Historia de un sueño

Se sentó sobresaltada en la cama. Había soñado con un hombre blanco, de ojos grandes, claros. Su cabeza rapada, vestía una chaqueta negra y un gorro negro

Escritora, Constanza Eugenia Múñoz.

El hombre disparaba al hijo mayor de su amigo, directamente a la cabeza; quien había muerto años atrás asesinado por un hombre x.

Brenda llamó a Raúl necesitaba que la acompañaran cuando conducía. Llegó puntual al llamado. Raúl le comentó que Adriana llegaría al aeropuerto a eso de las ocho de la noche. Brenda trabajó normalmente en la universidad. A las siete de la noche se dirigieron al aeropuerto. Todo transcurrió normalmente, el encuentro fue amistoso. Adriana comentaba sus aciertos con el negocio que emprendería, el viaje había sido un éxito.

Durante el regreso, Brenda, estaba animada, conducía cada vez más segura. Hablaban alegremente planeando los próximos encuentros. Un taxi se acercó a su izquierda, haciendo señas que ella nunca entendió. “quizás me salí un poco del carril”- pensaba-, mientras tanto, Raúl, afanoso le insistía en que acelerara, pero ya dos hombres armados se subían al carro Uno de ellos abría la puerta delantera, mientras el otro abría la de atrás. El hombre que se acomodó adelante corrió a Brenda del volante para conducir el carro.

Quedó en medio del asaltante y Raúl. Fueron despojados de sus pertenencias, no sin antes preguntar: “¿es de oro?, quítese el reloj, entrégueme los anillos”

El trayecto parecía interminable, Brenda no sabía donde se encontraban y menos aún hacia donde iban. Sólo se percató que eran escoltados por el taxi. Rato después los obligaron a quedarse en un lugar escondido, rodeado de árboles. Los hicieron sentar en la hierba húmeda, en un lugar conocido como “la cola del mico” lo supieron más tarde cuando la odisea terminó.

Solo cuando miró hacia arriba para observar al hombre que los amenazaba, pudo ver cómo estaba vestido: llevaba una chaqueta y una gorra negras. Le pidió que no lo mirara pero Brenda no pudo contener el deseo de observar el arma. Era muy grande de color amarillo.

Adriana y su amiga con quien había llegado del viaje, lloraban inconsolablemente. El hombre se molestó y les pidió que no complicaran las cosas, eso sí, amenazando con su arma. Brenda, quería esconder su miedo hablando de “cómo llovía”, “cuánto frío hacía “ y mirándolo. Él le repetía que no lo mirara a lo que Brenda le respondió todas las veces que se lo dijo: “ no puedo hablar sin mirar a las personas”. Se había entablado un diálogo con el secuestrador quien le preguntaba: “Cuántos hijos tiene”, “ dónde vive”, todas las respuestas que ella le dio fueron equivocadas. Sin embargo, Brenda fue más allá, preguntándole si los matarían o no, él no respondió.

La lluvia cayó sobre ellos todo el tiempo que estuvieron retenidos. El ruido de los carros los sobresaltaba, el hombre se quedaba tranquilo como si supiera exactamente cuál sería el carro que el esperaba. Brenda asustada preguntaba si era o no ese el carro que estaban esperando y el respondía con toda seguridad que no, todas las veces que lo interrogó.

Dos horas después el hombre se inquietó, había percibido la presencia del auto. Acto seguido ordenó que salieran del hueco, conocido como” la cola del mico”, según supieron después cuando fueron a poner la denuncia. Agregó: “ que no sea antes de diez minutos”. En ese momento se quitó la gorra, Brenda estaba tan cerca, que pudo ver claramente, con asombro, su cabeza rapada, sus ojos grandes y la misma arma que llevaba el hombre del sueño.

Fin

¿Te gustó? ¡ Compártelo !

 Síguenos en Facebook
 Síguenos en Twitter
 Síguenos en Instagram

Fuente: http://www.encuentos.com