Las fiestas, una oportunidad para el cambio

"Voy a empezar una dieta. Voy a comenzar a estudiar. Voy a hacerme más tiempo para mi familia. Voy a cumplir mis sueños pendientes. Voy a cambiar de trabajo. Voy a tratar de ser más feliz".

Generalmente, los últimos días del año son el momento clave para proyectar aquello que queremos ser. El año del coronavirus nos encuentra en un estado de agobio emocional, stress y una "nueva normalidad" latente, que sólo indica que lo único permanente es el cambio y la incertidumbre.

Análisis y balances invaden diciembre. Nos arrepentimos de no lograr aquellos mismos objetivos que año a año nos proponemos y parece que no los podemos lograr en el vértigo de la cotidianeidad. Entonces, las innumerables metas nos abruman de manera tal, que terminamos fracasando en el intento.

¿Por qué justo en este momento del año nos sometemos a nosotros mismos a una presión que nos cuesta demasiado tolerar? ¿Es funcional a un verdadero cambio proyectar tantos planes y exigencias?

La Lic. Patricia Gubbay de Hanono, especialista en estudios del estrés y la ansiedad, lo explica: "lograr lo que nos proponemos no es una tarea que se puede hacer sin el otro. Son los familiares, amigos, vecinos y compañeros de trabajo; con ellos convivimos y con ellos abrimos el nuevo ciclo que comienza".

En este sentido, a la hora de pensar quién queremos ser y qué es particularmente aquello que queremos modificar sobre nosotros mismos es casi imposible de lograr sin tener en cuenta nuestros afectos y entorno. Incluirlos es la manera más apropiada para repensarnos y actuar en consecuencia.

"Es inevitable que las fiestas sean utilizadas como rituales en los que se repiten ciertos hábitos prefijados. Son momentos especiales porque inauguran una etapa nueva en la que es inevitable poner en la balanza lo que se ha logrado y lo que no. Es a través de esta evaluación que nos damos cuenta si estamos en el camino correcto para lograr nuestros objetivos. ¿Se cumplieron aquellos deseos que nos propusimos el año anterior? ¿Podemos reprogramar aquellos que nos quedaron pendientes para el próximo ciclo?" plantea Gubbay de Hanono.

Entonces, además de considerar a quienes nos rodean, ¿cómo lograr que los sueños no sólo queden en un deseo del brindis de fin de año? ¿Cómo tomar esta excelente oportunidad en la cuál nos proponemos el cambio poder hacerlo realidad?

Quizá lo más fundamental es proyectar metas que podamos cumplir. Planes a corto plazo en los cuáles trabajemos en el día a día para lograrlos. Además, en esta búsqueda y proceso para llevar a cabo nuestros objetivos es fundamental tener compañeros, familiares o amigos que participen, colaboren y nos ayuden a concretar paulatinamente nuestro deseo.

"Por qué no pensar en la vida como un gran deseo, uno donde quepan nuestros mejores anhelos, uno en que nos veamos reflejados como personas que ven la vida con alegría. El deseo energiza y nos alegra la vida. Nos da la posibilidad de emprender nuevos caminos, de confiar en que nuestros proyectos pueden cumplirse. Esta actitud positiva ante la vida hace que la comunicación con nuestros semejantes sea más fluida y amorosa. Por eso es importante que las palabras, deseo, paz, amor y felicidad no sean sólo enunciados sino que podamos introducirlas en nuestra vida cotidiana" recomienda la especialista.

Algunos de los objetivos quizá los concretemos y sobre el resto seguiremos luchando y aprendiendo a convivir con nuevas realidades, pero las fiestas no dejan de ser una oportunidad para celebrar el afecto y las ganas de ser mejores personas.

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