Adictos al trabajo y sus consecuencias sobre la crianza de los hijos

El adicto al trabajo no se da cuenta que no está educando a sus hijos. Cuando después del excesivo trabajo, llegan a sus casas tan cansados física y mentalmente, ya no les quedan energías, para dedicárselas a su familia.

En una época en la cual trabajar en exceso para cubrir las necesidades de la familia es una realidad ineludible, llevar lo laboral constantemente al hogar puede tener consecuencias más que negativas. El término adicción al trabajo apareció en 1968, cuando un profesor americano de religión, Oates, lo utilizó para referirse a su propio trabajo y lo comparó con el alcoholismo. Más tarde, Oates definió workaholism como una necesidad excesiva e incontrolable de trabajar incesantemente, que afecta a la salud, a la felicidad y a las relaciones de la persona.

Francisco Grass especialista en educación y director del sitio Escuela para padres - Mi Cumbre, basado en temáticas de padres e hijos, también relaciona la adicción al trabajo a otras como la droga o el juego. Pero, quizá la diferencia entre ésta y otras adicciones sea que un workaholic se encuentra legitimado socialmente. Inclusive, es valorado a nivel social y por su entorno más íntimo cuando en realidad se encuentra evadiendo o descuidando a su familia.

“El adicto al trabajo no se da cuenta que no está educando a sus hijos. Cuando después del excesivo trabajo, llegan a sus casas tan cansados física y mentalmente, ya no les quedan energías, para dedicárselas a su familia. De ahí que muchos hijos ven a sus padres, simplemente como proveedores económicos y no como padres educadores. Algunos padres están tan ocupados en intentar dar a sus hijos lo que no tienen, que no les queda tiempo para darles lo que tienen, que es amor, comprensión, formación y educación“, afirma el especialista.

En este contexto, la figura paterna se pone en juego. Su ausencia puede traer consecuencias sobre la salud mental del niño, quien observa como su padre existe como tal pero no le dedica su tiempo de ninguna manera. Por su parte, el Lic. Fernando Mansilla Izquierdo destaca que la diferencia entre la adicción al trabajo y trabajar mucho reside en que el adicto está desprovisto de un regulador interno que dice cuándo tiene que parar.

El especialista destaca que si la situación no se revierte, en la mayoría de los casos, el hogar se quiebra, “conduce al aislamiento, al divorcio y a la destrucción de la convivencia familiar. Las consecuencias pueden ser muy negativas“.

En este contexto, es fundamental el rol de la familia. No legitimar esta conducta es el primer paso, ya que si se la justifica la adicción continuará y será muy difícil que la persona afectada pueda pedir ayuda. Algunas de las alternativas que pueden despertar la toma de conciencia del hombre o mujer adicto al trabajo son: primero aceptar el cuadro de situación y luego entender que es posible delegar que no todo depende de sí mismos.

La jornada laboral debe ser la que designa el trabajo específicamente y llevar el trabajo a casa, sólo debe ser una situación excepcional y no cotidiana. La vida familiar está en riesgo y la clave está en brindar tiempo cualitativo a nuestros hijos. El tiempo es una de las pocas cosas que nos iguala a todos.

Es limitado y no recuperable. Todos disponemos de 24 horas diarias, nadie puede tener ni más, ni menos tiempo, por mucho que quiera añadir o quitar. Ni los ricos tienen más horas, ni los pobres tienen menos. Pero cada persona lo administra de forma diferente. Si se organiza bien y no lo desperdicia, la educación de los niños será más sana y óptima.

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Redacción