Suecia utiliza aguas y grasa residuales para hacer funcionar sus autobuses

Para cumplir con el objetivo de reducción de emisión de gases de efecto invernadero, Suecia está migrando su paradigma energético para su red de autobuses, reemplazando a los combustibles y gas natural por biogas proveniente de la fermentación de aguas y "grasa de restaurantes".

La planta Henriksdal, en Suecia es una instalación con más de 20 km de galerías y vastos túneles tallados en la roca, donde sólo sobresale a la vista una gran chimenea. Allí en sus estanques y embalses, se produce el combustible para una gran parte de los autobuses de la ciudad de Estocolmo.

Durante 15-20 días, las aguas residuales de la ciudad, así como también la grasa sobrante de restaurantes, serán clasificados y separados en estanques, para que fermenten y se conviertan en biogás -ó biometano-. Luego, el biogas es inyectado directamente en los tanques de los autobuses. Más de 850.000 m3 se reciclan todos los años. En un comienzo, esta producción se destinó a las necesidades de calefacción. "A finales de la década de 1990 se le dio prioridad a la red de autobúses", explica Andreas Carlsson, ingeniero de la planta.

El 36% de su flota en esta ciudad funciona con biogás. "Es una gran inversión la que requiere una planta de biogás. Sin contar las tuberías que se necesitarán. Hay una gran infraestructura para construir", agregó Jean-Pierre Farandou, jefe de Keolis, el operador francés responsable de la operación de algunos de los autobuses en Estocolmo.

"El gas es un combustible fósil. Emite carbono, pero menos que los otros combustibles. Se puede migrar fácilmente a biogás, ya que se puede utilizar el mismo motor para el vehículo", dice Anne-Blandine Dassencourt, Subdirector de Medio Ambiente de Keolis.

Vía: Le Matin

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Fuente: Le Matin