Lo que el tiempo no se llevó

Una capilla californiana es el refugio de golondrinas. También lo fue de humildes y extranjeros que no tenían dónde vivir. Fue construida por comunidades indígenas y en la actualidad sus objetivos y costumbres no fueron modificados.

Todo establecimiento está signado por su historia. Pero sólo algunos se detienen en el tiempo. Muy pocos se encuentran marcados, más allá de sus objetivos fundacionales, por una constante que parece negarse a revertirse con el paso del tiempo.

Ese lugar existe y se llama la Joya de las Misiones. Es una capilla ubicada a una hora y media de Los Angeles, en San Juan Capristano, un pueblo del sur de California, en Estados Unidos.

Fundada en el siglo XVIII, el lugar tuvo como una constante desde su creación el servir cómo refugio para aquellos que no tenían dónde vivir. Su origen es muy humilde, como el de los grupos indígenas de la región que ayudaron a su construcción. Para realizarlo, viajaban a las canteras más cercanas para trasladar las piedras con las que la capilla fue edificada.

Niños, hombres y mujeres unieron fuerzas para que un refugio para humildes y extranjeros pueda hacerse realidad.

Los tiempos cambiaron y las estructuras que sostenían al establecimiento religioso, también. La Joya de las Misiones vive cada año un evento que también marca la historia y uno de los acontecimientos que el tiempo no se llevó: el retorno de las golondrinas.

Éstas aves llegan a San Juan Capistrano todos los años y, al igual que aquellos pobres y extranjeros del siglo XVIII, eligen a la capilla como refugio.

La llegada de las golondrinas es una excusa para la celebración que data desde 1789. En marzo de ese año los padres franciscanos notaron que las golondrinas llegaban al pueblo en grandes bandadas, coincidiendo con el festejo por el aniversario de San José.

Desde entonces, durante una semana San Juan Capistriano es una fiesta. Los vecinos organizan bailes para celebrar la llegada de las aves.

A veces, el tiempo se comporta de forma extraña. La historia también. Para los que digan lo contrario, algunos recordarán que en un pueblito de California existe una capilla que desde tiempos de antaño sirve cómo refugio para desamparados, niños, mujeres y extranjeros. También para golondrinas.

Algunos dicen que los ideales se extinguieron, las causas se truncaron y la solidaridad está exiliada, quien sabe donde. Quizá la Joya de las Misiones sea un lugar en donde todavía no se enteraron de nada de esto y muchos seres vivos la sigan eligiendo para corroborar que no todos los refugios fueron aniquilados por la historia.

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