El cambio invisible que logra la convivencia con animales en los mayores
La convivencia con animales mejora la salud intestinal en adultos mayores y reduce los efectos del aislamiento, según científicos de Italia y Rusia.La convivencia con animales está ganando atención en el ámbito científico por sus efectos positivos más allá del bienestar emocional. Una investigación reciente realizada por equipos de Italia y Rusia reveló que las personas mayores que comparten su vida con perros o gatos presentan una microbiota intestinal más diversa, equilibrada y saludable.
Este hallazgo, publicado en la revista Aging Research Reviews, demuestra que la interacción diaria con mascotas podría proteger la salud intestinal de los adultos mayores. El estudio fue liderado por investigadores de la Universidad de Ferrara, la Universidad de Parma, el Instituto de Neurociencias del Consejo Nacional de Investigación (Italia), el Instituto de Biogerontología y el Centro de Inteligencia Artificial de la Universidad Lobachevsky (Rusia).
Qué fue lo que motivó el estudio
Los científicos partieron de una pregunta clave: ¿puede el aislamiento social modificar la composición bacteriana del intestino? A partir de esta hipótesis, recopilaron evidencia científica sobre lo que denominaron “microbioma social”, es decir, cómo el entorno humano y los vínculos afectivos pueden alterar el ecosistema de bacterias que vive dentro del intestino.
Los investigadores revisaron estudios previos realizados en distintos países que involucraban a personas mayores en situación de aislamiento, hogares con mascotas, pacientes internados, deportistas y niños nacidos durante la pandemia.
La revisión permitió comprobar que tanto el aislamiento objetivo como el aislamiento percibido tienen un impacto negativo directo sobre la diversidad bacteriana. En cambio, el contacto constante con personas o animales tiene un efecto protector que mejora la calidad del microbioma intestinal.
El intestino, reflejo de nuestros vínculos
Los resultados mostraron que la convivencia con animales favorece la aparición de bacterias beneficiosas en el intestino. Específicamente, las personas mayores que vivían con mascotas presentaban un microbioma más diverso y equilibrado que aquellas que vivían solas o con poco contacto social.
Según el estudio, la interacción constante con animales permite una mayor exposición a microorganismos del entorno. Esa variedad bacteriana enriquece el ecosistema intestinal y estimula una respuesta inmune más eficiente.
También se destacó que:
- Las bacterias beneficiosas ayudan a fortalecer la barrera intestinal.
- La convivencia con mascotas reduce la inflamación crónica.
- Mejora la sensibilidad a la insulina.
- Favorece el metabolismo general.
Estas bacterias no aparecen por casualidad. Están asociadas directamente con el estilo de vida y, en este caso, con la calidad de los vínculos afectivos.
Qué ocurre cuando hay aislamiento
El aislamiento social fue identificado como un factor de riesgo para la salud intestinal. Las personas que viven solas, o que experimentan una soledad percibida, tienden a tener una microbiota menos variada. Esa pérdida de diversidad se relaciona con una mayor inflamación, debilitamiento del sistema inmunológico y riesgo de enfermedades metabólicas.
En adultos mayores, esta situación es especialmente delicada. El envejecimiento ya implica una reducción natural en la variedad bacteriana. Si a eso se suma el aislamiento, el deterioro del microbioma puede acelerarse significativamente.
El estudio muestra que el aislamiento no solo afecta el ánimo, sino también el equilibrio biológico más profundo del cuerpo.
Cómo impacta la convivencia diaria con mascotas
El contacto constante con mascotas, especialmente perros y gatos, genera beneficios más allá del plano emocional. Acariciar al animal, compartir espacios, alimentarlo o pasear con él son acciones que promueven la interacción con microorganismos ambientales.
Este intercambio estimula el sistema inmunológico y favorece el crecimiento de bacterias saludables en el intestino. Además, tener una mascota crea rutinas diarias, fomenta la actividad física ligera y mejora el estado de ánimo, factores que también influyen positivamente en el funcionamiento intestinal.
Los investigadores señalaron que:
“La cohabitación con un perro se asoció con una mayor abundancia en la microbiota intestinal de bacterias conocidas por sus propiedades de mantenimiento de la función de barrera gastrointestinal, supresión de la respuesta inflamatoria y promoción de la sensibilidad a la insulina”.
Los vínculos humanos también cuentan
Además de la convivencia con animales, el estudio examinó cómo influyen las relaciones sociales en general. Se observó que las personas con una vida social activa —ya sea con familia, amistades o participación en actividades comunitarias— tenían una microbiota intestinal más saludable.
La evidencia sugiere que los humanos comparten bacterias con quienes conviven. Las parejas, los grupos familiares y hasta los cuidadores comparten microorganismos similares. Esta transferencia constante ayuda a mantener un ecosistema intestinal diverso.
Se concluye que el intestino también refleja la calidad y frecuencia de nuestras relaciones humanas. No se trata solo de evitar la soledad, sino de estar en contacto real, físico y emocional con otras personas.
Resultados clave del estudio
Entre los hallazgos más destacados de la revisión científica se encuentran:
- Las personas mayores que conviven con animales presentan un microbioma más equilibrado.
- El aislamiento, tanto físico como emocional, reduce la diversidad bacteriana.
- El vínculo humano-animal estimula la inmunidad intestinal.
- Una microbiota rica en especies saludables protege frente a enfermedades inflamatorias.
- El contacto social frecuente puede actuar como un modulador natural de la salud intestinal.
Estas conclusiones abren nuevas perspectivas en el cuidado integral de la salud en la tercera edad, especialmente en contextos donde la soledad se vuelve un factor de riesgo creciente.
Qué puede hacerse con esta información
Los investigadores proponen que los sistemas de salud incluyan estrategias de apoyo social como parte del cuidado preventivo en adultos mayores. También sugieren incentivar la convivencia con animales, siempre que las condiciones de salud física, mental y habitacional lo permitan.
Algunas recomendaciones concretas incluyen:
- Fomentar actividades grupales en centros de día.
- Promover la adopción responsable de mascotas.
- Facilitar visitas familiares o comunitarias frecuentes.
- Incorporar programas de terapia asistida con animales.
- Evaluar el aislamiento percibido como un indicador clínico.
Estas acciones podrían fortalecer la salud intestinal y general de las personas mayores, reduciendo el riesgo de enfermedades y mejorando la calidad de vida.
Más allá del intestino: bienestar integral
La convivencia con animales se confirma como una herramienta poderosa en la promoción del bienestar en adultos mayores. Su impacto no se limita al aspecto emocional. Ahora sabemos que influye también en procesos biológicos fundamentales, como el equilibrio del microbioma intestinal, la respuesta inmune y el control de la inflamación.
Además, fortalece el sentido de propósito, estructura la rutina diaria y combate el estrés, factores clave para un envejecimiento saludable.
Este enfoque integral refuerza la necesidad de ver al ser humano como un sistema interconectado, donde los vínculos afectivos, la salud emocional y la salud intestinal están profundamente relacionados.
La ciencia lo respalda: más compañía, más salud
El mensaje que deja esta investigación es claro: no se trata solo de qué comemos o qué medicamentos tomamos, sino también de con quién vivimos, cómo nos relacionamos y cuánto contacto real tenemos con otros seres vivos.
La convivencia con animales, lejos de ser un lujo o una elección sentimental, puede convertirse en una estrategia eficaz para preservar la salud intestinal y mejorar la calidad de vida en la vejez.
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