Médicos Sin Fronteras, una organización que mejora la vida

Son médicos, enfermeras y profesionales de la salud de todo el mundo que trabajan en equipo, fusionando y capitalizando sus capacidades humanas y científicas en pos de salvar la vida de niños, mujeres y hombres atravesados por las consecuencias de enfermedad, el hambre o la guerra.

En el mundo existen personas que hacen, personas que dicen y personas que callan y sólo se las conoce a través de la palabra de quienes han ayudado.

Este es el caso de Médicos Sin Fronteras, una organización humanitaria internacional de acción médica que cura, previene y asiste física y emocionalmente a las poblaciones mundiales con los más altos índices de insatisfacción de las necesidades básicas, a víctimas de catástrofes de origen natural o humano, de pandemias y epidemias y de conflictos armados.

Médicos sin Fronteras actúa en 70 países con más de 400 proyectos en marcha y 20 oficinas en los cinco continentes y son independientes de todo tipo de poder político o económico. Son médicos, enfermeras y profesionales de la salud de todo el mundo que trabajan en equipo, fusionando y capitalizando sus capacidades humanas y científicas en pos de salvar la vida de niños, mujeres y hombres atravesados por las consecuencias de enfermedad, el hambre o la guerra.

La metodología de trabajo es la unión entre el personal expatriado y un equipo local que interactúa en los 5 continentes de manera armónica e integrada. Los profesionales trascienden sus propias lenguas, culturas, religiones, razas o hábitos propios de su país y conforman un mismo objetivo, misión y visión: la solidaridad.

Su voluntad de mejorar la salud y la calidad de vida de las comunidades más precarias tuvo su merecido reconocimiento en 1999 cuando Médicos Sin Fronteras fue distinguido con el Premio Nobel de la Paz en honor a una trayectoria de más de 4 décadas en su acción médico-humanitaria.

En la actualidad, la organización envía unos 2.600 profesionales que colaboran con 29.000 trabajadores locales también contratados por la organización. Su acción no es espontánea o aleatoria, cada paso, cada ayuda es controlada desde su origen hasta su destino final y en el caso de producirse una emergencia sanitaria, el equipo de médicos y enfermeras llegan al terreno antes de las primeras 48 horas.
Médicos Sin Fronteras cuenta con la colaboración de 4,5 millones de socios en el mundo que con su aporte colaboran al financiamiento de las operaciones y además, permiten que la organización posea una total independencia de los Gobiernos de todos los países del mundo en los que opera.
Argentinos sin fronteras

Médicos sin Fronteras cuenta su historia como uno de los principales actores de cambio social y sanitario en el mundo, a través de cada uno de sus profesionales que han brindado su vida entera a un proyecto que salva vidas.
En el país, la organización no sólo cuenta con una sede, en la ciudad de Buenos Aires, que difunde su acción sino que también es uno de los principales centros mundiales de reclutamiento de profesionales y realización de campañas y medicina preventiva.
Actualmente hay unos 80 profesionales argentinos trabajando en misiones humanitarias en todo el mundo. Además, la organización actúa en el país asistiendo sus necesidades específicas. Por ejemplo, en el 2009 se llevó a cabo una campaña de concientización llamada "Chagas, es hora de romper el Silencio", con el fin de curar y prevenir una patología de gran incidencia en la Argentina y América Latina, donde se estima que hay entre ocho y 10 millones de personas infectadas.
Otra iniciativa en pleno desarrollo en el país es la "Campaña de Vacunación Contra el Olvido" con el fin de la llamar la atención sobre seis enfermedades olvidadas que provocan la muerte de 8.000 personas por día.

Entre los 80 profesionales argentinos que trabajan en las comunidades más precarias del mundo hay una historia de vida que refleja cómo la prioridad en su vocación médica y científica es curar las heridas de quienes más lo necesitan.

Lucas Molfino, coordinador médico en Mozambique

Nació en la ciudad de Rafaela, en la provincia de Santa Fé y en el 2006 decidió unirse a Médicos sin Fronteras. Desde entonces, trabajó en varios países africanos y durante el 2009 y 2010 fue convocado por el sudeste asiático para encabezar diversos proyectos, especialmente en Camboya.
En la actualidad coordina el trabajo de un equipo médico en Mozambique en la atención a pacientes con HIV/SIDA y Tuberculosis. Lucas, trasciende su propio talento y capacidad médica, es un ser humano que ha brindado su vida entera a mejorar la vida.
Sus palabras son la mejor forma de entender su misión: “A pesar de que vivimos en una sociedad que nos dice que el único parámetro de éxito es el económico, este tipo de experiencias te cambian las prioridades, las necesidades y hasta la escala de valores. Uno atraviesa períodos de impotencia, de rebeldía frente a tanta mediocridad que nos rodea y se alegra mucho cuando pequeños actos demuestran que hay otra realidad posible“.

Daniela Garone, médica infectóloga especialista en HIV

Trabaja en Khayelitsha, un asentamiento ubicado en las afueras de Ciudad del Cabo en donde se registran las tasas más altas de infección de HIV y tuberculosis en Sudáfrica y en el mundo.
Desde 1999, la médica argentina trabaja en este municipio siendo una de las principales impulsoras en la creación del primer programa de HIV en el sector público para la prevención de la transmisión materno-infantil del VIH/sida, y hoy más de 20.000 están recibiendo tratamiento.
Daniela nació en la ciudad de Buenos Aires y realizó su especialidad en infectología en el Hospital Muñiz. Desde agosto de 2010 es la Coordinadora médica del programa HIV - Tuberculosis en Khayelitsha, en dónde hace 14 años atrás la situación era de una enorme precariedad y desconocimiento a nivel social y sanitario. “El proyecto comenzó en tiempos en que el gobierno de Sudáfrica negaba la existencia de esa enfermedad en su país, y la mayoría de los pacientes morían antes de que supieran que estaban enfermos,” recuerda Daniela.
En la actualidad, gracias al arduo trabajo de Médicos Sin Fronteras, Khayelitsha tiene más de 20.000 pacientes con antirretrovirales (ARV) y la mortalidad, una vez comenzado el tratamiento, se redujo de 10% en 2002 a 2% en 2010.

Verónica Nicola, médica pediatra en Buenos Aires

Cursando su quinto año de año de medicina en la Universidad Nacional de Córdoba, asistió a una charla que Médicos Sin Fronteras dio en la institución, a través de una médica cordobesa que trabajaba en la organización. Las palabras de una profesional que dedicó su vida a prevenir y curar a los niños más necesitados del continente africano, le definió su objetivo, vocación y misión en su vida.
Daniela, se convirtió en pediatra y se desde entonces, sólo quiso recibirse para ayudar. Como miembro de Médicos Sin Fronteras fue una destacada profesional humanitaria en misiones realizadas en Irán, Afganistán, República Democrática del Congo, Zimbabue, Haití y Palestina.
En la actualidad trabaja en la Argentina y la riqueza de sus palabras refleja el sentido de una organización que cura el cuerpo y el alma: “Con Médicos Sin Fronteras he aprendido a apreciar y respetar la diversidad y a comunicarme con pares de las formas más inimaginables. He tenido que hacer procedimientos médicos que nunca antes había hecho y que gracias al coraje y la entrega del paciente le han salvado la vida. He aprendido a escuchar de otra forma, de esa forma en la que uno se siente parte de esa realidad, siente que lo que le pasa al otro no le es ajeno sino propio“.

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Por Eugenia Plano