Disciplina positiva: el arte de educar sin violencia

La disciplina positiva permite a los padres desarrollar un mejor vínculo y relación con sus hijos, crea confianza, fomenta el respeto en las relaciones y refuerza y anima a los niños a colaborar con lo que se les pide. Asimismo permite en los niños, el desarrollo de habilidades importantes para la vida como lo son las de capacidad, amor propio, poder e influencia en la propia vida, habilidades interpersonales, intrapersonales, sistémicas y capacidad de juicio

“Corrí a esconderme detrás de la puerta de mi closet porque mi padre se aproximaba con una correa en la mano. Había desordenado el cuarto de mis padres mientras jugaba en él y dejé todo tirado. Mi temor se incrementaba conforme los pasos se hacían más fuertes, mi cuerpo temblaba y lágrimas comenzaban a caer por mis ojos, ya podía sentir lo que venía”.

Así recordaba Lucía haber sido castigada por su padre de niña, ahora con 45 años de edad, es una mujer casada con dos hijos que sufre de baja autoestima, ansiedad e inseguridad y que optó por no repetir los mismos métodos que utilizó su padre con ella, no impuso límites a sus hijos los cuales crecieron sin normas claras, que los condujo al abuso de drogas y problemas con la autoridad.

¿Qué pudo haber hecho Lucía para poder disciplinar adecuadamente a sus hijos sin recurrir a la agresión física?

Este mismo cuestionamiento se lo hizo Jane Nelsen quien gracias a su experiencia como madre de 7 hijos y a su formación en psicología educacional desarrolló una nueva metodología para educar sin agresión: “La Disciplina Positiva”. En 1981, Nelsen basada en los trabajos de los psicólogos Adler y Dreikurs, publicó un libro llamado “Disciplina positiva”, en el cual reveló estrategias y herramientas para orientar a los padres acerca de cómo manejar de manera adecuada, la conducta de sus hijos y fomentó el desarrollo de habilidades significativas tanto en adultos como en niños para desempeñarse efectivamente en la sociedad. El libro fue un éxito en EE.UU. y actualmente se ha difundido a muchos países como Colombia, Canadá, México, entre otros en donde ya se aplica la metodología.

La disciplina positiva se basa en los siguientes principios:

  • La dignidad y el respeto: todas las personas incluyendo los niños merecen ser tratados con amor y respeto. Se puede ser firme y amable al mismo tiempo.Considera que los niños que se comportan mal están desanimados y necesitan de un estímulo positivo para mejorar su conducta.
  • Considera que la humillación y la vergüenza no son motivadores eficaces.
  • Busca identificar y modificar las creencias detrás del comportamiento inadecuado.
  • Permite a los niños explorar las consecuencias de sus decisiones y los involucra en las soluciones.
  • Fomenta a aprovechar los errores como oportunidades de aprendizaje.
  • Enseña a los niños habilidades interpersonales e intrapersonales como autodisciplina, autocontrol, autoevaluación, cooperación, comunicación asertiva y empatía hacia los demás.
  • Invita a los niños a percibirse como personas capaces con un propósito de vida. Anima el uso del poder personal y autonomía.

Por otro lado, los métodos agresivos antiguamente utilizados o los que hoy conocemos como disciplina punitiva son aquellos basados en la absurda creencia de que para conseguir que un niño haga mejor las cosas en el futuro, primero hay que hacer que se sienta peor consigo mismo. Dentro de estos tenemos: el insulto, humillación, agresión física, regaños y críticas. Este tipo de disciplina no tiene en cuenta el daño físico y emocional que sufre el niño por lo que su aplicación solo ocasionaría en él, baja autoestima, temor, inseguridad etc. A largo plazo la madre o el padre castigador se convierte en un modelo de conducta agresiva y el niño comienza a rechazar todo aquello que le enseñe, desarrollando sentimientos de hostilidad y culpa frente a él/ella.

En cambio, la disciplina positiva permite a los padres desarrollar un mejor vínculo y relación con sus hijos, crea confianza, fomenta el respeto en las relaciones y refuerza y anima a los niños a colaborar con lo que se les pide. Asimismo permite en los niños, el desarrollo de habilidades importantes para la vida como lo son las de capacidad, amor propio, poder e influencia en la propia vida, habilidades interpersonales, intrapersonales, sistémicas y capacidad de juicio.

“Mi sueño es que los niños sean tratados con mayor respeto y que aprendan las habilidades necesarias para crear paz y amor en sus vidas y en las relaciones” Jane Nelsen.

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Por Lorena Pastor, psicoterapeuta