Chaimar Mojica: “Un periodista resiliente guarda sus lágrimas para cuando la entrevista ha terminado”

El pasado 27 de junio se celebró en Venezuela el día del periodista; país que no se escapará del reinventarse en el teletrabajo como medida preventiva de la pandemia COVID-19, pero que además vive una crisis humanitaria compleja. Sin embargo, sus periodistas continúan siendo resilientes; y en este sentido, nuestra redactora venezolana Chaimar Mojica, nos cuenta parte de su historia, desde su país de origen, en el cual se formó y ejerce como periodista.


Por Chaimar Mojica
@chainathy
:: Venezuela ::

Vamos tras la historia, pero qué hay de la nuestra.

El periodismo estaba en mi subconsciente, pero no en mis planes. De hecho no presenté una prueba de admisión.

La Oficina de Planificación del Sector Universitario – OPSU-, me daba la noticia a mis 16, de haber sido asignada a una carrera muy diferente a la de comunicación social, en una universidad lejos de casa. Asumí el reto y comencé el curso introductorio.

Cuando volví a casa para navidad, el Niño Jesús me daba el regalo de una plaza en la Universidad de Los Andes, a través de la modalidad de Alto Rendimiento (eran 5 cupos; obtuve el tercero). Trámite que sigilosamente mi mamá diligenció.

Para mí era utópico estudiar en la Universidad de Los Andes, ULA. Gente se pasaba años presentando la prueba interna de comunicación social, (la carrera más peleada a la par de medicina). Así que ni lo intenté.

El resto se cuenta sólo, y hoy estoy aquí, escribiendo para ustedes; lo cual agradezco mucho.

El camino no ha sido fácil, pero mis pies no están cansados de seguir. Al final "todos tenemos un amor que nos rompe el corazón y nos complica la vida".

Situaciones con las cuales un periodista puede que se identifique, y tal vez su entorno ignore:

Mil y un veces llegamos a la pauta matutina sin desayuno. -Pero el periodista no es humano, sólo está trabajando-. Quién se ha quedado sin refrigerio...

No hemos dormido y nos hicimos amigos del café, en la madrugada, antes de que se nos vaya la musa o la electricidad.

La historia del entrevistado nos confronta con una vivencia propia.

Se rompieron tus manos y rodillas en medio de una protesta pacífica donde al final debiste correr por tu vida mientras comías gas del bueno (Yo, en el plantón ante el cierre de RCTV, canal venezolano que se apagó de la pantalla chica).

También hemos dormido en el piso de un aeropuerto. Para mi último año de la carrera, ya vivía en Caracas, así que volaba semanalmente a Los Andes Venezolanos a ver clases cuyo horario estaba organizado para un solo día de corrido. Mis pasantías previo a titularme transcurrieron en un diario web de la “Caracas Loca”, donde salí invicta de la inseguridad, y me enamoré más de la carrera; inicialmente, trabajaría para la web, pero terminé además en el diarismo impreso, y como articulista de una revista de salud.

Otra anécdota fue cuando viajamos a Buenos Aires con nuestro padrino de promoción, para una gira de medios; un periodista incluso en formación, busca historias y matices en todos lados; fue viaje pesado logísticamente, pero muy enriquecedor.

Y lo peor, cuan novio que te termina, nos han cerrado la puerta en la cara a dos minutos de entregar el reporteje.

La resiliencia es algo que se forja, a unos les cuesta más que a otros, la sensibilidad despierta humanidad, y es preciso para un periodista, colocarse en los zapatos del otro. Cuando hay hambre, frio, cansancio, dolor físico y emocional. Como periodista, estimo que tocar el alma del otro desde la ética, siempre es grato en la profesión. Incluso cuando has pasado obstáculos para concretar la entrevista o a nivel personal para estar allí y hacer tu trabajo.

Como apasionada de la historia de vida y al mismo tiempo voluntaria en labor social; he conocido el lado sensible de muchos entrevistados; pero quienes escribimos, debemos guardar las lágrimas para después. Incluso ante nuestras propias dificultades a lo largo del trabajo y del camino de la comunicación.

La cuarentena nos ha cambiado a todos, por lo menos desde el hecho de sacarnos de lo habitual, -desde el lado humano y profesional-; aun y cuando el teletrabajo era empleado en el mundo. Hoy como medida de prevención frente al COVID -19, pule y afirma, o nutre en muchos casos desde cero, la cara resiliente de un periodista, y obliga a reinventarse. En Venezuela también, pero en este caso, en medio de un escenario de previa complejidad.

A diario me enfrento a los cortes eléctricos y las fallas de conectividad, que hacen cuesta arriba el desarrollo sobre la marcha de las asignaciones como: entrevistas o generación de contenidos como periodista institucional. Algo que también se añade es la dificultad del feedback, como colateral del contexto anteriormente descrito.

Trabajar en casa representa el reto de comprometernos con nosotros mismos; rendir, establecer rutinas, y mantener una actitud amable ante la vida pese a la realidad de los servicios básicos en emergencia, combinado con el de mantener nuestra polivalencia y productividad como profesionales.

Sin embargo, pienso que, aunque trillado, para mi experiencia ha sido cierto y gratamente: “las crisis son oportunidades”. En este sentido, para formarnos académica y personalmente –contexto cuarentena-: vayamos a nuestro centro, emprendamos desde nuestras habilidades y destrezas; un periodista que hace lo que ama, no espera las oportunidades sino las crea.

Actualmente, hago voluntariado, siento que eso ha cambiado mi vida, en medio de tanta dificultad que puedas ver en el país, poder ayudar te eleva, no en ego sino en amor. ¿Venezuela?, país donde sigo porque aprendí que no se trata de qué país, sino de saber quién eres y qué puedes hacer por tí y por otros. Finalmente, si algo que he comunicado toca la fibra humana, y mejor aún genera una sonrisa en el otro; mi trabajo habrá valido la pena.

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