El talento no es patrimonio de los jefes

Un director de una multinacional española me confesó un día: “No sé si las personas seleccionadas para los programas de gestión del talento son siempre los mejores, ya que tienen la posibilidad de cambiar de puesto y a muchos jefes no les interesa perderlos”. ¿Le resulta conocido?

Dicho comentario pone de manifiesto un mal endémico en las organizaciones: Se piensa que los profesionales pertenecen al jefe y no a las empresas.

De ese modo, se tapa el talento, se contrata personas que puedan no hacer sombra o, peor aún, no se les da visibilidad.

En pleno auge de la economía mundial y de la gestión del talento, hace más de diez años, McKinsey dijo que solo el 16 por ciento de las organizaciones sabían quiénes eran los profesionales de mayor rendimiento y apenas el 3 por ciento se consideraban capaces de desarrollar eficazmente el talento de sus profesionales. La misma pregunta formulada a más de doscientas empresas en España cinco años después aportó el dato de que sólo un tercio reconocían tener “identificadas las personas y los equipos con resultados superiores” y contar con “políticas específicas de detección y desarrollo del potencial”.

Ahora bien, el problema no reside solo en que los departamentos de Recursos Humanos, sino en los propios jefes.

Todos sabemos que tenemos que alcanzar resultados y que nos interesa contar con los mejores profesionales en nuestros equipos, pero no podemos entenderlos desde un concepto patrimonialista.

Si gestionamos de ese modo, hay tres perjudicados a medio plazo: Primero, el profesonal porque acaba desmotivándose; segundo, el propio jefe, que contará con una persona menos implicada; y, tercero, la propia compañía, que a la larga podrá perder un recurso muy valioso.

El talento necesita visibilidad para poder interaccionar, conocer nuevas oportunidades dentro de la empresa y con el entorno. Eso significa que el jefe ha de confiar y asumir el riesgo de una posible “tentación” desde otro departamento.

Gestionar eficazmente supone escoger a los mejores, sin miedo a que puedan hacer sombra incluso al propio jefe. Y lo que es más importante, liderar implica también tener una visión más estratégica de la empresa y generosidad con los colaboradores, para ayudarles a que se conviertan en la mejor expresión de ellos mismos.

Así pues, si queremos afrontar con éxito esta época tan desafiante, deberíamos aprovechar hasta el último gramo de talento que tenemos, lo que significa poner en marcha mecanismos de visibilidad para que no sean solo los jefes quienes digan quién tiene talento… además de desarrollar en los jefes con dichas tendencias unas capacidades de liderazgo más alineadas con las estrategias de la empresa.

Publicado en Expansión.com 03-05-2013

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