Migraña: cuando la enfermedad habla

"Hola, acá estoy. Aparecí de nuevo. Soy una vieja amiga tuya que te acompaña hace varios años, vine a verte unas horas."

¿Tenías planes? ¿Estabas yendo a trabajar? Bueno, no me importa. Soy igual que una visita pesada: llego sin avisar, me voy cuando quiero. Te molesto hasta el cansancio. Y voy a hacer todo para que no puedas hacer nada.

Me gusta que sientas presión. No sólo en tus cervicales y sobre tu espalda. Quiero que sientas la presión de tener que ir a trabajar cuando te encantaría estar en la cama, a oscuras y sin ningún ruido que te aturda. Quiero que sientas la frustración de no poder disfrutar, ver a tus amigos, estar en calma, hacer lo que más anhelas.

Soy una amiga no tan amiga: soy tu migraña. O como algunos de tus cercanos me llaman: sólo un dolor de cabeza.


Foto: https://www.flickr.com/photos/nanderson/

Sin embargo, sabes que no soy eso. Soy mucho más. Porque cuando llego, sin previo aviso, tus prioridades pasan a ser ceros: te incapacito totalmente; y en lo único que puedes pensar es en el punzante dolor al costado de tu cabeza o en la frente, en los mareos, en las náuseas, los vómitos, en los destellos luminosos que te confunden y en el dolor de tus ojos.

¿Sabías que el 80% de las personas que sufren migraña tienen su primer ataque antes de los 30? ¿Y que esta enfermedad afecta al 16% de la población mundial, sobre todo a mujeres?

Quisieras con todas tus fuerzas levantarte y hacer lo que tenías planeado, pero no te dejo. Pruebas deshacerte de mí poniéndote paños de agua fría, durmiendo, estirando tu cuello, bañándote, tomando té. Pero nada de eso funciona, soy muy constante. Parece que llegué para quedarme, ¿no?


Foto: https://www.flickr.com/photos/makelessnoise/

Ni la mejor masajista ni la mejor terapia alternativa parecen servir para aliviar la presión y el dolor ¿Qué puedes hacer para librarte de mí?

Los médicos especialistas no saben cuál es la causa de mi aparición. La tarea de hacerme a un lado se ve truncada. Una actividad cerebral anormal parece ser la que me trae hasta acá, pero el motivo real aún no está claro.

Ante la desesperación, muchas veces tu único alivio es el llanto. Usas las lágrimas como una manera de disipar el dolor, pero éste sigue estando presente. Otras veces acudes a los medicamentos más fuertes para calmarme. Esto puede que funcione, pero el tiempo que pasas esperando a que me vaya es insoportable, y sólo es una solución temporal.

¿Cómo aliviar el dolor?

Hoy veo mucha frustración en tí, y me encontraste compasiva. Así que voy a decirte cuáles son las cosas que hacen que yo aparezca más seguido a molestarte:

  • Mala alimentación. Saltear comidas importantes del día.
  • Consumir mucho chocolate, alimentos procesados, harinas y azúcares refinadas, productos lácteos.
  • Consumo de bebidas alcohólicas y tabaco.
  • Cambios hormonales del ciclo menstrual o con el uso de pastillas anticonceptivas.
  • Trastornos de sueño. Dormir menos de 8 horas diarias.
  • Estrés, ansiedad, miedos, angustias.

Sé que no hay una cura específica, y que tendrás que vivir con mis visitas un tiempo más. Pero cuando realmente no quieras que aparezca, evita o cambia estos factores desencadenantes. Yo te voy a estar esperando, porque me encanta visitarte. Pero cerrarme la puerta en la cara sólo depende de tí, y que cambies tus hábitos para llevar una vida más saludable.

Sé que puedes, te lo dice una vieja amiga no tan amiga.

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