La generación «ni ni»

El rol de los adultos en un fenómeno juvenil de alcance mundial.

Tienen entre 17 y 30 años y no trabajan, ni estudian. Tampoco buscan empleo o intentan continuar sus estudios secundarios o comenzar una carrera terciaria o universitaria.

El concepto que los definió como “generación ni ni” surgió en España, cuándo el Instituto Nacional de Estadística informó que en el país había unos 700 mil jóvenes que no estudiaba, ni trabajan por elección propia.

La generación ni ni, excluye la educación y el trabajo, no por ausencia de condiciones materiales, educativas o culturales sino que son otras las variables en juego en sus elecciones o más bien en su posición, de no elegir el ingreso al mundo adulto.

En este sentido, cabe el interrogante sobre cuál es el contexto en el cuál esta generación hoy se encuentra signada por la desmotivación laboral y educativa.

La Dra. Graciela Moreschi, autora de “Adolescentes eternos” contextualiza el surgimiento de la generación ni ni: “La diferencia con la antigua familia extensa que existió hasta mediados del siglo XX es que, en aquellas había una cabeza que imponía las reglas, y la prole, sin importar la edad que tuvieran, las aceptaban, mientras que hoy, no se reconocen jerarquías. Los padres del siglo XXI intentaron que en sus hogares hubiera democracia, por temor a ser autoritarios se abstuvieron de poner límites, y apostaron al diálogo. Hoy muchos jóvenes se sienten superados, invadidos y confundidos respecto a lo que pueden y deben hacer“.

Por su parte, el doctor británico William Galston realizó un estudio específico sobre el tema y determinó los nuevos objetivos generacionales. “Pueden tener pareja o no tenerla pero no piensan en formar una familia. Pueden tener como objetivo ganar su propio salario, pero rotan de trabajo en trabajo o cambian de carrera universitaria sin una profesión definida ¿Hay nuevos objetivos generacionales? No. Los tres objetivos fundamentales de la edad adulta son conseguir la estabilidad laboral, encontrar una pareja, y tener hijos pero, en los últimos años hubo una postergación masiva de esos tres compromisos”.

La Dra. Moreschi además señala que el rol de los padres con respecto a la crianza de estos jóvenes, aportó a la confusión y a la ausencia de modelos claros sobre el sentido y significado que implica ejercer la adultez. “La generación de los padres de estos jóvenes -define Moreschi- rompió con los valores tradicionales pero a la vez se quedó sin referentes”.Es decir, no se resignificaron los valores o establecieron nuevos métodos para fijar límites, sino que ambos parámetros quedaron librados al azar.

Valores, límites y realizar los máximos esfuerzos para predicar con el único nivel de coherencia que resulta legítimo: el ejemplo; son las claves para motivar, incentivar y preparar a los jóvenes al ingreso a la vida adulta.

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