Poner límites, el mayor desafío para los padres del siglo XXI

La tendencia es que en las nuevas familias se opta por dar una libertad desmedida a los hijos. Sin embargo los límites, cuando se ejercen desde la coherencia de la práctica, casi no necesitan palabras.


En las nuevas familias las decisiones se toman en conjunto y el cuestionamiento de los hijos sobre las normas es una constante presente en la mayoría de los hogares, por lo tanto los desafíos son diferentes en la misión de optimizar la crianza. Pero, ¿cómo se podrían definir a estas nuevas familias? Según un estudio realizado por la cátedra de Sociología de la Cultura de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, los nuevos vínculos familiares se destacan por “una creciente inestabilidad, la disminución de hijos por cada pareja, la resistencia generalizada a formalizar las uniones, la convivencia bajo el mismo techo de hijos de diferentes relaciones y muchas veces de distintas generaciones“.

La investigación destaca el nacimiento de una “nueva cultura afectiva”, protagonizada por las nuevas generaciones que se destacan por mantener vínculos un tanto más inestables o casuales en lo que se refiere a la pareja.

Ante los sucesivos cambios en la estructura familiar tradicional, se infiere una crisis de valores y hasta el peligro de la familia como institución fundamental de la vida social. Pero, ¿es verdaderamente una crisis o bien en la actualidad hay mayores posibilidades de libertad tanto en la elección de vínculos como en el deseo de la familia que se quiere conformar? La Dra. Deborah Fleischer, autora de Clínica de las transformaciones familiares, afirma que se habla de crisis desde un ideal anterior. Es decir, la caída de la autoridad patriarcal no es la causa de una crisis de valores, sino más bien son otras las variables las que entran en juego.

“Los acontecimientos que convirtieron a la familia en su modelo actual - explica- son tres: la función de organizar la convivencia, la sexualidad y la procreación. No hay crisis como tal, lo que hay son transformaciones que nos enseñarán configuraciones inéditas de los lazos familiares".

Pero, el nuevo modelo sí encuentra falencias en algunos aspectos. La Dra. Fleischer destaca que los portavoces de la crisis familiar son los adolescentes. Son ellos quienes reprochan a sus padres que ocupan demasiado tiempo en las actividades laborales, y ya no les queda tiempo para la comunicación en el seno familiar. O bien, en algunos casos el reclamo de los hijos se sustenta en la inmadurez de sus propios padres: “Muchas veces son los hijos los que denuncian claramente la falta de límites de sus propios padres”, afirma.

En dicotomía con el modelo anterior, en las nuevas familias se opta por dar una libertad desmedida a los hijos. Un estudio realizado por la Sociedad Argentina de Terapia Familiar (SATF), confirma esta tendencia. Su responsable, María Esther De Palma, presidenta de la SATF, arriba como conclusión que “los chicos están demandando reglas del juego más claras. Hay una gran crisis con la figura de autoridad que deberían representar los adultos”.

Las nuevas familias han incorporado una mayor autenticidad a la hora de elegir los vínculos y relacionarse. Hoy la coacción no es la norma, sino lo es la comunicación y la educación emocional en pos de optimizar los lazos y sobre todo, predicar desde el ejemplo. Los límites cuando se ejercen desde la coherencia de la práctica, casi no necesitan palabras.

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Por Eugenia Plano