Cuál es la mejor manera de relacionarse con la enfermedad

A lo largo de la vida conviviremos con ella. Cómo aprender a entenderla y sobrepasarla.

Estar enfermo es una situación que no es normal, pero sí habitual, en el ser humano, y que se repetirá muchas veces durante su vida. A diferencia de los animales, el hombre tiene opciones de sobrevivir, en muchas ocasiones gracias a los adelantos de la ciencia. Ello se ha producido con el devenir de las eras, ya que en tiempos remotos la evolución hizo uso de la enfermedad y eventual muerte para lograr genes más aptos para conservar las especies.

Desde la infancia, uno se acostumbra a convivir con la enfermedad, ocasionalmente con rasgos de comicidad, ya que en la edad temprana hemos aprendido, en algunos casos, a simularla con la intención subyacente de "faltar al cole". Fiebre, cefalea, dolor de panza, etc. son utilizadas en estos casos con cierta asiduidad.

Con el tiempo solemos tomar a la enfermedad más en serio, ya que se transforma en un inconveniente.

Así vamos incluso enfermos a jugar un partido, a bailar o a salir con alguna persona que nos deslumbró. Con el tiempo, la seriedad va ganando terreno y también las dolencias que, salvo las graves, que desgraciadamente existen también durante la infancia y la juventud, en general podríamos decir que la gravedad crece con la edad.

El secreto, aunque parezca remanido y ridículo, es aprender a vivir con este riesgo y estar siempre listo para luchar contra esta mala noticia que generalmente nos sorprende en el momento menos oportuno.

Es inteligente y sano, valga la contradicción, estar preparados para recibir esta desagradable y generalmente inesperada visita. La vida nos enseña que nada nos debe tomar desprevenidos, tanto a nosotros como a nuestras familias, ya que "prevenir es curar", como dice el antiguo consejo.

Y todos debemos tener presente que esto vale desde que nacemos, gracias a los indudables beneficios que nos han aportado la medicina y la ciencia en general durante los últimos cien años.

Sin querer, por supuesto, ser injusto con los avances anteriores, que dieron las bases para lo que ocurrió después. Mi reflexión de hoy quiere significar que para que todo esté bien no nos tenemos que descuidar, aun ante las cosas aparentemente más inofensivas, y que si queremos ser felices y vivir tranquilos las alegrías de todos los días en compañía de los que amamos, estemos preparados para tener bien cubiertos todos los riesgos y que nada nos sorprenda.

A veces nos parece anacrónico pensar que cuando éramos niños la enfermedad nos garantizaba recibir más mimos, consentimientos e infantiles prebendas.

Esto no ha terminado y aún añosos necesitamos, más todavía durante la enfermedad, una consideración especial de nuestros seres queridos. Quienes están desde antes que nosotros también conservan sentimientos y deseos de comprensión exacerbados, especialmente cuando están enfermos, y muchas veces sólo necesitan ser escuchados. No olvidemos nunca que, inexorablemente, pasaremos por lo mismo. Por ello, tomemos la vida con calma y fe ya que, en general, todo pasa; la enfermedad también.

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Redacción