El impacto del COVID-19 en la educación

Por primera vez desde que empezó este fenómeno, 300 docentes de todo el mundo se reúnen para analizar los efectos que está produciendo esta pandemia en los niños y jóvenes.

La cita de este Ciberencuentro Mundial de docentes organizado por Scholas era a las 15 hs. de Roma, pero una hora antes comenzaron a conectarse todos los docentes ansiosos. Desde Irak, el Dr. Omer Ninja de Kirkuk University, aparecía en cámara y se saludaba con el Padre Dr. Martinien Bosokpale de la Universidad Católica del Congo.

300 docentes, de 21 países de los cinco continentes participaron de este Ciberencuentro. Durante más de 3 horas debatieron sobre la realidad actual de la educación en el ámbito del COVID-19 y lo que vislumbran para los próximos tiempos. Todos coincidieron en la necesidad de que los profesores se encuentren en este tipo de espacios de diálogo para acompañarse e intercambiar experiencias para enfrentar juntos esta crisis. Las palabras más escuchadas fueron creatividad, flexibilidad, responsabilidad, tiempo, empatía, solidaridad, aprendizaje colaborativo, esperanza y oportunidad.

Los docentes valoraron los Ciberencuentros de jóvenes que Scholas promueve y consideraron sumamente útil este trabajo. Además pidieron tenerlo en cuenta en los centros educativos y universidades.

Carlo De Nitti, es profesor de una escuela en Bari que hace pocos meses participó de una experiencia de Scholas que él valoró como “maravillosa” y “profética”. Agregó: “Scholas en este momento tan especial puede enseñar cómo mantener la cultura del encuentro y del diálogo”.

Jairo Restrepo, desde Cali, Colombia, expresó: “Todo esto ha permitido descubrir una creatividad de parte de los docentes y de los estudiantes [...] Ha sido una experiencia muy agotadora, pero al mismo tiempo muy edificante.”

Del mismo modo planteó su preocupación por la tensión que vive el docente en el momento actual, como parte de una familia y a su vez dando clase. “La parte que me preocupa es el entorno familiar de mis compañeros docentes, porque tienen esposas, tienen hijos. Me preocupan los estudiantes, que en un país como el nuestro, no tienen todos los medios para ellos poder responder académicamente [...]. Tenemos que ver cómo podemos trabajar juntos en esta tormenta docentes, directivos, estudiantes; y no dejar que el temor destruya la posibilidad del aprendizaje.”

En tanto que Bárbara desde Nápoles explicaba que los profesores necesitan ayuda de sus estudiantes en el entorno virtual porque ellos saben mucho más y esto a su vez hace que los estudiantes se sientan útiles. En este sentido valora que la pandemia los ha unido.

En esta línea, Ítalo Fiorin, desde Roma, agregó que antes se ignoraban unos a otros y que lo importante es vencer esta pandemia, pero también cambiar la normalidad de un modo más empático, más creativo, con los jóvenes al lado - al mismo nivel que los docentes.

Marcela Andrea Galarza es maestra en un jardín de Resistencia, Chaco, Argentina, y explicaba que las familias también son parte de la educación y que ambos, escuela y familia, deben estar mirando hacia la educación que quieren para el niño. “Cuesta quedarse quieta cuando las seños somos las que estamos yendo y viniendo, poniendo el cuerpo, y de repente ahora tenemos que estar detenidas para poder explicarle a los padres [...]. Es un poco raro, es desafiante [...] Estamos en un período inicial [del año escolar], nos estamos conociendo con los alumnos y las familias desde la virtualidad”.

Norberto Almara, desde Córdoba, Argentina, explicaba que tanto padres como docentes y estudiantes experimentan una sobrecarga de tareas que no pueden o no saben resolver; y que plantea el desafío de las diferencias de capital simbólico que tienen las familias [...]. Agregó: “Desde las propuestas [...] hay secuencias didácticas homogeneizadas y cuando perdemos la presencialidad de la relación se acentúan las desigualdades”.

En relación a esto, el docente francés Francois Vallaeys, comentaba, “Vemos con claridad que se acabó la torre de marfil de la educación: siempre busca aislarse del mundo y el mundo se le vino encima porque irrumpe la desigualdad. Los alumnos que no tienen computadora, los alumnos que no tienen una casa decente para poder trabajar, aislarse, los alumnos que no tienen conectividad. Irrumpen las fallas de los profesores, el profesor por fin no sabe y lo tiene que decir. Irrumpe la casa, porque la escuela siempre está separada de la casa, acá vemos todos la casa de todos."

Asimismo agregaba: “ Irrumpe internet también, porque internet tiene más de 20 años, pero [no nos habíamos enterado] de que el mundo había cambiado y que todas las metodologías de enseñanza estaban absolutamente a disposición. Eso por un lado genera pánico, por otro lado es genial porque podemos aprovechar para tumbar falsas paredes de la torre de marfil que no habíamos tumbado.”

José María del Corral, director mundial de Scholas, se dirigió a los docentes: “No es el virus el que rompió el sistema educativo, ya estaba roto y seguíamos entreteniéndonos. En el primer encuentro de Scholas en el 2013 con el Papa Francisco convocamos a los señores de Google, Microsoft, IBM, Facebook y Globant, y ellos no entendían por qué estaban sentados ahí. Antes hubiéramos llamado a arquitectos a pensar el aula, pero esta aula los necesitaba a ellos. Y se empezó a construir de a poquito Scholas.Social. Un aula sin paredes, un aula sin pasaportes, un aula global”.

Por último los alentó a volver a plantear un espacio de encuentro: “Seamos docentes y no enseñantes. Tenemos un espacio único en la historia de la humanidad, somos médicos: de las emociones, de la salud mental y espiritual. Creo que esto vino para quedarse. Nuestros alumnos nos están pidiendo a gritos otra cosa.”

Los estudios de impacto realizados por el área de Evaluación de la Organización luego del Cibercentro mundial de docentes fueron avalados por 16 Universidades de distintos lugares del mundo y revelaron que: al finalizar el Encuentro la intensidad de la alegría en el grupo había aumentado un 21,77%, mientras que el orgullo por sus colegas se incrementó un 15,83%. Del mismo modo la prosocialidad del grupo registró un aumento del 16,5%. La intensidad de la angustia en el grupo disminuyó un 24% al finalizar el Encuentro.

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Fuente: Scholas Occurrentes