La ambición es sorda, ciega y veloz. No escucha, no ve y avanza rauda.

Los límites y la búsqueda del equilibrio son la fórmula para que el éxito sea genuino y no sólo un espejo para la autoestima.

“La ambición es el último refugio del fracaso”, aseguraba Oscar Wilde, y parece no haberse equivocado. Hoy la psicología, la psiquiatría, la sociología y otras ramas de la ciencia vinculadas al comportamiento individual y social están analizando por qué presenciamos una época en la cual el desarrollo personal y profesional se asocia, en muchos casos, en forma directa con una carrera permanente por ser reconocido a través del dinero y el poder.

La constante insatisfacción en la vida personal, ¿lleva a estos individuos a focalizar en sus deseos en el afán por la acumulación? O bien, en la actualidad, ¿existe una crisis de valores que conlleva a nuevas valoraciones vinculadas a la relación directa entre el tener y el ser?.

La ambición desmedida se ha vuelto un patrón social y por ello, es estudiada. Así es como la Universidad de Notre Dame (Estados Unidos), realizó una investigación que estudió el comportamiento de personas ambiciosas y cuáles son las consecuencias para su salud física y mental. El estudio concluyó que los individuos ambiciosos tienen carreras más exitosas y salarios más altos, pero eso no significa que sean más felices, pero ″ su ambición impacta la satisfacción con la vida propia y afecta negativamente la longevidad”, afirma el autor de la investigación, el psicólogo Timothy Judge.

Es decir, los ambiciosos mueren más jóvenes y en su vida personal son menos felices. El estudio, publicado en la revista Journal of Applied Psychology, siguió las biografías de 717 personas durante varias décadas, comenzando en su infancia, siguiendo su inserción laboral y en algunos casos llegando hasta su muerte. Judge, quien personalmente supervisó cada caso, explicó que el gran esfuerzo que las personas ambiciosas invierten en sus carreras es inversamente proporcional a sus vida personal: "Quizá todo lo que apuestan en sus carreras afecta los factores que mejoran la expectativa de vida, como las conductas saludables, las relaciones estables y las redes sociales profundas. La ambición tiene sus costos".

La Lic. Nuria Costa, psicóloga clínica y autora de ¿Quiero esto a cualquier precio? La ambición, explica la diferencia entre la ambición como un motor para lograr objetivos y el exceso en esta conducta. “La ambición vive enmascarada entre factores positivos y negativos para el individuo. Por una parte podemos entenderla como motor de crecimiento, como necesidad de confianza en uno mismo, como motivación personal y como factor de competitividad dentro de la interacción social. Pero en el lado oscuro de la moneda la ambición también convive con los aspectos negativos tales como los celos, la envidia, el egocentrismo, al miedo al rechazo y diferentes sentimientos de inferioridad o baja autoestima. En definitiva; somos ambiciosos porque queremos mejorar como personas, con nosotros mismos pero también puede que lo seamos porque necesitamos demostrar que somos mejores que el de al lado“.

En la ambición se ponen en juego variables vinculadas con el autoestima del individuo. Es decir, no sólo se busca concretar exitosamente objetivos, metas, réditos económicos y profesionales, sino que se busca el reconocimiento externo. Pero, ¿cómo lograr que la ambición esté conectada con metas positivas y no traspasar el límite?

La Lic. Costa cita a Aristóteles cuando afirma “el equilibrio está en el punto medio”. Es decir, la especialista sostiene que la ambición puede ser un obstáculo para nuestro crecimiento social e individual o podemos hacer de ella un motivo para afianzar una parte de nuestra autoestima.

“No debemos olvidarnos que sea como sea, toda ambición tiene su precio y cuando el precio es superior a los méritos del premio, esa ambición se vuelve arrogante haciendo que el individuo se pierda. Vivida en extremo, la ambición puede albergar grandes carencias interiores, un inconformismo desmesurado y una falta de autoestima. Puede acarrear conductas destructivas para el individuo y para los que están a su alrededor”, advierte.

La ambición puede ser positiva cuando forma parte de la motivación para materializar un sueño, pero sí el exceso se adueña del deseo, el saldo a largo plazo será negativo.

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