Un retorno a la Belle Époque argentina con Villa Ocampo como su máximo escenario

Construida entre 1889 y 1891 por el ingeniero Manuel Ocampo, Villa Ocampo se convirtió en la piedra fundamental e ícono de la alta sociedad porteña durante las primeras décadas del siglo XX

En el continente europeo entre los años 1890 y 1913, se producía un despertar al optimismo y a la reivindicación de la felicidad y la alegría como valores que se habían perdido tras un largos períodos de guerras y crisis políticas e institucionales. Esta era signada por una marcada prosperidad económica en Europa que motivó el culto al placer en todas sus formas, fue conocida mundialmente como la Belle Époque.
 
Argentina no estuvo ausente de esta influencia cultural y social y su máximo emblema y escenario en el país fue la residencia de la escritora Victoria Ocampo, en dónde se plasmaron la distinción de los estilos arquitectónicos de la época y encuentros culturales con grandes personalidades del arte, la literatura, el teatro y el cine.
 
Construida entre 1889 y 1891 por el ingeniero Manuel Ocampo, Villa Ocampo se convirtió en la piedra fundamental e ícono de la alta sociedad porteña durante las primeras décadas del siglo XX. En plena posmodernidad, hoy existe la posibilidad de realizar un viaje en el tiempo y acceder a cada uno de los detalles, ambientes y espacios que simbolizaron la belle époque en el país.
 
La muestra titulada “La gran ilusión, Vida cotidiana en Villa Ocampo durante la Belle Époque” es organizada por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y exhibe fielmente el clima social y cultural y los valores estéticos de sus habitantes.
 
En este sentido, la muestra es un símbolo del estilo de vida de la alta sociedad porteña signada por la ilustración y el refinamiento social. Por ejemplo, la familia Ocampo encontraba en su cotidianeidad viajes a París –con vacas y gallinas que daban leche y huevos frescos durante la travesía— se compraban libros, partituras y grabados, asistían a conferencias y exposiciones de arte y además, se hacían retratar por pintores que pertenecían al círculo íntimo de Marcel Proust o de Henry James.
 
Para retratar fielmente el espíritu de la época en la casona ubicada en el barrio de Becar, en el partido de San Isidro, se convocaron a coleccionistas de muebles y de arte que cedieron sus obras para la muestra. También, el Museo del Traje brindó diversos atuendos que pueden verse en la casa a través de maniquíes que emulan la tendencia de la moda por aquellos años en los cuáles las mujeres abandonaron los corsé y comenzaba el pret a porter compuesto por tailleur y sombreros, con penachos de pluma de avestruz, o canotier de paja para los días de verano.
 
Con respecto al mobiliario, en las habitaciones pueden observarse los muebles y objetos exportados especialmente de Francia e Inglaterra y una de las bibliotecas más completas y con mayor valor cultural del país. Uno de los grandes valores de esta casona como patrimonio histórico se sustenta en las innovaciones tecnológicas que la familia Ocampo contaba para aquella época.
 
Por ejemplo, la casa tenía su propio generador eléctrico, un estereoscopio en donde la familia miraba sus fotos en tres dimensiones, teléfonos y una gran colección de automóviles de alta gama.
 
Mucho más que una muestra, “La gran ilusión, Vida cotidiana en Villa Ocampo durante la Belle Époque” simboliza un exhaustivo trabajo de investigación a cargo de historiadores y arquitectos y especialistas en decoración, moda, jardinería, vida cotidiana, ocio, gastronomía, tecnología y educación con el fin de reflejar lo máximo posible un estilo de vida signado por el arte, la cultura y la distinción.
 
La exhibición puede visitarse hasta el 24 de noviembre, de miércoles a domingos de 12.30 a 19 en Villa Ocampo, calle Elortondo y Presidente Uriburu, en Beccar, partido de San Isidro.

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Por Eugenia Plano