Escuela de la Felicidad

El blog de Rafael Santandreu (santandreu@yahoo.com)

Imagen: Marc van der Aa by vp.com

REFLEXIONES DE DAVID N.: "LA MEDITACIÓN"

El otro día mi tocayo David nos hablaba de la falibilidad, del amor y de la eficacia. Yo quiero dejaros la opinión de Albert Ellis sobre la meditación y otras técnicas que él llama de distracción y que no son el camino más corto para salir de la ansiedad y de la depresión. Y son técnicas de distracción que nos hacen trabajar a nivel emocional, pero no a nivel cognitivo, que es lo que nos interesa para salir cuanto antes del bache en el que nos encontremos.

Cuando vamos a un psicólogo cognitivo-conductual una de las mejores herramientas que tendrá a mano para curarnos será realizar una “reestructuración cognitiva”. Y el libro de Rafael Santandreu El Arte de No Amargarse la Vida es una estupenda guía de apoyo para poder realizarla más fácilmente. Y la meditación no deja de ser una de tantas “modas” más que existen en este mundo.

Albert Ellis consideraba que las “modas” y también las “tradiciones” son ideas irracionales que no nos dejan avanzar en nuestra vida para sentirnos bien. Estas técnicas de distracción de las que habla Albert Ellis no son perjudiciales, pero, como ya he indicado, no son el camino más corto. En definitiva, que leer, meditar, hacer yoga o relajación, o sólo el ejercicio físico, no deben ser nuestra única tabla de salvación.

Os dejo con sus argumentos: Existen numerosas ventajas en el uso de los métodos de distracción, si usted se decide a aplicarlos a sus clientes (y a usted mismo).

  1. Se pueden aprender y adaptar rápidamente, e incluso los mismos clientes pueden inventárselos espontáneamente.
  2. A menudo bloquean casi al instante los sentimientos alterados, y los cambian por emociones placenteras o neutras.
  3. Interfieren en los procesos de implicación por parte del cliente hacia conductas compulsivas perjudiciales, como comer en exceso y fumar.
  4. A menudo resultan placenteros por sí mismos. Por ejemplo, hacer yoga o leer pueden constituir actividades placenteras y absorbentes.
  5. Pueden conducir a veces hacia cambios filosóficos beneficiosos. En este sentido, la gente que practica meditación observa sus pensamientos ansiosos y concluye que las “terribles” cosas que se incluyen en estos pensamientos no van a presentarse jamás, y que si se presentan, se enfrentarán a ellas. Gracias a estas ventajas, los métodos distractores han resultado siempre muy populares –como ya he remarcado antes- durante siglos, y en la actualidad, miles de terapeutas y millones de clientes usan las versiones más nuevas, como la Relajación Progresiva de Jacobson, o la retroalimentación (biofeedback).


Pero, sin embargo, ¿por qué los métodos de distracción casi siempre producen resultados paliativos y poco elegantes? Por muchas razones:

  1. Si se lleva a cabo la relajación únicamente con fines distractores, como sucede en la mayoría de los casos, acaba funcionando exactamente para lo que se le pide -quitar la ansiedad de los clientes-, y produce pensamientos como “Debo responder perfectamente y no recibir ninguna crítica por mi pobre actuación”, aplicando estos pensamientos a otras cosas, como la meditación, el yoga, los ejercicios de respiración, o cualquier otro tema. Pero el mensaje o filosofía subyacente continuarán estando ahí. Siguen pensando y sintiendo con intensidad que “!me es del todo necesario realizar este cometido perfectamente, ya que de lo contrario será horrible, seré alguien completamente incompetente!”. Mientras se concentran en el método distractor, consiguen temporalmente no pensar de esta forma. Pero continúa estando allí, y volverá de forma casi ineludible. En consecuencia, una vez que el método distractor haya conseguido calmarles y devolverles a su normalidad diaria, ellos volverán una y otra vez a su filosofía basada en el pánico, y continuarán preocupándose cada vez que se vean envueltos en cualquier tarea importante, como dar un “buen” resultado, aunque sólo sea que piensan que se involucran en ello.
  2. Dado que los métodos distractores suelen funcionar muy bien para todo el espectro de gente comprendido en la ansiedad y depresión, podríamos decir que, de hecho, incluyen algún que otro aspecto perjudicial: no permiten que la gente se preocupe de verdad en ver qué es lo que está haciendo en la creación de estos sentimientos y comportamientos alterados, con lo cual resulta que se está distrayendo (resulta irónico comprobar que se distrae demasiado) del propósito de comprensión verdadera del problema y de una real perspectiva de enfrentamiento respecto al mismo. Así, si yo practico meditación profunda o yoga cada vez que me pongo histérico ante la posibilidad de tener que escribir un artículo y que éste resulte imperfecto, reduciré rápidamente mi ansiedad, y seguramente conseguiré escribir un buen artículo. Pero continuaré pensando que el pánico aparece como consecuencia de los artículos que tengo que escribir, más que como consecuencia de mi autoconvencimiento de que debo hacerlo todo bien, bajo todo concepto, y tengo que recibir una completa aprobación de los demás por hacer las cosas bien. Será rara la vez que vea en este último razonamiento la causa “verdadera” de mis ataques de pánico, nunca contradiré a mis creencias irracionales que ocasionaron este pánico, y continuaré viviendo con esta filosofía destructiva para quién sabe si el resto de mi vida. Así pues, se puede decir que mi método distractor funciona, pero no de una forma permanente o elegante; en la mayoría de las ocasiones, en cambio, me impide concebir un mejor método, o más profundo, para enfrentarme o llegar a detener mi fuerte tendencia al pánico.
  3. De hecho, el uso sistemático de métodos distractores puede incrementar la baja tolerancia a la frustración por parte de sus clientes. Como insisto a lo largo de este libro, tanto sus clientes como usted, como cualquier otra persona que quiera provocar un cambio profundo e intenso respecto a un trastorno concreto, haría mejor en conocer cuáles son exactamente los pensamientos, sentimientos o acciones que les conducen a preocuparse innecesariamente, con el objetivo de llegar a ser cada vez menos susceptibles al trastorno. Sin embargo, y dado que sus clientes presentan una baja tolerancia a la frustración, al igual que mucha otra gente, a menudo hacen todo lo posible para evitar realizar el duro trabajo de la autorreparación. En consecuencia, tienden a buscar soluciones mágicas o fáciles, como por ejemplo la fe en dios o en el terapeuta. Si encuentran métodos distractores que les van bien, se sentirán cómodos y relajados mientras los estén usando.

Así pues, pueden volverse adictos a estos métodos (por ejemplo, meditar dos o tres horas cada día) ya que estarán poniendo en marcha “escapatorias” antes estas dificultades, como aquel que bebe o se droga. Por ello, la adicción a la distracción que estarán generando incrementará su ya alta baja tolerancia a la frustración.

Un abrazo a tod@s, David.

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Fuente: http://rafaelsantandreu.wordpress.com