Adicción al juego, una compulsión que crece y puede prevenirse

Una de las adicciones que más afecta a los argentinos es la ludopatía o también llamada compulsión al juego, definida como un trastorno de la personalidad cuya principal característica es la imposibilidad y dificultad para controlar los impulsos

Nuestro tiempo tiene una cuenta pendiente en el análisis, prevención y puesta en práctica de diversas acciones para solucionar y evitar el incremento de las adicciones.

En los últimos 20 años, su crecimiento fue la constante. Diversas compulsiones asociadas, por ejemplo, al consumo excesivo de alcohol, drogas legales e ilegales, hablan de una época signada por el incremento de las conductas adictivas en la actualidad.

Pero estas adicciones no son las únicas y Argentina se ha convertido en un país que registra uno de los mayores índices a nivel mundial con respecto a este tipo de patologías.

Una de las adicciones que más afecta a los argentinos es la ludopatía o también llamada compulsión al juego, definida como un trastorno de la personalidad cuya principal característica es la imposibilidad y dificultad para controlar los impulsos.

La Sociedad Americana de Psiquiatría (APA) define a este tipo de adicción en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales como una compulsión similar a la del consumo de drogas o alcohol.

Es decir, se trata de una adicción, en la cual si bien no hay un consumo de estimulantes, la compulsión recae sobre los juegos de azar y así, prima la imposibilidad de controlarse de manera idéntica que al consumo excesivo drogas.

La adicción en números

La ludopatía es en la actualidad una de las adicciones que atraviesan a la Argentina. A partir de un estudio realizado durante el 2012 en la Ciudad de Buenos Aires se determinó que 7 de cada 10 porteños poseen el hábito de jugar al bingo, a las cartas, a los caballos, a las maquinas tragamonedas, a la lotería o a los juegos de azar online.

Pero, el juego para un gran porcentaje de casos no es una diversión esporádica sino una adicción. En la Capital Federal, más de 58.000 mayores de 18 años confesaron su preocupación por su modo de jugar y 16.300 de ellos reúnen por lo menos cinco de los ocho criterios diagnósticos de la ludopatía que define el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales.

Estos datos fueron aportados por el "Estudio sobre prevalencia del juego patológico en mayores de 17 años de la ciudad de Buenos Aires", que intenta analizar y avanzar en la prevención de una patología que ha incrementado notablemente la cantidad de casos en la Capital Federal durante el 2012.

Una de las principales características de la ludopatía es el descontrol de los impulsos y por lo tanto, no existe conciencia plena de las pérdidas y riesgos que implica esta adicción tanto en quien la padece como en su entorno más cercano.

La investigación determinó que el 80% de las personas que padecen ludopatía vuelven a apostar para recuperar el dinero perdido y además, el 50% le miente u oculta las deudas de juego o el capital perdido durante sus apuestas a sus familiares.

Con respecto a la toma de conciencia sobre la adicción, un 50% intentó dejar de jugar pero no pudo hacerlo. Por otra parte, 2 de cada 10 jugadores admitieron tener deudas y piden dinero prestado para saldarlas o para seguir jugando.

La adicción actúa a modo de efecto domino, cuánto más se apuesta o se juega mayores son las probabilidades de cronificar o incrementar el nivel de compulsión al juego.

Prevenir es curar

Una de las claves para comprender, tomar conciencia y buscar soluciones concretas es comprender e informarse sobre la adicción. La definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es clara al respecto: “la ludopatía es una enfermedad crónica y por lo tanto quien la sufre la padecerá siempre“.

Es decir, al igual que en el caso de la adicción al alcohol o las drogas, en el proceso de recuperación se deben mantener una serie de hábitos cuya precisos para evitar las tentaciones, recaídas y la exposición al impulso de volver a jugar.

Las consecuencias de esta adicción no sólo afectan la salud física de quien la padece. Lo más frecuente es que quienes sufren esta compulsión involucren a sus familias , tanto en el aspecto económico (a través de la venta o permanente apuesta de su patrimonio o el de sus familiares) como también en lo emocional. Las mentiras, las ausencias, la ansiedad y la angustia, son las características que definen a un adicto al juego quien no puede controlar las consecuencias de su adicción ni para si ni para con su entorno.

Pedir ayuda es la mejor estrategia para salir adelante. En la Argentina existen diversas ONG´s y dependencias gubernamentales abocadas al abordaje integral del paciente que padece ludopatía.

En el 2005, ante el crecimiento de esta adicción en la última década, el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires creó el Programa de Prevención y Asistencia al Juego Compulsivo, que ofrece un tratamiento específico para la adicción del cual ya forman parte 4.600 pacientes.

El plan cuenta con una línea gratuita que recibe un promedio de 140 llamados mensuales, en los cuales reciben orientación e información acerca del tratamiento y son derivados directamente a los diez centros creados en la Provincia para la cura de esta adicción.

Uno de los programas que ofrece la iniciativa bonaerense es el “plan de autoexclusión”, en el cual en el marco del tratamiento y a través del consentimiento libre y voluntario del paciente, se le impide la entrada a bingos, hipódromos y casinos.

En la actualidad, unas 2000 personas han optado por asumir este compromiso en la cura de su adicción. Para formar parte de este plan se debe completar un formulario en los distintos centros de atención en el cuál expresan su voluntad de autoexclusión de todo sitio vinculado a los juegos de azar. El documento se remite a Loterías y Casinos y desde allí a todas las salas.

Tomar conciencia es el primer paso para la cura de toda adicción. La ayuda existe y es de radical importancia difundir y aplicar planes de acción estratégicos para sanar a la sociedad de nuestro tiempo, que sin dudas se encuentra atravesada por el incremento permanente de las adicciones.

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Por Eugenia Plano