Consumo de lácteos, un hábito fundamental para garantizar calidad de vida

La leche es el principal alimento implementado para el combate de la desnutrición infantil.

Sólo 1 de cada 3 adultos ingieren las dos porciones de leche estipuladas por día. La estadística surge a partir de un relevamiento realizado por el Centro de Estudios de Nutrición Infantil (CESNI) que evaluó los hábitos de consumo de productos lácteos en la dieta de personas de entre 19 y 65 años.

Pero, la situación se torna aún más preocupante al momento de evaluar el consumo de leche entre los más chicos. El estudio determinó que el patrón de consumo de productos lácteos como leche, yogur y queso es aún menor durante la niñez y adolescencia. El 72% de los niños y el 90% de los adolescentes no alcanzan a consumir las tres porciones diarias establecidas para garantizar el aporte de calcio fundamental para el desarrollo en dos etapas cruciales del crecimiento.

La única franja etárea que sí consume los niveles óptimos, son los niños menores de dos años. En cambio, el resto de la población tiende a exceptuar la leche de su régimen alimenticio.

Una de las principales causas de esta tendencia se basa en los hábitos y pautas incorporadas desde la más temprana infancia. El doctor Esteban Carmuega, uno de los autores del estudio, sostuvo que en la actualidad la leche es un producto consumido casi exclusivamente durante los dos primeros años de vida, y luego cuando los niños adquieren conductas más autónomas a la hora de seleccionar los alimentos, tienden a perder el hábito de ingerir productos lácteos en las dosis recomendadas, o sea, tres veces al día.

En un contexto actual en el cual los hábitos alimentarios se han modificado producto del ritmo y estilo de vida caracterizados por la ausencia de tiempos prolongados para realizar las cuatro comidas diarias, ciertos alimentos han quedado desplazados de la dieta, y la leche fue uno de los más relegados.

En el marco de la rutina alimentaria propia de nuestro tiempo, se han excluido dos comidas fundamentales, especialmente para los niños y adolescentes, como lo son el desayuno y la merienda.

La investigación estableció que ambas costumbres alimenticias se fueron extinguiendo como hábitos en las familias latinoanericanas. Si bien, no han desaparecido completamente, se realizan de manera desordenada y aleatoria, y además, hoy son los niños quienes eligen qué tipo de alimentos consumir por la mañana o la tarde.

El estudio recomienda que la escuela, además de los padres, debería ser un agente de cambio y de incorporación de buenos hábitos alimenticios entre los más chicos.

Pero, además de la palabra también es importante el ejemplo. Es decir, si los adultos no consumen productos lácteos, los niños no encuentran un referente o un parámetro concreto sobre la importancia de adquirir buenos hábitos alimenticios. El Dr. Carmuega recomienda y alienta la importancia del rol de los padres a la hora de transmitir con las palabras y los hechos cuáles son los alimentos fundamentales para favorecer a la salud y al crecimiento de sus hijos.

Si los adultos ejercerían en su vida cotidiana elecciones saludables, los niños tomarían decisiones más óptimas a la hora de elegir sus alimentos en su casa o en la escuela.

La leche y sus bondades para la salud

La Organización Mundial de la Salud definió a la leche como el “alimento más completo para el ser humano, por sus incomparables características nutricionales”. El fundamento de esta afirmación se basa en su composición ya que contiene proteínas de alto valor biológico y diversas vitaminas y minerales imprescindibles para la salud humana. Además, es la fuente por excelencia del calcio dietario.

En el caso de los lactantes, la leche materna debe ser el primer alimento que reciba el niño ya que es fundamental para su óptimo crecimiento y desarrollo, ya que contiene todos los nutrientes necesarios y en las cantidades adecuadas para una correcta alimentación.

La leche es además, el principal alimento implementado para el combate de la desnutrición infantil por sus altas dosis de Calcio, Cinc, Magnesio, Potasio, Fósforo, Vitamina D, Vitaminas del Complejo B, entre otros, que son de primera necesidad para el desarrollo físico y neurológico de los niños.

Con respecto a las recomendaciones sobre las porciones diarias varían según la edad. En el caso de los niños de más de dos años, adolescentes, embarazadas y mujeres que se encuentran amamantando se deben ingerir tres porciones diarias. En cambio, en los adultos dos raciones son suficientes.

Se considera a una porción a un vaso de leche, un pote de yogur, una porción de queso equivalente a una cajita de fósforos o dos cucharadas soperas de queso rallado.

¿Por qué es importante respetar el nivel establecido? Además de optimizar la salud en el presente, la ingesta de leche, en las raciones estipuladas por edad, previene el surgimiento de las Enfermedades Crónicas No Transmisibles-ECNT, como Obesidad, Hipertensión Arterial, Diabetes, Dislipemias, Síndrome Metabólico y Osteoporosis.

Además, los productos lácteos poseen características funcionales al fortalecimiento sistema inmune, contrarrestando la acción de las bacterias patógenas, contribuyendo a normalizar el tránsito intestinal y resultando adecuados para el tratamiento de diarreas, episodios de constipación y en la prevención y tratamiento de otros trastornos intestinales.

Los productos lácteos con indispensables para el desarrollo y crecimiento de los niños y adolescentes y son fundamentales para la prevención de enfermedades durante la adultez. Incorporar la leche como un alimento protagonista de la dieta es contribuir al cuidado de la salud.

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Por Eugenia Plano