Tomar un café en Buenos Aires, un hábito que podría convertirse en Patrimonio de la Humanidad

Con el fin de preservar y consolidar este hábito como el ADN de Buenos Aires, el gobierno porteño realizó un pedido formal a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) para que lo declare Patrimonio Intangible de la Humanidad.

“Vamos a tomar un café”, esta frase en Buenos Aires no es sinónimo de consumo sino de encuentro. En la capital argentina los bares son un hogar para los amigos, y a pesar del paso del tiempo en la ciudad del fin del mundo las horas transcurren sin urgencia cuando de compartir un café se trata.

Con el fin de preservar y consolidar este hábito como el ADN de Buenos Aires, el gobierno porteño realizó un pedido formal a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) para que lo declare Patrimonio Intangible de la Humanidad.

Y, ¿cuál fue el argumento? La secretaria de Patrimonio Cultural del gobierno de la ciudad explicó que en Buenos Aires la tradición de tomar un café trasciende el acto en si mismo y son los porteños quienes hace más de un siglo han perpetuado este hábito como un símbolo único e identitario de la ciudad.

En Buenos Aires sus cafés son además el escenario predilecto de turistas de todo el mundo, no sólo por el clima y el ambiente generado por los porteños sino también por su belleza arquitectónica.

La mayoría de los bares tradicionales de la ciudad fueron construidos a principios del siglo XX y además de ser el punto de encuentro de los amigos o las parejas, fueron el marco de encuentros políticos de las etapas que definieron la historia argentina.

Este es el caso de el Bar El Británico (Brasil y Defensa), en pleno barrio de San Telmo. En sus mostradores y fachadas originales desde su creación, en la década del ‘20, el lugar debe su nombre a los acontecimientos que se vivieron en sus mesas. El bar fue el punto de reunión y encuentro de ex combatientes Ingleses de la Primera Guerra Mundial, alojados en la vieja casona de la avenida Garay, lo que hoy se conoce como el Hotel Savalía.

También fue el ícono del tango en los años ‘40 y luego de la bohemia de Buenos Aires durante la década del ‘60 y hoy sus mesas son Patrimonio Cultural de la Ciudad.

Pero el bar con mayor trayectoria en la ciudad es el Café Tortoni. Fundado en 1958 es el más antiguo de la ciudad y entre sus clientes más notables se encontraban los escritores Jorge Luis Borges, Luigi Pirandello, Federico García Lorca y Julio Cortázar, así como los músicos Arthur Rubinstein y el mítico Carlos Gardel, quien siempre tenía una mesa reservada para él, lejos de la vista de sus admiradores.

El Gobierno de la Ciudad tiene tiempo hasta finales del mes de abril para presentar ante la UNESCO, su testimonio sobre cómo la tradición de tomar un café en Buenos Aires merece ser considerada Patrimonio Cultural Intangible de la capital argentina.

Y a pesar de los resultados, hoy en la ciudad los bares son la huella digital que cuentan su historia y mantiene viva su memoria.

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