Cómo atraer relaciones saudables a tu vida

Si buscamos superar la soledad con desesperación, sólo sentiremos más soledad; una vida interior plena y saludable atraerá relaciones felices

Cuando uno no quiere estar solo, busca estar acompañado sea como sea. Sin embargo, cuando nos relacionamos con alguien desde la carencia, no nos va nada bien. Creemos que esa persona va a llenar el vacío interior, y sucede todo lo contrario, como no se trata de un amor genuino, se termina. Cuando la mente está vibrando bajo, capta a las personas que se encuentran en la misma sintonía. Entonces nos damos cuenta de que es una ilusión la idea de que el otro va a hacernos salir de la negrura existencial.

En una relación verdadera, las personas se unen de una forma positiva en la que ambos piensan en dar, en embellecer la vida del otro sin esperar algo a cambio. Siempre que dos seres se encuentran, se crea un mundo nuevo. Sólo cuando el amor crece, va más allá de la biología y empieza a tener un sentido espiritual profundo. Lo que se llama, metafóricamente, la unión de dos almas. Una relación de uno a uno sostenida en el tiempo y en la que hay genuina comprensión, beneficia al crecimiento de ambos: se recuerdan mutuamente su verdad, cuando el mundo se las hace olvidar durante un rato, se ayudan a salir de cualquier amnesia transitoria. La garantía de que el amor perdure en una relación es un compromiso desde el corazón, una comunión silenciosa con el otro.

Cuando sentís que se detiene el tiempo y el día a día se hace adorable, entonces estás en una relación de amor. Cuando te ves a vos mismo en el otro, esa es una verdadera relación de amor. Hay que dejar de ser la víctima que constantemente culpa al mundo exterior de su soledad. Es mejor ser el protagonista de la película, el héroe de tu historia de amor y dejar de ser actor secundario y triste de la película ajena. Basta de insistir con "lo que hizo y lo que no me hizo", o "lo que pudo haber sido y finalmente no fue". De esa manera, tu mente te hace vivir pendiente de lo que los demás decidan. Hay dos formas de soledad: la del aislamiento, con su desamparo, tristeza, la separación de todo y de todos.

En este tipo de soledad, sentimos que el mundo es culpable de lo que nos pasa. No nos hacemos cargo de ser nuestra mejor compañía, porque no nos amamos. Esperamos que los demás nos amen, pero nunca pensamos en dar. La soledad madura es la que no depende de nada ni de nadie. Es el tipo de soledad que se siente bien en nuestro interior, porque no la consideramos como aislamiento sino como un estado interno de plenitud. Estamos solos, pero no nos sentimos solos. Experimentamos una calidez interior que nos hace estar bien estando con gente o estando solos.

¿Cómo llegamos a experimentar este tipo de soledad? Cuando sabemos quiénes somos y nos amamos y valoramos tanto que ya no dependemos de nada exterior para sentirnos bien. Es un trabajo que, por más que intentemos evadirlo o postergarlo, vamos a tener que hacer en algún momento si no queremos depender siempre de algo externo para sentirnos bien. Tenemos que reconciliarnos con nosotros mismos, convertirnos en nuestros mejores amigos. Sólo una persona que sabe estar divinamente bien sola, puede estar divinamente bien acompañada.

¿Estás siendo el dueño de tu vida o seguís dependiendo de las llaves ajenas? Cada vez que vos ruegues, "¡que me amen por favor!", es porque no te estás amando. O cuando digas, "que alguien aparezca en mi vida", es que vos no apareciste en tu vida. Vas a tener que reconocerte y recordarte como el ser de luz de vuelo infinito que sos y que siempre has sido. Todo lo que siempre creíste que eras hasta ahora, eso es lo que no sos y todo lo que no te atreviste a soñar que eras, eso es lo que siempre fuiste. Es hora de vivir. Naciste para ser feliz. Es hora de que te des cuenta. Recordá que vos sos siempre tu mejor compañía.

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Por Claudio María Dominguez