Limpieza interior: jugo de aloe vera

Le suma energía a tu alimentación y limpia el organismo. ¿Ya lo probaste?

Lo conocés desde siempre como un gran suavizante de la piel, pero... ¿alguna vez se te ocurrió que el aloe vera también podés beberlo? Lo cierto es que sí, se puede y es muy saludable. En la medicina naturista, el jugo de aloe vera se usa como un remedio para tratar determinadas afecciones y como un complemento eficaz en una dieta natural equilibrada.

Al contrario de lo que sucede en la medicina alopática -en la que el médico diagnostica desde los síntomas-, la naturopatía busca fomentar la salud desde el medio interno de cada persona. Es decir, averiguar las causas que llevaron a que apareciera una enfermedad, para ayudar al organismo a atravesarla exitosamente y evitar que reaparezca.

A los llamados "superalimentos" que ya conocíamos -como el açai, las cerezas goji, el jengibre y las semillas de chía -, ahora se suma el jugo de aloe vera. Descubrilo.

Una planta, muchas aplicaciones

Es común verlo en cualquier jardín e incluso vos misma podés tenerlo en una maceta en tu balcón. Tiene hojas gruesas y terminadas en una punta filosa, con espinas a los costados que, cuando las partís, largan una sustancia transparente, gelatinosa y pegajosa que, al extenderla sobre la piel, se absorbe al instante y la deja muy suave.

Existen más de 300 especies de aloe, y el más utilizado para el consumo humano es el identificado como aloe vera, originario de África del Sur y cultivado en todo el mundo porque se adapta bien a distintos climas y condiciones de suelo. Cuando las plantas llegan a los cuatro o cinco años y alcanzan alrededor de un metro, ya se pueden cosechar las hojas y usarlas para fabricar medicamentos o cosméticos.

En la antigüedad, los precursores de la medicina moderna, como Plinio el Viejo, Aristóteles y el mismo Hipócrates, habían intuido y aplicado sus cualidades para curar a sus pacientes. Los antiguos egipcios lo llamaban la "planta de la inmortalidad" y los griegos lo consideraron una solución común a múltiples problemas médicos. En ese entonces, no había estudios científicos que corroborasen sus conocimientos, pero las investigaciones recientes parecen indicar que estos sabios no estaban equivocados.

Sus propiedades

El aloe vera contiene más de doscientos compuestos que pueden ayudar al cuerpo,incluyendo vitaminas A, B, C y E, enzimas, esteroles vegetales -que ayudan a disminuir el colesterol-, ácidos grasos, aminoácidos y minerales como calcio, magnesio, zinc, cromo y selenio, entre otros. Por su parte, el jugo procesado de esta planta contiene diecinueve aminoácidos -sustancias precursoras de las proteínas que también están presentes en gran cantidad en las frutas secas-, unos veinte minerales y doce tipos de vitaminas.

¿Por qué su efecto es tan poderoso? Porque todos estos nutrientes se encuentran presentes en el jugo y no se pierden en el procesamiento, sino que se potencian actuando en forma sinérgica con el resto y, por lo tanto, se conservan intactos los efectos benéficos hasta el momento de ser consumido. Un componente muy especial del aloe vera es el germanio, una sustancia siempre presente en las plantas, con propiedades "milagrosas" según el saber popular y que tiene un poder catalizador, es decir, funciona como "vehículo" para que otros procesos más complejos de nuestro organismo puedan realizarse. El ingeniero químico japonés Kazuhiko Asai, a principios del siglo XX, fue quien descubrió que el gingseng, los hongos shitake y el aloe vera tenían mucha proporción de germanio.

¿Qué beneficios trae?

Los efectos terapéuticos y medicinales del aloe vera son muchos:

Mejora la circulación de la sangre. Porque ayuda a dilatar los vasos capilares, que son los responsables de transportar el oxígeno en la sangre y apoyar el crecimiento celular, lo que mejora la circulación y, por lo tanto, regula la presión arterial.

Fortalece los huesos. Por su contenido de calcio y otros minerales, ayuda en la rehabilitación de lesiones óseas y articulares, como fracturas y esguinces, acelerando los tiempos de tratamiento.

Fortalece el sistema inmunológico. Gracias a su alta concentración de polisacáridos, los investigadores lo consideran un "antibiótico natural" que le permite al organismo defenderse de bacterias y gérmenes agresores.

Limpia el colon. El colon es esa región del intestino grueso que en la medicina holística representa a todo el cuerpo y funciona de modo similar a los puntos de la reflexología en los pies o los meridianos de la acupuntura. El aloe barre la mucosidad que cubre las paredes del colon en las que se depositan las toxinas que consumimos en exceso. Esa zona es un caldo de cultivo para bacterias y parásitos que pueden generar enfermedades. Al barrer las mucosas, la región se mantiene perfectamente limpia y saludable, con un efecto que se extiende a todo el cuerpo.

Protege el aparato digestivo. Contiene resinas protectoras que lo convierten en bálsamo y cicatrizante no solo de aplicación externa, sino también muy eficaz internamente; así, repara los daños de tejidos y úlceras, e incluso ayuda con el estreñimiento y la aerofagia (la sensación de tener mucho aire en la panza).

Fortalece los órganos reproductivos. Limpia la zona genital interna de los ovarios y el útero.

Disminuye el colesterol. Logra actuar contra las altas concentraciones de colesterol en sangre eliminando el llamado colesterol malo o LDL.

Rejuvenece la piel. Como tiene propiedades antioxidantes, puede indicarse para prevenir el envejecimiento celular y limpiar la sangre de toxinas. El efecto buscado es potenciar la vitalidad, que te sientas con más energía y que la piel se vea más suave e hidratada. A cierta edad, este es un efecto que empezás a valorar mucho, después de los treinta especialmente, cuando empiezan las primeras arruguitas y te das cuenta de que las cremas ayudan pero no hacen milagros, y que la clave está en nutrir tu cuerpo desde adentro.

¿Cómo consumirlo?

En dietas vegetarianas, se recomienda incluir el jugo de aloe vera como aderezo de verduras o jugos de frutas, por su alto poder nutritivo. En una rutina diaria de alimentación, se recomienda beber alejado de las comidas entre 50 y 100 ml de jugo de aloe vera. Pero incorporarlo a tu dieta no alcanza si no lo acompañás con una rutina saludable que respete algunos principios básicos:

Dividí tu día en tres tercios. Repartí tu tiempo en tres momentos: actividad (trabajo y estudio), pausas o recreación (comidas, vínculos, juego, arte, ejercicio) y reposo.

Alimentate en forma equilibrada. Cada día, consumí una porción del tamaño de un plato de postre de hidratos de carbono, vegetales cocidos en el almuerzo y la cena, y otra porción de proteínas y frutas cocidas.

Hacé actividad física moderada. Practicá alguna actividad física leve aeróbica durante treinta minutos todos los días, como puede ser una caminata o una rutina de yoga que incluya el saludo al sol, elongación y posturas.

Relajate y meditá. Dale un espacio de calma a tu mente practicando respiración o algún método de meditación.

Tomá algunas precauciones

Asegurate de que no tenga aloína: es la sustancia que se encuentra entre la pulpa y la hoja, que tiene efectos laxantes muy fuertes. Los jugos comprados y certificados por el consejo científico internacional del aloe (www.iasc.org) son seguros, ya se les extrajo este componente durante su fabricación, pero si preparás el jugo de forma casera, tenés que estar atenta.

No lo tomes si estás embarazada: no se recomienda durante el embarazo ni para niños menores de seis años.

Buscá supervisión médica: como siempre en cuestiones de salud, buscá un médico que supervise el tratamiento y te asegure que estás haciendo las cosas bien.

Paso a paso: ¿cómo hacer jugo casero?

Si en tu casa tenés planta y te animás a hacerlo, tené en cuenta estos pasos y acordate de eliminar la aloína, la parte que no tenés que consumir.

1. Pelá las hojas: hacelo con un cuchillo afilado. Si no te sentís segura, en YouTube hay tutoriales que te enseñan.

2. Quitá la aloína: podés eliminarla enjuagando las hojas en una solución hecha con 15 ml de vinagre blanco y 230 ml de agua.

3. Juntá el gel de aloe: repetí el proceso con otras hojas hasta conseguir unos 30 ml de gel de aloe vera, que es transparente.

4. Procesalo y ¡listo! Volcá el gel en una licuadora y agregale 230 ml de jugo de naranja, pomelo o limón.

Dónde conseguirlo

El jugo de aloe ya procesado lo venden en la mayoría de las dietéticas y farmacias especializadas en medicina naturista. En Argentina, tiene que estar certificado para el consumo por la ANMAT. Otros sellos de confiabilidad son el del IECS (Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria) y el de la OIA (Organización Internacional Agropecuaria), dos entidades que certifican la elaboración orgánica del producto. Asesoró: Dr. Sebastián Díaz Varela.

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Por Daniela Chueke Perles | Para Revista OHLALÁ!