¿Somos todos los ciudadanos iguales frente al poder político?

Mientras en la democracia se predica la igualdad de la sociedad entera, ¿por qué el ciudadano debe ganarse la vida con un salario normal cuando para la clase política el sueldo es sólo uno de los beneficios?

Hay una constante que se repite sin importar credo, nacionalidad o ideología dominante en un país. Cuando un gobierno insta a sus ciudadanos al ahorro, el ejemplo nunca empieza por casa

La convocatoria se orienta a un pueblo que ya con los bolsillos flacos, no puede gastar menos de lo que gasta. Pero, ¿qué pasaría si sucede al revés? Si la clase política, presidentes, ministros, gobernadores, intendentes, diputados, senadores y funcionarios públicos excluyeran de sus rutinas diarias todo aquello que implica millonarios gastos improductivos y que en lugar de devolverlo en contraprestaciones a la ciudadanía, sólo llega a sus propios bolsillos.

Ser político tiene demasiados privilegios, y hasta ahora ninguno de ellos ha tenido la coherencia para decir y hacer lo que se predica en campaña. ¿Existe ejemplo de un funcionario estatal que haya renunciado absolutamente a todos los privilegios que le brinda el poder?. ¿Cuáles son estos privilegios?. ¿Cuánto gasta el Estado en los beneficios para sus miembros?.

Mientras en la democracia se predica la igualdad de la sociedad entera, ¿por qué el ciudadano debe ganarse la vida con un salario normal cuando para la clase política el sueldo es sólo uno de los beneficios? ¿Somos todos los ciudadanos iguales frente al poder?.

La desigualdad entre ostentar un cargo público y ser un individuo normal, es inconmensurable. Cuando un individuo debe trabajar al menos 35 años para poder cobrar su jubilación, un diputado o un senador sólo deberá permanecer 7 años en un cargo para optar por una pensión máxima.

En la Argentina, el gobierno gasta el 22 por ciento de su presupuesto en "gastos públicos" ¿Cuánto dinero no se le devuelve a la comunidad? Jamás habría que olvidarse que la fuente de esa cifra proviene del sacrificio de los ciudadanos de un país.

Además, si se le suman los fondos fiduciarios y algunos fondos que se gastan sin ingresar al presupuesto oficial, la cifra aumenta al 30 por ciento del presupuesto.

Entonces, si a un ciudadano se le pide que ajuste su presupuesto, ¿será posible pedir que parte del dinero que le quita el Estado vuelva dónde corresponde? Una respuesta positiva es una utopía allá a lo lejos.

Los viajes austeros tampoco existen en un país con 14 millones de pobres. El uso del presupuesto nacional para hospedarse junto a extensas comitivas en lujosos hoteles y darse todos los gustos, es un beneficio que sólo unos pocos pueden disfrutar.

"Ventajas" de ser político

  • No deben trabajar 35 años para jubilarse.
  • Con sólo transitar por un cargo se les otorga una pensión, para nada despreciable, que se habilitará en sus cuentas.
  • No tienen gastos de trasporte de ningún tipo, ni para llegar a sus puestos de trabajo ni para viajar por placer.
  • Tienen cubiertos sus gastos telefónicos y poseen una caja "chica" para gastos a su antojo.
  • Con gran parte de su vida absolutamente gratis, el saldo restante les quedará para darle más placer a sus vidas.
  • La gran mayoría vuela en clase ejecutiva o primera clase. Muy pocos lo hacen en clase económica o turista.
  • En los controles migratorios, tienen privilegios de acceso que no tiene el ciudadano común.

¿Qué le pasa al ciudadano común?

  • Debe trabajar 35 años a fuerza de sacrificio en un contexto de crisis económicas, con retenciones del Estado y procesos inflacionarios, para luego poder recibir una pensión que no alcanza.
  • Todos los gastos corren por cuenta propia.

Ser político o funcionario debería entenderse como una "Carga Publica". Por vocación. Con un salario normal de mercado, sin privilegios, sin autos con chofer, sin viáticos alarmantes. Los ciudadanos "comunes", manejamos nuestro auto, viajamos en bus, colectivo, nos pagamos las comidas y hacemos cola para cualquier trámite .

La desigualdad es ostentosa. La relación entre el Estado y el ciudadano, en este sentido, parece la de un amo y un esclavo, en donde uno trabaja para abastecer al otro.

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