Caminatas entre montañas, ríos y campos de hielo

El Chaltén, "capital nacional del trekking", propone disfrutar a pie de los paisajes cordilleranos. Además, el Lago del Desierto y el paraje La Leona, donde funciona un centenario hotel.

Al principio era nada más que una escapada "salvaje" de quienes viajaban hasta El Calafate o un destino apto sólo para amantes de la montaña y la escalada extrema. Pero desde hace unos años El Chaltén, en el sudoeste de la provincia de Santa Cruz, se ha convertido en un destino con peso propio, que atrae a admiradores de la naturaleza de todas las latitudes.

Al pie del majestuoso cerro Fitz Roy y en un recodo entre los ríos de las Vueltas y Fitz Roy, El Chaltén aparece como un refugio perfecto contra el viento y el frío patagónicos. Es más conocida como "Capital nacional del trekking" y tiene con qué justificar ese título: los senderos para los caminantes se multiplican dentro del Parque Nacional Los Glaciares y en la zona que rodea Lago del Desierto, unos 35 kilómetros hacia el norte, a pasos de la frontera con Chile. Y para los más osados, es la puerta de acceso a los gigantescos campos de hielo, la tercera extensión de hielos continentales más extensa del mundo, tras la Antártida y Groenlandia, con casi 17 mil kilómetros cuadrados de hielo.

Lo cierto es que El Chaltén es uno de los pueblos más jóvenes del país: fue inaugurado el 12 de octubre de 1985 -durante la presidencia de Raúl Alfonsín-, no por motivos turísticos sino por razones estratégicas: impulsar la presencia argentina en esta zona cordillerana -hasta entonces aislada-, ante el litigio abierto en esos años con Chile por la soberanía del cercano Lago del Desierto. El censo de 1991 contabilizó 41 habitantes y en 2001 sumaban 371. En la actualidad son poco más de 1.600 y la oferta de alojamientos se amplió tanto que ya hay incluso hoteles de 3 y 4 estrellas, además de numerosos hostels, albergues y cabañas.

Humo sobre la montaña

"Montaña que humea" es la traducción de la palabra tehuelche chaltén, derivada de las nubes que suelen rodear la afilada cumbre del cerro Fitz Roy, a 3.375 metros de altura, la más espigada del cerro Torre, justo a su lado, con 3.133 metros, y el cerro Standhart, de 3.050 metros. Las cimas de las dos primeras están entre las más buscadas por experimentados montañistas de todo el mundo debido a su dificultad: las paredes verticales de roca, el hielo, el frío y el infatigable viento patagónico suman niveles de dificultad como para amedrentar a los más avezados.

En este paraíso de caminantes los senderos parten desde el mismo pueblo, y las opciones van desde sencillos recorridos autoguiados a largas travesías, de varios días, por los campos de hielo o incluyendo escalada o trekking de altura. Entre los senderos de menor dificultad está Chorrillo del Salto, que en unos 40 minutos lleva a una cascada de 14 metros de altura en medio del bosque de lengas y ñires. También Laguna Torre, un recorrido tradicional, ideal para un contacto bien cercano con un lugar de paisajes imposibles. Las orillas de la laguna regalan uno de los mejores paisajes de la región. Laguna Capri es otro de los clásicos sencillos, de igual dificultad que Piedras Blancas. Sin embargo, vale la pena un esfuerzo mayor: el sendero Laguna de los Tres desafía con una mayor dificultad y una pendiente considerable. Pero luego de unas 5 horas de caminata, el premio es mayúsculo: la vista al cerro Fitz Roy desde este punto resulta simplemente inolvidable, casi al alcance de la mano, con los glaciares colgantes y la Laguna Sucia, que a pesar de su nombre tiene hermosas aguas turquesas, justo debajo, a los pies del gigante de piedra.

Hacia el lago y Chile

Las propuestas de trekking y paisajes deslumbrantes siguen hacia el norte del Chaltén. A 37 km por la ruta provincial 23 está Lago del Desierto, un paraíso de bosques y pequeños saltos de agua que se empeñan en contradecir la aridez de su nombre. Desde el extremo sur del lago -que en verdad es, técnicamente, una laguna-, la caminata más tradicional es la que va al glaciar y la laguna Huemul, desde donde se puede ver el Fitz Roy desde otro ángulo -su cara norte- y el valle del río las Vueltas. De aquí está la opción de hacer una caminata de casi 14 km hasta la punta norte -son unas cinco horas-, donde parten otros recorridos, o hacer el trayecto en una embarcación que navega el lago en temporada alta. Desde la punta norte hay 5 km más de caminata hasta el cruce a Chile en Portezuelo de la Divisoria, para seguir luego las caminatas entre los bosques y las montañas del país vecino (atención, que si se piensa cruzar, los trámites migratorios hay que realizarlos en El Chaltén).

A mitad de camino entre El Chaltén y Lago del Desierto se cruzan dos ríos: primero el Blanco y poco después, el Eléctrico. Es en este punto donde nace el sendero que lleva a Piedra del Fraile, el paso al mundo mágico, blanco y desierto de los hielos continentales, donde se realizan travesías que pueden durar hasta diez días. La oportunidad de caminar sobre el mayor manto de hielo del planeta luego de la Antártida, en el que nacen los glaciares patagónicos -como el Perito Moreno-, una aventura sólo para avezados y con muy buen estado físico.

Rumbo a La Leona

La ruta 23 une la ruta 40 con El Chaltén recorriendo la orilla norte del lago Viedma, uno de los mayores lagos de la Argentina. Tiene nada menos que 80 kilómetros de largo -es, sí, el más largo del país- y un ancho promedio de 15 km. Fue formado a lo largo de millones de años por las glaciaciones, y algo de aquel pasado remoto puede aún contemplarse en una excursión al glaciar Viedma, el mayor del país y el segundo más grande del hielo patagónico sur después del Pío XI (o Brüggen), en Chile. Navegar entre témpanos hasta las paredes del glaciar y luego caminar sobre él es una de las excursiones imperdibles desde El Chaltén.

Tanto como la visita al hotel de campo La Leona, casi a medio camino entre El Chaltén y El Calafate. En este punto de la estepa, donde el puente de la ruta 40 saltea el caudaloso río La Leona, este centenario hotel supo albergar a numerosos colonos y pastores que aguardaban para cruzar el río con sus ovejas en la antigua balsa. Pero también a huelguistas de la rebelión de obreros patagónicos y hasta a los legendarios bandidos Butch Cassidy y Sundance Kid.

Esas y muchas otras antiguas historias reviven entre sus paredes. Pero también hay lugar para la acción: un rafting por los rápidos del río La Leona, siempre, claro, con la silueta vigía del Fitz Roy.

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Por Pablo Bizón / www.todoviajes.com