Las abuelas tenían razón

Del sangrado de la nariz a los resfríos, sesudas investigaciones demuestran que aquellos remedios caseros que con tanto amor nos recetaban en casa tienen su lógica

Por Diego Golombek | LA NACION

Domingo 24 de marzo de 2013 | Publicado en edición impresa

Es conocido que las que más saben de ciencia y de medicina son las abuelas (y para comprobarlo, revisen el terapéutico libro Los remedios de la abuela, de Valeria Edelsztein). Pero a veces la misma ciencia tiene que ayudarlas un poco y ofrecer nuevas curas y tratamientos para el repertorio abuelístico.

Por ejemplo, a los conocidos tapones, vinagres, ortigas y demás remedios infalibles contra el sangrado de la nariz, un trabajo reciente publicado en una revista de Otología, Rinología y Laringología recomienda la aplicación de. ¡carne de cerdo salada! Al menos, afirman que las tiritas de carne detienen la hemorragia incontrolable. Ojo, que a veces incontrolable quiere decir exactamente eso, y en algunos casos puede hasta ser de riesgo para la vida. El tratamiento porcino es clásico, pero se puede complicar con bacterias, parásitos y otras porquerías, aunque a veces hay que recurrir a estas curas extremas.

Siguiendo con la nariz, tenerla tapada puede causar consecuencias de lo más inesperadas. Y tenerla medio tapada (o sea, sólo una narina) -sobre todo si es a voluntad, respirando por uno u otro orificio- puede ser un verdadero ejercicio de enyoguización. Cosa rara, pero el flujo de aire a través de la narina derecha o la izquierda activa áreas diferentes del cerebro, al menos según un trabajo nunca repetido (y tal vez nunca repetible) de la década del 90.

Y hablando de incurabilidades, ¿qué me dicen del hipo que no se va con nada? Pero con nada de nada, como el caso que recibió el Dr. Francis Fesmire: un señor llegó a la sala de emergencias de su hospital después de haber estado hipando durante 72 horas, unas 30 veces por minuto. Como buen médico, aplicó lo conocido: estimulación eléctrica del nervio vago, tirar de la lengua, presionar el globo ocular, sustos tremendos, siete sorbos de agua. pero nada. De pronto, el milagro: se calzó un guante y le propinó un masaje rectal al paciente. Funcionó: el señor se curó. Fesmire escribió el artículo Terminación del hipo incurable con masaje rectal digital -y luego, la fama y un premio IgNobel de por medio. Sin embargo, no contento con este gran aporte, para acabar con el hipo Fesmire ahora recomienda otro tipo de estimulación al nervio vago: un buen orgasmo. Si lo dice el médico.

Pero hay más fascinantes datos de la ciencia a lo loco y su relación con nuestro cuerpo. Sin ir más lejos, la esquiva naturaleza de la pelusa del ombligo. Su acumulación es típicamente masculina, lo que seguramente se relacione con la presencia de vello en la zona abdominal; estos pelitos se cargan con fibras de la ropa que se compactan en el ombligo. De hecho, cuando los Apolos se afeitan los pelos de la panza, la pelusa disminuye notablemente.

El doctor Georg Steinhauser, de la Universidad Tecnológica de Viena, registró 503 pedazos de pelusa de su propio ombligo, descubriendo que el peso promedio era de unos 1,82 mg y estaban compuestos de fibras, células muertas de la piel, grasa y polvo (ojo, que el récord lo tiene un tal Mr. Barker, de Australia, que ha estado recolectando su propia pelusa desde 1984). Además de la afeitada, otros remedios pueden ser usar ropa vieja, que se deshilacha menos. O incluso un piercing caza-pelusas.

Pero veamos ahora un consejo favorito de abuelas (y madres): no tomes frío. Claro que faltaba un estudio científico de, por ejemplo, el efecto de tener ropa interior mojada cuando hace mucho frío. Y sí, los nerds de la Universidad Técnica de Dinamarca lo hicieron. Agarraron ocho voluntarios (¿voluntarios?), les pusieron ropa interior mojada homogéneamente y varios sensores de temperatura por todo el cuerpo. Una vez en el frío, debían contestar un cuestionario sobre la situación vivida: si temblaban, tenían escalofríos, se sentían bien, transpiraban, estaban muy incómodos. Las conclusiones fueron inapelables: lo mojado se siente mojado y da frío.

En fin, lo obvio: las abuelas siempre tienen razón..

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