Los desafíos de la felicidad en el siglo XXI

Las sociedades son las que crean y recrean valores que se plasman a nivel individual y colectivo y estos valores se reproducen en los ámbitos sociales, políticos, económicos y éticos conformando así un paradigma de la felicidad que define e identifica a cada época

La búsqueda de la felicidad es el deseo que une a todos los seres humanos. Pero el concepto y la definición de la felicidad no es absoluta u objetiva, sino que se encuentra atravesada por subjetividades propias de cada época, construyendo un paradigma del bienestar propio de cada contexto.
 
¿Cuáles son las variables que influyen en la construcción de un modelo de felicidad? Las mismas sociedades son las que crean y recrean valores que se plasman a nivel individual y colectivo y estos valores se reproducen en los ámbitos sociales, políticos, económicos y éticos conformando así un paradigma de la felicidad que define e identifica a cada época.
 
Mientras en los inicios del siglo XX la moral y la disciplina todavía eran algunos de los parámetros que delimitaban los usos y costumbres de la sociedad, el siglo XXI ha flexibilizado estos valores y ha incorporado otros como criterios dominantes.
 
Pero, ¿cuál es el nuevo modelo de felicidad? ¿Cuáles son los valores que predominan de manera consciente e inconsciente en la búsqueda del bienestar?
 
Luis Hornstein es médico, psiquiatra y psicoanalista y presidente de la Fundación para el Estudio del Psicoanálisis (FUNDEP) y con el fin descubrir y analizar los parámetros que definen a la felicidad actual realizó una investigación que dió como resultado el libro “Las encrucijadas actuales del psicoanálisis”.
 
El autor define a nuestro tiempo como la dictadura de la euforia. “La moral y la felicidad, que estaban reñidas, hoy son carne y uña. Lo moral, lo que está bien, es ser feliz. Hemos pasado de valorar el deber a valorar los placeres“, afirma Hornstein.
 
El individuo del siglo XXI intenta escapar o eludir al dolor y al sufrimiento e inclusive “sufre por no querer sufrir”, destaca el autor. Los altos parámetros que la sociedad impone para ser feliz conllevan a sentir la necesidad permanente de exhibir y demostrar la sensación de euforia y de esta manera, se anestesian las dificultades generando inevitablemente, diversas problemáticas que hoy atraviesan a la sociedad actual como las adicciones, que registran los números más altos en la historia de la humanidad.
 
“Algo falla en esta exigencia que necesita drogas diversas, anabólicos, bebidas energizantes. Los duelos masivos y traumas hacen zozobrar vínculos, identidades y proyectos personales y colectivos”, afirma el autor. Es decir, evitar el sufrimiento a través de anestesias no hace más que incrementar la infelicidad. Hornstein destaca que el sufrimiento es inherente a la vida, pero el hombre posmoderno atraviesa lo que él denomina el “sufrimiento paradójico” de no querer sufrir ni lo indispensable.
 
¿Por qué? El autor destaca que frente a la ruptura de las normas tradicionales, el individuo no cuenta con una guía moral única y absoluta. “Se le exige ser exitoso en diversos registros: físico, estético, sexual, psicológico, profesional, social, etc. En un mundo fascinado por el éxito, el rendimiento y la excelencia, hay tensiones fuertes entre las metas y los logros y ello implica sufrimientos diversos”, explica.
 
Es decir, hoy un amplio porcentaje de jóvenes y adultos recurren a anestesias de la vida cotidiana para evitar el sufrimiento. Enfrentar y atravesar las pequeñas o grandes dificultades, pérdidas, dolores o sufrimientos es un hecho fundamental no sólo para construir felicidad de manera genuina sino además para cimentar una vida adulta.
 
El autor, destaca que el escapismo que define al hombre actual se basa en sostener un estado “infantil” en el cuál sólo la satisfacción, el reconocimiento de los otros, la ausencia de límites y la evasión de responsabilidades son algunos de los parámetros que guían la conducta.
 
La felicidad se busca pero fundamentalmente se construye y para la materializarla existen obstáculos. Aceptarlos, reconocerlos y finalmente, resolverlos es una desafío que nos hace grandes.

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Por Eugenia Plano