.

Y en el medio del stress que implica cumplir y no fracasar en todas estas obligaciones, el balance de fin de año.

El caos de diciembre parece acrecentar el malestar y la tensión. Así, lo observa la Lic. Gisela Holc: "En el consultorio la mayoría de los pacientes están agobiados tanto en lo psíquico como en lo corporal. Es muy frecuente que al cansancio se le sume la culpa y la autocrítica severa por lo que no se pudo alcanzar. Quizá la mejor forma de realizar un balance sea desde la idea de un nuevo comienzo y no de un final ineludible". Bajo esta perspectiva, recomienda focalizar en la realización de metas cortas y alcanzables y no en proyectos disparatados que luego serán protagonistas del balance negativo del próximo año.

"Nunca hay que olvidarse que un año termina para que empiece otro. La idea de renovación debería estar presente en esta época del año. Esta idea de re comienzo fusionada con la noción de continuidad, implica no tener esa sensación de incertidumbre de comenzar de nuevo. El año entrante no es una página en blanco, no hay que empezar de cero, se pueden producir cambios pero también afianzar logros en la continuidad del trabajo que se ha realizado bien en períodos anteriores. Sólo termina el calendario, los procesos continúan", destaca la Lic. Holc.

Apostar a un proyecto sensato y a objetivos claros, acordes con nuestra biografía y realidad circundante, parece ser una de las claves para proyectar y no fracasar en el intento. Cuando el calendario termina, la tradición cultural nos forja al clásico balance. Quizá, en estos últimos días de diciembre, en los que las sensaciones se encuentran en una contradicción entre la reflexión y el stress, deberíamos proyectar con mayor tranquilidad y conciencia.

Si los sueños y las esperanzas se encuentran con el esfuerzo y la perseverancia, no hay balance de fin de año que derrote la lucha por un proyecto.

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Redacción