Adolescentes eternos: El síndrome Peter Pan

Peter Pan no quería crecer, se negaba a pertenecer a un mundo en el cual el paraíso de la infancia quedaba allá lejos y hace tiempo

Tienen entre 25 y 30 años, y eligen el hogar de origen como su lugar en el mundo. Las razones son variadas: no consiguen un trabajo que les permita mantener el nivel de vida al que están acostumbrados, quieren seguir capacitándose, no tienen las herramientas necesarias para enfrentar el mundo adulto o sus padres los retienen. El fenómeno es una tendencia a nivel global y marca una diferencia generacional sustancial. Mientras que hace algunas décadas atrás, irse de casa era un salto a la adultez, hoy en día se considera un "paso innecesario".

¿Cómo influye el contexto tanto familiar como social en el síndrome Peter Pan? ¿Cuál es el costo de querer pertenecer al mundo adolescente cueste lo que cueste?

Peter Pan no quería crecer, se negaba a pertenecer a un mundo en el cual el paraíso de la infancia quedaba allá lejos y hace tiempo.

Convertirse en adulto implica insertarse en el planeta de las responsabilidades y de las presiones pero también brinda la posibilidad de ganarse la vida por mérito propio y obtener tanto éxitos como fracasos por el trabajo conseguido. Las nuevas generaciones optan por conservar lo máximo posible aquel oasis de la infancia y la adolescencia, en donde la voluntad aunque sea propia está supeditada a las decisiones de mamá y papá. Negarse a crecer es tendencia.

El doctor británico William Galston realizó un estudio específico sobre el tema y bautizó a los nuevos jóvenes como la "generación odisea". "Tienen entre 25 y 35 años y se niegan a irse de sus casas -afirma-. Pueden tener pareja o no tenerla pero no piensan en formar una familia.

Tienen como objetivo ganar su propio salario, pero rotan de trabajo en trabajo o cambian de carrera universitaria sin una profesión definida ¿Hay nuevos objetivos generacionales? No. Los tres objetivos fundamentales de la edad adulta son conseguir la estabilidad laboral, encontrar una pareja, y tener hijos pero, en los últimos años hubo una postergación masiva de esos tres compromisos".

Una constante entre esta generación es el goce idealizado. Sienten que si asumen las responsabilidades del mundo adulto estarán excluyendo infinitas fuentes de placer. Pero, ¿cuáles son esas grandes aspiraciones de ocio a las que las nuevas generaciones se aferran con fuerza?

El Lic. Miguel Espeche, coordinador general de Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano, afirma que hay una ligazón entre la idea de pasión con el egoísmo consumista. Es decir, las fuentes de placer no estarían ligadas a lo laboral o lo emocional sino más bien al mundo de consumo, que se vería acotado si se decide formar una familia. "Sólo los padres - define- con su poder económico, dadas las dificultades laborales de quienes deben pagar el derecho de piso, y una idea de "odisea" que se parece más a una travesía por el propio ego que por reales e inhóspitos territorios (tal lo vivido por el bueno de Ulises), no es extraño que tanto en el Primer Mundo como por estos pagos se haya extendido la adolescencia"

Por su parte, la Dra. Graciela Moreschi, autora de "Adolescentes eternos ¿Por qué nunca se van de casa?", menciona como factor relevante los cambios históricos en la estructura familiar: "La diferencia con la antigua familia extensa que existió hasta mediados del siglo XX es que, en aquellas había una cabeza que imponía las reglas, y la prole, sin importar la edad que tuvieran, las aceptaban, mientras que hoy, no se reconocen jerarquías. Los padres del siglo XXI intentaron que en sus hogares hubiera democracia, por temor a ser autoritarios se abstuvieron de poner límites, y apostaron al diálogo. Hoy se sienten superados, invadidos y confundidos respecto a lo que pueden y deben hacer".

Entonces, si los nuevos jóvenes pueden disfrutar de las comodidades de la casa paterna sin restricciones, sin límites y además, no se debe aportar dinero y el salario propio será sólo para el placer personal ¿Por qué irse? "Hasta llega a suceder que los padres sienten que invaden a sus hijos en su propia casa -explica la Dra. Moreschi- Se dicen así mismos: Lo educamos así, es nuestra culpa, por otro lado es un buen chico, siempre nos cumplió. Se recibió en el tiempo esperado y no podemos negar que se mata trabajando. Desean que se vaya a vivir solo pero no se atreven a sugerirlo. En la intimidad se preguntan - ¿No será que estamos poniéndonos viejos y somos cada vez más intolerantes?"

Padres que apañan y una sociedad posmoderna que responde a valores como la inmediatez, el placer como meta y el presente continuo, atentan gravemente contra el esfuerzo y el proyecto mediato, el futuro. "El peligro de esta situación es que más que una etapa de transición a la vida adulta se está transformando en una forma de vida", destaca el Dr. William Galston.

Parece ser que en poner límites e inculcar valores, como la cultura del trabajo y no del placer, habría un mínimo avance para una solución. "La generación de los padres de estos jóvenes -define Moreschi- rompió con los valores tradicionales pero a la vez se quedó sin referentes". Es decir, los adultos también se encuentran desorientados y no saben cómo poner límites a una generación que no comprenden.

Los nuevos jóvenes no son un grupo aislado ni lo que les sucede es una casualidad del destino, es parte de un contexto social y cultural que exalta la juventud y el hedonismo como el bien más preciado ¿Por qué convertirse en adulto si ser joven es la norma? Límites y valores, desde la más temprana edad quizá sea una de las formas a través de las cuales Peter Pan quiera irse de casa para volar solo.

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Por Eugenia Plano