La historia de Liliana, la cultura del esfuerzo en primera persona

La protagonista de esta historia es Liliana Erika Domínguez Becerril, una empresaria mexicana de 40 años que nació con una discapacidad denominada luxación congénita bilateral de cadera.

Hay personas que con su historia inspiran e instan a creer que la vocación es una tarea de valientes.

La protagonista de esta historia es Liliana Erika Domínguez Becerril, una empresaria mexicana de 40 años que nació con una discapacidad denominada luxación congénita bilateral de cadera.

Liliana es fundadora y presidenta de dos empresas modelo en México y que sin duda, la rentabilidad de sus operaciones se vuelve anecdótica cuando se toma conocimiento de la trayectoria de una mujer que superó casa uno de los obstáculos creyendo que siempre las capacidades priman por sobre todas las imposibilidades físicas y emocionales.

Desde su infancia su madre la instó a tomar la vida por las astas y cuando fue víctima de burlas y miradas adversas en la escuela primaria, Liliana recordó con fuerza las palabras de su mamá quien sabiamente le decía que “ninguna discapacidad te convierte en una persona diferente, sino por el contrario, los únicos obstáculos que impiden seguir adelante son los que están en la cabeza”.

Liliana encontró en aquellas palabras su lema para ponerse al frente de su propia vida desde muy pequeña. Pensó que la única forma de abordar una biografía creativa y productiva es fortaleciendo el talento, sin restricciones o límites a aquellos que sí se puede ejercer desde el trabajo y el esfuerzo.

Su fuerza de voluntad conmovía a sus docentes de la escuela primaria. Cuando el lugar común le ponía límites a sus sueños, Liliana demostraba con hechos que no había imposibles. Fue parte del equipo de atletismo, fue jugadora de básquet y voley, siendo el deporte una motivación más para su espíritu emprendedor.

Su objetivo no era convertirse en atleta sino experimentar día a día, paso a paso cómo los desafíos estaban allí para enfrentarlos cara a cara, sin miedos y con la satisfacción de ejercer la valentía con el cuerpo y el alma.

Ya de adolescente, Liliana enfrentó con ese mismo coraje por la vida su primera cirugía y luego durante 20 años fue sometida a intervenciones quirúrgicas en cadera, columna, pies y rodillas.

Sus operaciones no se convirtieron en obstáculos para Liliana, una vez más, ella sorteaba limitaciones externas. A sus 18 años comenzó su formación académica, y a pesar de estar internada, estudiaba y rendía sus exámenes como todos los alumnos, sin excepciones.

“Mi enfermedad está en mis piernas, no en mi cabeza”, afirma Liliana y así a puro esfuerzo creó dos empresas, una dedicadas a la joyería artesanal ecológica y otra especializada en la elaboración de chocolate de manera artesanal.

Consultada acerca de cuál fue la clave para su éxito, Liliana es contundente: “Mi consejo es que la gente crea que todos tenemos un potencial, que se enfoquen en cuál es su habilidad más grande, qué es lo que les gustaría aprender o haber aprendido y sobre todo aprender que nunca es tarde. Creer que podemos hacerlo y, creer en uno mismo”.

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Por Eugenia Plano