El impacto de las redes sociales en la salud mental

En los últimos años, varios estudios han arrojado que las redes sociales son perjudiciales para la salud mental, en especial entre los jóvenes.

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Las redes sociales ofrecen múltiples ventajas, ya que son muy útiles para conectar con nuestros amigos y familiares y con personas que comparten nuestros mismos intereses. Sin embargo, corremos el peligro también de acabar comparando nuestras vidas con las imágenes idílicas que publican otras personas.

En los últimos años, varios estudios han arrojado que las redes sociales son perjudiciales para la salud mental, en especial entre los jóvenes. Uno de estos estudios concluyó que el uso de Facebook e Instagram está relacionado con la depresión y la soledad, mientras que otro mostró que la gente que pasa más tiempo en las redes sociales corre un mayor riesgo de sufrir depresión.

En este artículo analizaremos qué provoca todo esto.

El efecto casino

En su libro The Chaos Machine, el periodista Max Fisher explica que las principales redes sociales están diseñadas para maximizar la participación de los usuarios. Ello significa que muchas de ellas emplean técnicas similares a las usadas por los casinos online y las casas de apuestas para enganchar a la gente.

Lo primero es atraer a nuevos usuarios. Plataformas como Facebook e Instagram usan un método más sutil: la verificación social. El hecho de que la mayoría de la gente tenga una cuenta en las redes sociales excluye a las personas que no las usan. Al final, estas personas acaban abriendo una cuenta y, una vez dentro, las plataformas usan trucos psicológicos que Fisher denomina el «efecto casino».

Cada acción es recompensada con un sonido agradable, como cuando hacemos clic en el botón de giro de una tragaperras online. El feed de cada persona es un flujo de contenidos constante repleto de información e imágenes personalizadas según sus gustos. Incluso el diseño de las plataformas está pensado para ofrecer una sensación de bienestar a los usuarios.

Todo ello contribuye a segregar dopamina: el sentimiento de euforia que la mente nos regala cuando hacemos algo que nos gusta. Cuanta más dopamina segreguemos, más probable es que repitamos una acción para conseguirla, algo que se conoce como efecto Pavlov, que nos lleva a aumentar (a menudo de forma inconsciente) las acciones a las que se refiere Fisher.

La gente con tendencia a buscar pequeños chutes de adrenalina es más propensa a usar las redes sociales de forma compulsiva, lo que crea una dependencia que incluye los efectos negativos de cualquier adicción.

Reconocimiento social

Hoy más que nunca, parece que todo el mundo cuelga fotos de sus vacaciones o de su nuevo coche, lo cual tiene un efecto doble.

En primer lugar, hace que la gente que no publica nada sienta que se está perdiendo algo. Esto, en términos psicológicos, es algo muy potente. El ser humano siente una necesidad innata de pertenecer a un grupo, y las redes sociales lo acentúan con el uso de comunidades y grupos online, como los que ofrecen Facebook y Reddit. Las personas que están fuera se sienten obligadas a participar para no sentirse excluidas, un fenómeno que se refleja en el aumento exponencial de usuarios que han experimentado las redes sociales desde sus inicios.

En segundo lugar, la gente que publica recibe una especie de reconocimiento social en forma de likes, retuits o cualquier otra forma de apoyo. Aunque no parezca mucho, este reconocimiento tiene un gran atractivo para la mente humana. El psicólogo Mark Leary habló de un «sociómetro» incorporado que influye en la autoestima. Mientras que en el pasado aumentábamos la puntuación del sociómetro participando en actividades sociales como practicar deporte o compartir momentos en un bar, en la era de las redes sociales esto se consigue con los likes que recibimos.

El problema es que los likes están sujetos a un algoritmo: tus seguidores ven lo que la plataforma quiere que vean, lo cual puede dejar fuera una publicación tuya. Aunque una caída en el número de likes puede deberse a factores que escapan de nuestro control, el efecto psicológico que tiene en la gente que depende de este reconocimiento para aumentar su autoestima puede resultar catastrófico.

Menor capacidad de atención y de memoria

¿Alguna vez te has sentido abrumado por la cantidad de publicaciones que te ofrecen las redes sociales? Ello se debe a que nuestros feeds nos animan a consumir contenidos, mostrándonos vídeos, fotos y memes de todo tipo y evitando los contenidos de texto.

Aunque esta sobrecarga de información puede entretenernos durante un rato, los expertos afirman que tiene efectos muy perjudiciales. El primero de ellos tiene que ver con nuestra capacidad de atención: debido a la gran cantidad de contenidos online, podemos descartar cualquier publicación que no nos guste y pasar a la siguiente, sin que resulte necesario ser paciente ni prestar atención, ya que tenemos el control absoluto de nuestro ocio.

Sin embargo, si no usamos la capacidad de atención, tendemos a perderla. Múltiples estudios han demostrado que, entre 2000 y 2015, el periodo de atención medio ha caído de 12 a 8 segundos a causa del estilo de vida digitalizado que llevamos. De hecho, los científicos creen que tenemos un periodo de atención más corto que un pez dorado, ya que estos pueden concentrarse en un objeto durante nueve segundos.

Otro efecto negativo, y quizá más preocupante, del uso de estas nuevas tecnologías es la pérdida de memoria. Lo cierto es que ahora ya casi no tenemos que recordar nada: los buscadores de internet nos ofrecen siempre las respuestas que necesitamos, la agenda del móvil se encarga de memorizar los números de teléfono por nosotros y las notificaciones nos recuerdan las citas importantes que tenemos. Y, como ocurre con la capacidad de atención, la memoria empeora si no la usamos.

La reducción de la capacidad de atención y de la memoria está relacionada además con un aumento de la irritabilidad, lo que, a su vez, provoca ira y depresión. Si no hacemos nada para evitarlo, nuestra salud emocional resulta gravemente perjudicada.

Sin embargo, no todo está perdido: la era digital está mejorando también el acceso a materiales de autoayuda que nos ofrecen las herramientas para tratar el impacto psicológico negativo de las redes sociales. Si somos conscientes de las ventajas y los inconvenientes que plantean las redes sociales, seremos capaces de usarlas bien y tendremos más control sobre sus efectos.

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