7 de cada 10 argentinos creen en el amor para toda la vida

El amor en tiempos de contradicciones.


Por Matías Russo
@matiasfederusso

:: Argentina ::

Se dice que los argentinos son egocéntricos, altaneros, apasionados, intempestivos, amigueros y ahora parece que debería incorporarse una nueva calificación para los argentinos, ser románticos.

Los habitantes de la cruz de sur manifiestan su deseo y convicción de creer en el amor para toda la vida. En tiempos de relaciones líquidas y pasajeras, los argentinos aspiran a enamorarse de una vez y para siempre.

Así lo confirmó un estudio realizado por TNS Gallup, que arrojó resultados inesperados. La investigación puntualizó las percepciones de los argentinos sobre el amor para toda la vida y la mayoría asoció una relación duradera con el compañerismo. En segundo lugar los encuestados eligieron la sinceridad y en tercer puesto quedó la felicidad. Las presencias también hablan de las ausencias. Es decir, a partir de la encuesta se revelan la preponderancia nacional de ciertos valores y la escacez de otros.

Amor, atracción y dependencia

Amor, atracción y dependencia

Si el compañerismo es la opción que se antepone a la sinceridad y a la felicidad es porque todavía en el país ¿prevalecen las parejas que eligen su continuidad por sobre los conflictos, el bienestar individual y hasta la infidelidad?

Sobre este último punto las respuestas de los entrevistados fueron más que reveladoras. El 24% confesó haber sido infiel en alguna oportunidad, pero a este dato hay que sumarle un 25% del total de los encuestados que se negó a responder esta pregunta, dejando un margen de duda un tanto sugestivo. O como dice el dicho popular "el que calla otorga".

Pero cabe destacar en este sentido, que las nuevas generaciones se animaron a contestar con mayor claridad. El 36% de los entrevistados entre 18 y 24 años confesaron haber sido infieles y la estadística baja notablemente en las personas mayores de 65 años que reunieron un 14%.

Los sentimientos confusos y contradictorios con respecto al amor para las distintas generaciones, no es un fenómeno propio de la Argentina. La conceptualización de las relaciones amorosas del siglo XXI se enmarca en una posmodernidad que ha establecido nuevas formas de sentir, percibir y establecer la unión a través de la pareja, o bien en la ausencia de ella.

Las estadísticas que reflejan al argentino promedio como un ser que desea una “unión para siempre” y en las apariencias iría en oposición a la tendencia mundial, signada por la fragilidad permanente en las relaciones amorosas. Pero, expertos en la materia coinciden en que la posmodernidad es una época que se caracteriza por el eterno juego de la contradicción. El discurso habla de una pretensión de eternidad en los vínculos pero en los hechos, hombres y mujeres eligen la discontinuidad.

Uno de los principales referentes en el tema es el sociólogo Zygmunt Bauman. En el libro de su autoría “Amor Líquido”, el autor explica como la pretensión del amor eterno no se condice con la verdadera identidad del individuo actual: “¿Los habitantes de nuestro mundo moderno no son como los habitantes de Leonia, preocupados por una cosa mientras hablan de la otra? Dicen que su deseo, su pasión, su propósito o su sueño es una relación para siempre. Pero, en realidad, ¿no están más bien preocupados que sus relaciones se cristalicen y se cuajen?”.

El sociólogo establece que nuestra época es la de la contradicción entre el discurso y el deseo. La razón principal se sustenta en las grandes dificultades que atraviesan los vínculos en la actualidad. La preponderancia del valor de la felicidad individual ha generado una disociación entre el ser y su prójimo.

En este sentido, el autor sostiene que no es casual que en la posmodernidad tanto el amor como la amistad sean relaciones signadas por la discontinuidad y la libertad de poder terminar con ellas cuando los conflictos atentan contra el propio bienestar. Pero, ¿cuál es el saldo de priorizar la cantidad por sobre la calidad? “La facilidad que ofrece el descompromiso y la ruptura a voluntad no reducen los riesgos, sino que tan sólo los distribuyen, junto con las angustias que generan de manera diferente”, advierte Bauman.

La historia de los vínculos humanos a sido atravesada por dos extremos: la continuidad infinita de una relación, en muchos casos, por mandato o imposición social y la actualidad que privilegia en demasía la individualidad por sobre el vínculo. Entonces, nuestra época enfrenta un desafío apasionante, conciliar los deseos propios y ajenos.

El resultado puede ser el amor.

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