La ruta de los pioneros de la Patagonia

Un novedoso circuito histórico revive la gesta fundacional de los inmigrantes europeos en la Cordillera y relata el origen de los hoteles Llao Llao y Correntoso, a orillas del Nahuel Huapi.

Dijo el escritor Hermann Hesse: “Para que pueda surgir lo posible es preciso intentar una y otra vez lo imposible”. Esta frase viene a la mente al recorrer la ruta Patagonia de Pioneros, que busca una vuelta a las raíces de los primeros habitantes asentados en las inmediaciones del lago Nahuel Huapi, a principios del siglo XX. Es decir, propone el ejercicio de imaginar cómo era la misión imposible de aquellos hombres tercos y corajudos, que “inventaron el turismo” en unas tierras tan bellas como hostiles.

De eso se trata, en parte, este original viaje por las provincias de Río Negro y Neuquén: navegar en la antigua embarcación Modesta Victoria y disfrutar de la ubicación y los servicios de alta gama que ofrecen los hoteles icónicos Llao Llao y Correntoso, pero sin perder nunca de vista la historia del lugar.

La experiencia comienza en Llao Llao Hotel & Resort Golf Spa, a 25 km del Centro Cívico de Bariloche. El hotel se construyó en 1937, después de la llegada del ferrocarril, de la sanción de la Ley de Parques Nacionales y de la creación del Parque Nacional Nahuel Huapi. De esta forma, el sur cordillerano dejaba de ser un territorio postergado, para empezar a mostrarle al mundo sus potencialidades turísticas y sus maravillas naturales.

Para elegir el sitio más apropiado para un mega hotel de nivel internacional viajó hasta aquí un grupo integrado, entre otros, por el primer presidente de la Administración de Parques Nacionales, Exequiel Bustillo, su hermano y arquitecto Alejandro Bustillo, el marqués de Salamanca y Alberto del Solar Dorrego, experto en golf. No tardaron en enamorarse de la colina situada entre los lagos Nahuel Huapi y Moreno, rodeada de bosques de cipreses, coihues y arrayanes. La sabia decisión se sigue celebrando en la actualidad entre los huéspedes, al tener la fortuna de despertar y desayunar con los cerros López, Capilla y Tronador como telón de fondo.

Nace un gigante
En armonía con el entorno, en enero de 1938 quedó oficialmente inaugurado el gran Llao Llao. El edificio contaba con 132 habitaciones y departamentos de lujo, salón de té y juegos, galería comercial, restaurante para 500 personas, confitería, solario y hasta oficina postal, telégrafo, farmacia y una sucursal del Banco de la Nación. Sin embargo, en una madrugada de octubre de 1939, un incendio convirtió el sueño de madera en escombros y cenizas.

La voluntad de los integrantes de la Dirección de Parques Nacionales quedaría nuevamente demostrada luego de la catástrofe y el hotel fue reinaugurado a fines de 1940, reemplazando parte de la madera exterior por cemento.

El Llao Llao adquirió renombre y durante décadas atrajo a miembros ilustres del país y de todo el planeta. Pero ante la falta de inversión y el mantenimiento inadecuado, cerró las puertas después del invierno de 1978.

Luego de 15 años de receso, el hotel abrió por tercera vez en 1993, pero con un nuevo concepto, como “hotel & resort”. El establecimiento tiene un parque de 15 hectáreas integrado a su cancha de golf de 18 hoyos, marina, playa, solario, dos piscinas –cubierta y externa–, Health Club y Spa, Business Center y salas de lectura y de juegos para distintas edades. De las 205 habitaciones, 43 corresponden al Ala Moreno –inaugurada en 2007–, con balcón terraza y jacuzzi. El Ala Bustillo se encuentra en el edificio original del hotel –declarado Monumento Histórico–, y permite sentir que estamos alojados en un antiguo y suntuoso hotel de montaña.

Son tan amplios y cálidos los ambientes del Llao Llao que uno podría quedarse toda la estadía contemplando el paisaje y alternando entre los sillones del gigantesco lobby y la piscina in-out sin la menor culpa. Otro placer: tomar el té en el Jardín de Invierno, donde se destacan el piso y las paredes de piedra con muebles de ratán y mesas de hierro, mármol y granito.

Hay una gran variedad de excursiones y paseos para elegir, como el trekking que parte desde la Bahía López y culmina en lo alto de un cerro en el que sobrevuelan los cóndores y se disfruta de un brunch a base de ahumados, escabeche de ciervo, sopa de calabaza y cervezas artesanales de Bariloche. Mientras tanto, el guía señala el sendero por el que subían los monjes palotinos en 1940 y 1950, iluminando sus madrugadas con velas, hasta llegar al refugio.

Recién al día siguiente de la llegada, cuando el sol calienta con fuerza y el lago Nahuel Huapi parece estar más azul que nunca, uno logra respirar más profundo y más pausado, se despoja de preocupaciones que no valen la pena y agradece al cielo por el silencio.

Nuestro guía, Nahuel, nos cuenta que los mapuches no conocían los superlativos ni los adverbios y que repetían ciertas palabras para darles énfasis. Por ejemplo llao llao es un hongo comestible que significa “rico rico” o “dulce dulce”, si bien todos coinciden en que es bastante insípido. Empezamos a jugar con ese concepto y diremos “el masaje del spa te deja como nuevo nuevo”, cayendo en mil chistes obvios hasta el fin de la travesía. Sospechamos que la mayoría de los viajeros debe hacer lo mismo.

Todos a navegar
El programa Patagonia de Pioneros le hace honor a la época en la que los hoteles Llao Llao y Correntoso compartían una clientela muy selecta, que alternaba entre ambos lugares. En general, eran pasajeros en busca de tranquilidad, descanso y buena pesca.

Por eso, el siguiente paso es subir a la embarcación Modesta Victoria y zarpar desde Puerto Pañuelo con rumbo al Bosque de Arrayanes. Con capacidad para 300 personas, la motonave fue construida en Amsterdam en 1937 y transportada a Bariloche en barco y tren totalmente desarmada. Los aficionados a las naves históricas seguramente amarán el recorrido de 20 millas náuticas, atravesando el Nahuel Huapi (tiene más de 557 kilómetros cuadrados y siete brazos) hasta el Parque Nacional Los Arrayanes, en Neuquén.

El hecho de viajar al margen de las excursiones masivas permite escuchar, por primera vez, el crujido de los árboles anaranjados y caminar a paso de hombre tranquilo. También se pueden tomar cientos de fotos en soledad.

El viaje continúa a bordo de una lancha privada, que nos deja en Puerto Correntoso. En las aguas rápidas se ve medio pescador, porque tiene el cuerpo sumergido hasta la cintura. Hoy como antaño, desde noviembre hasta después de Semana Santa es temporada de pesca deportiva de truchas.

Donde comenzó todo
“Bienvenidos a Correntoso Lake & River Hotel”. Así nos saludan al llegar al rincón emblemático de Villa La Angostura, junto al puente viejo que cruza sobre el río más corto del mundo: con 132 metros de extensión, el Correntoso nace en el lago del mismo nombre y desemboca en el Nahuel Huapi.

La historia del hotel –que ofrece fly fishing, kayak, cabalgatas, trekking y mountain bike, entre otras actividades– se remonta a 1917.

Todo comenzó cuando abrió sus puertas la hostería conocida popularmente como “La Pensión de doña Rosa”, con tres habitaciones y un baño. A metros del aserradero y atendido por la inmigrante alemana Rosa Maier, el hospedaje no tenía un cartel que lo anunciara: quienes tomaban el difícil camino a Chile conocían la parada, donde recuperaban fuerzas en las noches heladas. Además, Rosa y su esposo, el italiano Primo Modesto Capraro, tenían un almacén de ramos generales y los pobladores se acercaban para recurrir al trueque. El negocio prosperaba y Primo Capraro decidió realizar mejoras y ampliaciones, por lo que en enero de 1922 nacía allí el Hotel Correntoso.

Estaba construido con ciprés y tenía cinco habitaciones, dos baños y un comedor con capacidad para 30 personas, que incluía la vista a la boca del río. Dos años más tarde llegaba el primer grupo de turistas. Eran grupos de clase social alta que hacían siete trasbordos para llegar en ferrocarril, balsa y automóvil.

Con llamativa capacidad visionaria, en 1929 se amplió más el hotel y comenzó a ofrecer excursiones con los vapores Cóndor y Nahuel Huapi II, llamado por todos “Cachirulo”. De 1926 a 1935, el Correntoso fue atendido por la familia Maier, que compró dos hectáreas sobre la costa del lago Espejo.

Sin embargo, como consecuencia de la Gran Depresión mundial de 1929 y angustiado por sus deudas, Primo Capraro se suicidó y la historia del emprendimiento hotelero fue continuada por su hijo Francisco y, sobre todo, de su esposa Emma Aguad. Ella controlaba las habitaciones, la cocina y el lavadero, mientras Francisco atendía la parte social y las excursiones.

Otro punto fuerte era la variedad de platos que ofrecían, ya que el tiempo mínimo de estadía de los turistas era de 20 a 30 días. El hotel tenía piano de cola y los huéspedes podían volar en hidroavión para observar la belleza de la región.

En 1948, el hotel fue ampliado nuevamente y la novedad fueron las habitaciones con baño privado y calefacción central, en momentos en que Villa La Angostura apenas contaba con poco más de 500 habitantes. Si por entonces el hotel era confortable ¿cómo describirlo en la actualidad? Habitaciones amplias con jacuzzi orientadas hacia el lago y las montañas, excelente gastronomía y un spa que cuenta con saunas y una piscina in-out climatizada inolvidable. Mejor que contarlo es vivirlo.

Los días vuelan y el viaje termina, dejando una dulce sensación y algunos ejemplos de perseverancia. Porque no fueron épocas fáciles para aquellos pioneros. Debieron superar las duras condiciones climáticas y la falta de elementos mínimos de confort, con el agravante de vivir aislados y sin siquiera luz eléctrica. Como contrapartida, ya escribía en su diario Primo Capraro hacia fines de 1903: “No sé si otro habrá notado que aquí en la Patagonia el cielo está más poblado de estrellas (...) De noche, parece que subiendo a cualquier cerro se alcanzarían los astros con la mano, y he comprobado más de una vez, al despertar a las dos o tres de la mañana, que estaba pleno de descanso y lleno de bienestar, al punto de no reconocerme mortal”.

MINIGUIA

Cómo llegar
LAN tiene hasta 4 vuelos diarios de Bs. As. a Bariloche; ida y vuelta con imp., desde $ 2.665 (www.lan.com).

Cuánto cuesta
El programa Patagonia de Pioneros de 6 días/5 noches en Bariloche y Villa La Angostura incluye traslados, alojamiento, desayuno y actividades en el Llao Llao (green fee liberado, clase de arquería, canoas, bike tour, hidrogym, yoga, piscinas y sauna), excursiones opcionales, nave Modesta Victoria, visita al Bosque de Arrayanes, alojamiento y desayuno en hotel Correntoso, Herbal Hamman & Spa, piscina y opcionales (Fly fishing, kayaking, navegación en el lago, trekking, cabalgatas y mountain bike). Cuesta desde US$ 2.039 por persona en base doble (pago en pesos al cambio oficial) hasta el 4 de marzo y del 1 al 5 de abril. Hay programas con media pensión, pensión completa, descuentos para familias y opcional de dos noches más en Hostería Isla Victoria Lodge.

Dónde informarse
www.patagoniadepioneros.com
www.dannemann.com.ar
www.turisur.com.ar
www.llaollao.com
www.correntoso.com

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Por Diana Pazos / www.todoviajes.com