En los rincones del alma es donde habita la esperanza

Hoy más que nunca, el mundo necesita encontrar y liberar a la Esperanza de ese olvido en que la tiene encadenada.

En los rincones del alma, dicen que se esconde la esperanza. Esos rincones que tal vez sean como un desierto solitario con sus dunas planas y rayadas por el viento. Tal vez como un océano de oleajes serenos y brillantes. Es posible que se asemeje como el cielo con sus nubes blancas bajo el azul celeste del firmamento. A lo mejor es como la tundra fría y cubierta de líquenes y musgos. O quizás como la selva donde los árboles emergen obscureciendo sus fértiles tierras. Puede parecerse más al viento con sus ráfagas inciertas e invisibles que no saben a donde llegarán.

El alma puede semejarse a una cárcel donde esa esperanza se encuentre sin posibilidad de obtener su libertad. O a esa caja de Pandora donde quedó atrapada la Esperanza como un ave que canta su soledad y su tragedia sin que haya alguien misericordioso que la deje en libertad. Es posible que sea esa entelequia que pensó Aristóteles donde cada ser pueda poseer el don de la perfección.

Hoy más que nunca, el mundo necesita encontrar y liberar a la Esperanza de ese olvido en que la tiene encadenada. Hoy más que nunca es necesario dejarla en libertad para que vuele por el espacio derramando su luz delante del camino. Y no como decía Tagore: “Proyectan su sombra frente a ellos, solo los que llevan la luz en sus espaldas”.

El entusiasmo que evidencian los que han podido encontrar la luz de la Esperanza, se aprecian claros, transparentes. Su luminiscencia los lleva a encontrar visiones llenas de esplendor. No son egoístas y convidan de esa luz a los que carecen de ella. Son los guerreros de la paz y de la concordia. Enseñan, muestran, derraman. Sus armas son la palabra, la verdad, el bien y la belleza. No destruyen y en cambio construyen. No matan y por el contrario reviven. No maldicen sino bendicen. Hacen mucha falta en estos tiempos seres así. Seres que enarbolen sus pancartas pidiendo al mundo cordura y sabiedad. Hombres y mujeres inundados de Esperanza y con sus almas libres de miedos, de desánimo y frustración.

Las más infernales llamas se apagan con tan solo una escasa lluvia de Esperanza.

Las más devastadoras tormentas de disipan con un rayo de Esperanza.

Los más devastadores terremotos se aquietan con solo un leve movimiento de Esperanza.

Los fríos más inclementes se deshielan con tan solo el calor que genera la Esperanza.

Espérame Esperanza. Voy detrás de ti siguiéndote los pasos. No esperes que me aparte del camino, ¡Esperanza! Porque no espero lo esperado y sin embargo tengo Esperanza en lo que espero. Llena con tu luz a los que desesperados esperan.

A los que buscan sin encontrar lo que anhelan. A los que se han perdido entre las cárceles de su alma y sin posibilidad de encontrar la fuerza que contiene ¡LA ESPERANZA!

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Gentileza, Dr. Francisco Cifuentes Dávila