«Pensar al aire libre, ligero como el caminante»

Frédéric Gros, filósofo, sostiene que la caminata es una ruptura frente al caos, el ruido del mundo y las tensiones y conversaciones internas. Además, explica aquí cómo la dinámica corporal se relaciona con una dinámica espiritual muy rica.

"Voy a cumplir el medio siglo: aún tengo mucho tiempo para caminar", dice Frédéric Gros, parisino, profesor de Pensamiento Político (Universidad París XII), "agnóstico y abierto a todas las religiones", según se define.

Ha aunado dos pasiones: la filosofía y las grandes caminatas, y el resultado ha sido "Andar, una filosofía" (editorial Taurus), ensayo que nos descubre cómo los grandes filósofos y pensadores se ponían a caminar para pensar y crear en libertad. Rousseau, Thoreau, Nietzsche o Gandhi aborrecían la ciudad y se desplazaban a lugares en los que la libertad podía respirarse a pleno pulmón.

Caminar, interpreta Gros, es una ruptura frente al caos, el ruido del mundo y las tensiones y conversaciones internas; es la construcción de una burbuja de aire. Andar tiene que ver con la espiritualidad, la rebeldía, pensar por uno mismo, la humildad, y ha sido el camino de grandes revoluciones

- Se escribe también con los pies?
- Nietzsche decía que, cuando lees un texto sobre filosofía, la pregunta que hay que formularle al autor es si sabe caminar.

- ¿Y eso?
- Significa que el que piensa tiene que hacerlo sin ser prisionero de su cultura, de sus libros, de sus referencias.

- Hay que alejarse del escritorio.
- Sí, porque los libros de aquellos autores prisioneros de sus paredes, atados a sus sillas, opinaba Nietzsche, son indigestos y pesados. Sus reflexiones nacen de la compilación de otros libros sobre la mesa. Para pensar libremente hay que hacerlo al aire libre, ligero, como el caminante.

- Caminar es más que un paréntesis...
- Para muchos autores salir a caminar es mucho más que una manera de relajarse, de descansar del trabajo intelectual; es mucho más que una simple pausa. Es el elemento mismo de su creación y la condición de su escritura. La relación entre el andar y la filosofía es muy fuerte y muy antigua.

- Nietzsche buscaba inspiración subiendo montañas.
- En ello subyace la idea de que pensar es ir a lo más alto, adoptar un punto de vista sobre las cosas que no es desapego ni desprecio, sino simplemente tomar altura para entender la inervación de las cosas.

- Perspectiva de águila.
- Andar es buscar la energía primigenia.

- ¿Usted también tiene la sensación de que en movimiento se piensa mejor?
- Creo, como apuntaron muchos pensadores -Nietzsche, Rousseau, incluso Montaigne,que se había construido su propio deambular-, que la dinámica corporal conlleva una dinámica espiritual muy rica.

- ¿Estar inactivos nos atonta?
- El pensamiento que resulta es mucho más estático. Sin embargo, cuando caminas la noción más destacada es la de disponibilidad (uno vuelve a estar disponible, sobre todo para sí mismo) y la libertad de pensamiento.

- ¿Qué significa eso?
- Que a uno le vienen las ideas precisamente porque no las busca, y son ideas ligeras y frágiles que conviene apuntar.

- Para caminar, nada mejor que la compañía de un buen amigo perro.
- La verdad es que andar con diez personas es como constituir una pequeña sociedad que se desplaza; volvemos a alimentar así el motor de la sociedad, lo que Rousseau llamaba el terrible motor de la comparación.

- ¿Si las botas del vecino son mejores?
- Sí, y con esos condicionantes sociales el caminar se pierde.

- ¿Caminar es hablar con uno mismo?
- A menudo, en la vida cotidiana, cuando uno trabaja tiene una relación tensa consigo mismo, que surge del hecho de que nos imponemos desafíos continuos.

- Andar es buscar la energía primigenia.
- Uno se encuentra en compañía de uno mismo pero de un modo mucho más tranquilo, y eso es lo que yo llamo el placer de reencontrarse con uno mismo.

- Antes ha asociado caminar a libertad.
- Creo que andar nos da la oportunidad de descubrir una libertad nueva. En nuestro mundo cotidiano, marcado por la tecnología, la libertad se entiende como la accesibilidad y la multiplicidad de elecciones.

- La libertad es hoy facilidad.
- Y está asociada esencialmente a la velocidad. El hombre moderno es el Homo connecticus, y caminar nos procura el placer de liberarnos de los imperativos de la velocidad y escapar a la idea misma de identidad.

- ¿A la tentación de ser alguien?
- Sí, de tener un nombre y una historia. Ser alguien nos sirve en las reuniones mundanas en las que nos dedicamos a hablar de nosotros mismos, obligándonos a ser fieles a ese retrato de nosotros mismos.

- Una pesadez, cierto.
- La libertad de cuando se camina es la de no ser nadie, un simple animal que avanza. Llega un punto en que uno no sabe cuánto tiempo pasó y siente que podría seguir así por días. No importa adónde vas, ni la hora que es ni quién eres: tu nombre, tu edad, tu profesión... todo pierde consistencia.

- Se parece a la felicidad.
- Sí, pero se aleja de esa felicidad que hoy predomina, la de la excitación. Tiene que ver con la alegría de la sencillez, del contemplar, la plenitud, la serenidad. No se trata de un trabajo de introspección, de construirse una identidad personal ni de plantearse la pregunta de quién soy, es más bien la construcción de una burbuja de aire.

- A usted ¿qué le ha dado caminar?
- El caminante es un rebelde que camina hacia sí mismo. Andar es un lugar para reinventarse, e intuyo que para aprender a desobedecerse a uno mismo.

- ¿Y qué significa eso?
- Debo andar mucho para poder responderle. Pero lo que quiero decir es que la sociedad nos presiona mucho para que seamos nosotros mismos; sin embargo, ser uno mismo no es algo muy interesante, es aburridísimo.

- ¿Hay que intentar ser otros?
- Sí, ser diferente, ser mejor, ese desafío lúdico que nos invita a crecer.

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Por Ima Sanchís / La Vanguardia