Ni furry ni cosplay: “therians” y el origen inesperado de un nombre que genera debate
El término therians proviene del griego y define a quienes integran una identidad animal en su vida cotidiana.
Therians es una palabra que comenzó a circular con fuerza en redes sociales y medios de comunicación, pero su origen es mucho más antiguo de lo que muchos imaginan. El término no nació en internet ni en una moda reciente. Su raíz se encuentra en el griego “therion”, que significa “bestia” o “animal salvaje”. Esa etimología permite comprender el sentido profundo que quienes se identifican de esta manera atribuyen al concepto.
Para los therians, el nombre no es un simple rótulo. No se trata de una estética pasajera ni de un disfraz ocasional. La palabra intenta describir una autopercepción: la sensación de que una parte esencial de su identidad está vinculada a una especie animal no humana.
De dónde viene la palabra therian
El término deriva del vocablo griego “therion”. En la antigüedad, esa palabra se utilizó para referirse a animales salvajes o bestias. Con el paso del tiempo, el concepto fue adoptado en entornos digitales para describir una experiencia identitaria particular.
La elección del nombre no fue casual. Quienes se reconocen como therians sostienen que su conexión con el reino animal no es simbólica, sino interna y persistente. La palabra funciona como una herramienta lingüística para expresar algo que consideran difícil de explicar con categorías tradicionales.
Esta dimensión etimológica resulta clave. No se trata solo de un seudónimo. El término busca legitimar una vivencia subjetiva que, según sus integrantes, forma parte de su identidad psicológica o espiritual.
El surgimiento en internet durante los años 90
Para entender el fenómeno es necesario retroceder a la década de 1990. En ese período, surgieron comunidades virtuales bajo el concepto de “otherkin”. Estos grupos reunían a personas que afirmaban identificarse, en un plano espiritual o identitario, con seres no humanos.
En sus inicios, muchos participantes se vinculaban con criaturas mitológicas, como elfos o dragones. Con el tiempo, esa corriente se diversificó. Apareció una vertiente centrada exclusivamente en animales reales del planeta. Allí se consolidó el término therians.
El desarrollo de foros y espacios digitales permitió que individuos con experiencias similares se encontraran y compartieran relatos. Esa interacción fortaleció la construcción de una identidad colectiva.
Qué significa ser therian
Para quienes integran esta comunidad, ser therian implica reconocer que una parte de su identidad está asociada a un animal específico, con frecuencia mamíferos como perros, gatos o zorros.
No lo describen como un juego. Tampoco como un simple interés estético. Afirman que se trata de una autopercepción constante que influye en su forma de sentir y, en algunos casos, de comportarse.
Algunos testimonios señalan que experimentan impulsos o sensaciones que asocian con la naturaleza del animal con el que se identifican. Otros explican que adoptan ciertos gestos o dinámicas corporales durante momentos de ocio o encuentros grupales.
Sin embargo, la mayoría aclara que mantienen una vida cotidiana convencional en ámbitos laborales, académicos y familiares.
La diferencia con el fenómeno furry
Uno de los puntos más debatidos es la distinción entre therians y el fenómeno furry. Aunque desde afuera puedan parecer similares, los propios integrantes marcan diferencias claras.
El movimiento furry se vincula principalmente con la afición por personajes antropomórficos y el cosplay. En ese entorno, el uso de trajes o accesorios responde a una expresión artística, lúdica o social.
En cambio, quienes se definen como therians sostienen que su identidad no depende de un disfraz. Pueden utilizar máscaras o colas como forma de expresión externa, pero aseguran que la conexión animal es previa y constitutiva de su identidad.
Esta distinción resulta central para entender por qué muchos miembros del grupo enfatizan que no se trata de entretenimiento, sino de una vivencia personal.
Presencia en el espacio público y debates sociales
En distintas ciudades, la visibilidad de personas que adoptan conductas asociadas a animales generó sorpresa y debate. En algunos casos, se observaron encuentros grupales en plazas o parques donde los participantes interactuaron entre sí bajo dinámicas que evocan comportamientos animales.
Estas escenas despertaron curiosidad y también cuestionamientos sobre los límites de la identidad contemporánea. Especialistas en estudios culturales señalaron que la modernidad amplió las formas de autoidentificación y expresión personal.
En ciudades como Buenos Aires, algunos episodios difundidos en redes sociales intensificaron la conversación pública. La reacción de los transeúntes osciló entre la sorpresa, la incomprensión y el interés.
Vida cotidiana y expresión personal
Pese a la exposición mediática, quienes estudian el fenómeno subrayan que la mayoría de los therians desarrolla actividades habituales sin alterar normas de convivencia.
Muchos participantes explicaron que reservan sus prácticas para momentos privados o encuentros específicos con personas que comparten la misma identidad. Utilizan el concepto de “manada” para referirse a esos grupos.
Desde su perspectiva, estas conductas representan una búsqueda de autenticidad y libertad. Consideran que la vida urbana moderna impone reglas que reprimen impulsos instintivos, y encuentran en estas prácticas una forma de reconexión simbólica con la naturaleza.
Identidad en la era digital
El crecimiento del término therians no puede separarse del impacto de internet. Las plataformas digitales facilitaron la creación de comunidades globales donde personas con experiencias similares pudieron intercambiar relatos y validar sus percepciones.
La posibilidad de nombrar una vivencia generó sentido de pertenencia. La palabra, con su raíz griega, aportó un marco conceptual que trascendió fronteras idiomáticas.
En un contexto donde las identidades se diversifican y se discuten en espacios públicos, el fenómeno invita a reflexionar sobre cómo se construyen las categorías sociales y personales.
El término, lejos de ser una simple etiqueta, concentra un debate más amplio sobre la autodefinición y los límites entre lo simbólico y lo identitario.
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