Por los caminos de Don José de San Martín

Existen diversas alternativas para conmemorar a los héroes patrios; construcción simbólica de sus caminos es una de ellas. Así, la provincia de San Juan, rinde tributo a Don José de San Martín poniéndose en sus zapatos

Es el ADN de nuestra historia y es sin dudas, el hecho que signó la libertad de nuestro país. Su protagonista fue el general José de San Martín, quien encabezó la Expedición Libertadora de Chile y de Perú a través del Cruce de los Andes, realizado entre el 12 de enero y el 8 de febrero de 1817.

El Ejército de los Andes de las Provincias Unidas del Río de la Plata atravesó la cordillera desde la región argentina de Cuyo hasta Chile. Su hidalguía y coraje para enfrentar a las tropas realistas pertenecientes a la Corona española, convirtió al general San Martín y a sus tropas en referentes de la historia militar universal.

Homenajear a los próceres que han conseguido la libertad, la igualdad y la autonomía de una Nación es imprescindible para la construcción de un país que en su historia explica su presente y construye su futuro. Sin memoria, el porvenir se limita, se pierde en las circunstancias y disminuyen las posibilidades de progreso real.

Existen diversas alternativas para conmemorar a los héroes patrios; construcción simbólica de sus caminos es una de ellas. Así, la provincia de San Juan, rinde tributo a Don José de San Martín poniéndose en sus zapatos.

Un grupo de 117 expedicionarios decidieron homenajear al prócer recorriendo los caminos, los senderos y cada uno de los pasos que el libertador de la patria realizó por obtener la autonomía argentina.

La travesía comenzó en el pueblo de Barreal, en la provincia de San Juan, en dónde tras izar la bandera y entonar al unísono Aurora, los expedicionarios comenzaron a andar los pasos de San Martín.

Durante la primera noche fueron asistidos por los gendarmes del Regimiento Nº 26 quienes además de oficiar como anfitriones de la travesía, atendieron las necesidades y requerimientos de los participantes del Cruce de los Andes.

Desde allí, unas 30 camionetas trasladaron a los expedicionarios durante tres horas hasta la estancia Manantiales, desde donde cada uno optó por su medio de trasporte para proseguir en su travesía. Las alternativas fueron mulas o caballos, a modo de una representación real de las circunstancias que atravesó el Ejército de los Andes en 1817.

En esta primera etapa, los expedicionarios debieron ascender unos 3.600 metros de altura y la travesía fue un éxito. La voluntad y la convicción del grupo por lograr su meta los motivó a alcanzar el ascenso en cuatro horas y media. Allí las temperaturas alcanzan los diez grados bajo cero por la noche y los caminos son sinuosos y pedregosos, pero los protagonistas de la travesía afrontaron con valentía cada uno de los obstáculos. Por las noches emplazaron sus carpas y cocinaron guisos de lentejas para recobrar fuerzas y energía para el día siguiente.

El camino todavía continúa y los esfuerzos deben ser aún mayores. Uno de los 

máximos desafíos de los expedicionarios será cruzar el Valle del Espinacito, que conlleva una marcha de aproximadamente nueve horas por un terreno adverso. Pero apenas atravesado este destino, los expedicionarios arribarán al Valle del Río de Los Patos, en el cual su impactante pradera les brindará un momento de descanso en el Refugio Sardina.

La expedición culminará este martes cuando el grupo logre su meta que es la de alcanzar el arribo al Paso de Valle Hermoso. Allí arribará la columna procedente de Chile y juntas realizarán un acto simbólico de camaradería bilateral en presencia de los bustos de San Martín y Bernardo O`Higgins.

“Lo que no me deja dormir es, no la oposición que puedan hacerme los enemigos, sino atravesar estos inmensos montes”, había confesado el general San Martín a Tomás Guido en una carta escrita el 14 de junio de 1816, expresando su humildad y coraje ante un desafío que cambió nuestra historia para siempre.

Hoy 117 hombres y mujeres recorren su camino con el fin de rendirle homenaje. Recordar, conocer y aprender nuestra historia define nuestro presente y construye nuestro futuro.

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