Claves para combatir el sedentarismo y elevar la calidad de vida

La actividad física incide en la prevención de enfermedades y favorece a la salud mental, incrementando los niveles de bienestar y optimismo.

En esta era hipertecnológica, es necesario instaurar un cambio cultural, para concientizar a la población acerca de la importancia de mantener un estilo de vida más activo y saludable en todas las franjas etáreas y continuarlo como un hábito permanente. Por ejemplo, caminatas, danza, gimnasia pero también rutinas que incluyen acciones cotidianas para realizar en el hogar como subir y bajar escaleras, tareas domésticas o jardinería.

Una epidemia global del siglo XXI

A través de una investigación sobre estado de salud de la población mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó que el 60% de los habitantes de los 5 continentes no realizan la actividad física necesaria para obtener beneficios para la salud.

Las causas del incremento del índice de sedentarismo en los últimos veinte años se relaciona con el estilo de vida actual. “La insuficiente participación en la actividad física durante el tiempo de ocio, el aumento de los comportamientos sedentarios durante las actividades laborales y domésticas y el uso de los medios de transporte pasivos han generado un estilo de vida sedentario en la actualidad”.

En este marco, el sedentarismo es una epidemia global que no discrimina clases sociales, edades o países ya que hoy todas las regiones han visto incrementados sus índices de inactividad física. Los riesgos de un estilo de vida sedentario impactan de forma negativa sobre la salud, predisponiendo el surgimiento de enfermedades no transmisibles como patologías cardiovasculares y respiratorias, diabetes, colesterol, obesidad y diversos tipos de cáncer causan que hoy causan más del 60% de las muertes en el mundo.

Una problemática prevenible y modificable

Uno de los puntos más importante para incentivar la actividad física es que la población internalice el concepto que el sedentarismo es un factor de riesgo modificable. Es decir, al igual que la mala alimentación o el tabaquismo puede prevenirse y además, a partir de un cambio de hábitos en el paciente es posible mejorar su estado físico y mental. Algunas de las recomendaciones aconsejan incorporar paulatinamente la actividad física y un primer paso para hacerlo, es realizar 30 minutos diarios de ejercicio.

Las opciones son: caminar enérgicamente, subir y bajar escaleras, bailar, andar en bicicleta, nadar, caminar en lugar de usar el auto o el trasporte público, realizar tareas domésticas, de jardinería, lavar el auto y hacer deportes. Además de estas actividades cotidianas, se recomienda realizar actividad aeróbica unas tres veces por semana y luego de cada ejercicio físico o práctica deportiva hacer durante 10 minutos una rutina de elongación para finalizar.

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