Autómatas

Con el espíritu del libro «Historias con semilla que pueden cambiar al mundo», de Claudio Penso

Curiosamente los griegos decían que un autómata es algo o alguien con movimiento propio, espontáneo. Muchos siglos después se lo definió como una máquina que imita la figura y los movimientos de un ser animado.

En la prehistoria algunas estatuas de reyes y dioses tenían brazos mecánicos y a los ojos de los fieles simulaban tener vida, pero en realidad eran operados por los sacerdotes. La estatua de Osiris despedía fuego de sus ojos. Otro monumento en Etiopía emitía sonidos al ser iluminado por el sol. Estos efectos contundentes causaban temor, respeto, admiración a quienes los contemplaban.

Nabis, tirano de Esparta, utilizaba un sistema de castigo para todos los que incumplían el pago de impuestos: eran abrazados por una figura con forma de mujer, con clavos en los pechos y brazos.

Los autómatas fueron invenciones de los hombres para producir una impresión. Detrás del movimiento sostenido por la hidráulica, la gravedad y las palancas había un propósito: Manipular a través de la “espontaneidad”.

Luego de tantos siglos, muchos de los gestos en nuestros vínculos han sido reducidos a los de autómatas.

¿Son reales nuestros saludos, sonrisas, abrazos?

O son sólo un efecto de nuestra “cuidada espontaneidad”.

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Por Claudio Penso Consultores