Dejar que te alcance

¿Y si en lugar de perseguir la felicidad nos quedáramos quietos para que ella nos alcance?

por Sergio Sinay

“¿Y si en lugar de perseguir la felicidad nos quedáramos quietos para que ella nos alcance?”, pregunta el filósofo alemán Peter Sloterdijk. Buena pregunta para estos días, en los que la palabra felicidad habitará en nuestras frases y deseos hasta saturarlos.

Corremos detrás de la felicidad, ¿pero qué dejamos atrás mientras nos lanzamos en esa búsqueda compulsiva? A veces nuestros vínculos, a veces nuestros espacios interiores, a veces nuestros mejores sueños.

Creemos que la felicidad es una presa y que, una vez cazada, podremos colgar su osamenta, como un trofeo, en nuestras paredes.

Creemos que tendrá forma de auto nuevo, de casa nueva, de flamante celular, de computadora poderosa, de nueva pareja, de sexo a discreción.

Creemos que tendrá forma de Disneyworld o de Miami, de joya, de reloj de colección, de champán caro, de colección Armani. Y continuamos en la carrera, y cuando creemos haberla atrapado abrimos nuestras manos y no hay nada o sólo hay un efímero placer, que pronto se esfuma y pide más.

No hay presa, sólo plumas. Es que la felicidad no es un fin ni una presa. Inútil correr, entonces.

La felicidad es la consecuencia de una manera de vivir, es lo que nos deja una vida con sentido, con empatía, con propósitos y horizontes que vayan más allá de nuestro ombligo.

La felicidad es lo que nos alcanza cuando vivimos de modo que mejoramos un poco el mundo. Y para eso no sirve correr, hay que estar.

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Por Sergio Sinay | www.sergiosinay.com