El día en el que Buenos Aires estuvo unida por la felicidad

La asunción de Francisco como máxima autoridad de la Iglesia Católica, creó sensaciones, sentimientos y escenarios que la Argentina adolecía desde hace mucho tiempo

Hubo un día en cual una plaza, acostumbrada a las manifestaciones políticas, al vértigo de los oficinistas atravesados por la urgencia o a los turistas que la visitan a paso lento, se tomó una tregua.

La histórica Plaza de Mayo se convirtió por un día en un escenario de alegría y oración, y en un símbolo de reivindicación de la austeridad y la solidaridad. Desde el lunes a las 22hs y hasta las 5 A.M del día de hoy, las calles aledañas a la Catedral metropolitana construyeron una Buenos Aires distinta, más orgullosa y plena de felicidad.

La asunción de Francisco como máxima autoridad de la Iglesia Católica, creó sensaciones, sentimientos y escenarios que la Argentina adolecía desde hace mucho tiempo. Caminar por el microcentro porteño, ayer por la noche u hoy por la mañana era una experiencia conmovedoramente extraña que supo fusionar la emoción con la euforia.

Los rostros y los cuerpos abandonaron su característico andar histérico y los gestos preocupado y adustos de cada día, se unieron en el lema “Viva Francisco”. Las sensaciones eran emocionantes y reconfortantes en una Buenos Aires que estaba un tanto desacostumbrada a la unión y a la alegría comunitaria.

Hombres, mujeres, padres e hijos, abuelos y nietos y sobre todo, miles de adolescentes se fusionaron en una sola causa. No sólo se trató de acompañar de manera simbólica y desde su país de origen al Papa Francisco, también fue una oportunidad para la reunión y la comunión de personas que lograron unirse en un mismo lugar para expresar su solidaridad y emoción.

Por que desde ayer por la noche Red Solidaria, logró homenajear a Jorge Bergoglio a través de su máxima cualidad: la generosidad. Miles de personas se acercaron a su titular, Juan Carr, con alimentos no perecederos que serán donados a los comedores infantiles que funcionan en distintos barrios carenciados de la Ciudad de Buenos Aires, como la Villa 31 y la 11-14.

“Íbamos a traer un auto, pero menos mal que trajeron un camión, porque aquí hay comida para que los cinco lugares donde estuvo el padre Jorge y que elegimos para esta campaña improvisada tengan alimento por siete meses", afirmó Carr, quien además resaltó que Francisco está generando actos espontáneos de solidaridad en los argentinos.

El clima no ayudaba, el frío era cada vez más agudo y mientras más descendía la temperatura, más fuerte se alzaban las voces de miles de personas que cantaban canciones religiosas, rezaban o simplemente, exclamaban “Viva la Argentina. Viva Francisco”.

Mientras tanto, en la Catedral una gran cantidad de sacerdotes trabajaron toda la noche confesando a los fieles que así lo quisieran, con el firme propósito de materializar el mensaje de Francisco, que el domingo en su primer Angelus dijo “Dios no se cansa de perdonar”.

La música también fue uno de los grandes símbolos de la noche a través de los conciertos del Padre César y su banda de rock y el cantante melódico Axel, que logró la unión de todo el público a través del tema “Todo vuelve”, canción por la cual el Papa Francisco lo eligió para su presentación en la vigilia.

La satisfacción de creer en un sacerdote que supo hacer de la entrega al prójimo y la austeridad un modelo genuino de solidaridad, fue el sentimiento que unió a los argentinos en una vigilia mágica e inolvidable.

Ayer y hoy Buenos Aires se convirtió en la capital de las emociones positivas y constructivas. Las miradas no estaban perdidas, miraban al frente, al prójimo. Capitalizar estas emociones y proyectarlas a futuro quizá sea la misión que el país debería tener en cuenta para honrar a su sacerdote, el Papa Francisco.

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Por Eugenia Plano