La nueva infancia, los niños híper estimulados

El vértigo del siglo XXI alcanzó a la niñez.

Existe toda una estructura planificada para que los niños ordenen sus rutinas en función de una serie de actividades que comienzan a las 7 A.M y pueden finalizar a las 7 P.M. Doce horas interrumpidas, son la realidad para muchos niños y adolescentes de la actualidad.

Esta tendencia se ha rutinizado socialmente para miles de familias alrededor del mundo. Pero, ¿es sana la hiperactividad y la hiperestimulación en los chicos? En un mundo que exige cada vez más, ¿es la alternativa más óptima o bien, existen otras opciones para garantizar un buen futuro?

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La sobrecarga, ¿es la única opción?

La Lic. Gisela Holc, considera que el contexto actual es la principal causa de la hiperactividad en la nueva generación. “El plan educativo se ha ido complejizando en los últimos años, a medida que la demanda de los padres y del mundo laboral fue exigiendo perfiles más completos: inglés, computación, natación, etc. Es decir , las escuelas privadas, no solo satisfacen la demanda educativa sino también las sociales y laborales“. Hace tan sólo algunas décadas atrás, la rutina en la infancia se encontraba atravesada por tres variables: la educación, la familia y la amistad, en la cual se incluía el aspecto lúdico. Hoy en día, el ocio es una actividad prácticamente relegada para las nuevas generaciones. La sobrecarga educativa es prioridad, y parte de la identidad de la infancia, se pierde en la vorágine de actividades. Entonces, ¿qué espacio queda para algunos de los pilares fundamentales de la niñez como el estímulo de la imaginación y la creatividad?

“La imagen de ver niños jugando a la pelota o al tinenti en la vereda ya es foto vieja, y lo viejo de la misma no es sólo la escena de la vereda como espacio físico donde jugar, sino el mismo hecho de jugar”, advierte la especialista. Además, destaca que hoy los adultos se caracterizan por tenerle cierto pánico al tiempo libre y este miedo es trasladado a sus hijos. “Esta generación no soporta el ocio porque lo vive como vacío y casi como depresión. Necesitan de las estructuras externas para ordenar sus vidas, y así se va perdiendo de vista las estructuras o las necesidades internas“. La Lic. Holc reconoce que esta actitud de los padres no es malintencionada sino que consideran que al ocupar al niño en diversas actividades se encontrará mejor preparado para su futuro académico y laboral. Entonces, la infancia es un período de proyección a largo plazo y en el medio, se pierden las verdaderas necesidades del niño.

En este contexto, ¿cómo el chico vive su infancia? Hoy la niñez pasa por la estimulación y los adultos instan al niño constantemente, a la acción ya que la pasividad o el descanso se observan como improductivos. La Lic. Holc, cita a Rosemond, un psicólogo estadounidense, que escribió varios libros haciendo referencia a este nuevo tipo de crianza y describió este fenómeno como el “síndrome de las familias frenéticas“.

Son familias caracterizadas por un alto nivel de tensión, que pasan sus días corriendo de una actividad a la otra, no permitiéndose espacios para relajarse y no tener nada que hacer. Son personas con agendas apretadas entre actividades laborales, cursos y eventos sociales. Dejando como consecuencia la falta de momentos para dialogar con los hijos e inculcándoles a los mismos sin percatarse creencias disfuncionales tales como “relajarse es sinónimo de vagancia” “ no hacer nada es malo”, lo que con el tiempo les dificulta identificar y manejar sus emociones. Es decir, aturdidos por la acción se relegan a si mismos, desaparecen sus deseos, tienen poca tolerancia a la frustración y reina el stress y la ansiedad como sentimientos protagonistas de su personalidad.

La especialista advierte que en el consultorio psicoterapéutico cada vez son más los niños que padecen trastornos de ansiedad generados por la híper actividad y estimulación excesiva. Los chicos llegan con síntomas tales como: comportamientos agresivos, problemas para dormir, cambios de hábitos alimentarios, oposición a participar en actividades familiares y escolares y preocupaciones de toda índole. “Los niños de hoy, al igual que los adultos -destaca la Lic. Holc- están padeciendo trastornos de ansiedad. Tanto hijos como padres, envueltos en una vorágine social, en una carrera hacia no se sabe donde, han perdido la capacidad de registrar las alertas corporales, conductuales y emocionales que indican la necesidad de parar. Así, se ve a niños colapsados, agotados y agobiados“.

Si la meta es dar y brindar herramientas eficaces para garantizarle a los niños una adultez plena, el stress y la ansiedad que genera la sobre carga de ocupaciones no es la respuesta. El derecho a la infancia es fundamental para generar un crecimiento sano. “Los chicos necesitan recuperar el espacio de juego, de descanso. Las familias necesitan replantearse y regular las exigencias y pensar que la infancia viene de la mano de la inocencia, la ingenuidad, la espontaneidad, y es necesaria ser vivida de la mejor manera posible“, recomienda la Lic. Holc.

Los chicos no entienden el futuro como un adulto, y allí quizá radique una de las mejores cualidades de la infancia. Acompañarlos, escucharlos, contenerlos y educarlos; en lugar de sobre ocuparlos; son algunas de las claves para fomentar valores que convertirán en sus cimientos para crecer.

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Por Eugenia Plano