Adolescentes de 60 ciudades del mundo se reunieron para enfrentar juntos al coronavirus

Organizado por la Pontificia Scholas Occurrentes y con la bendicion del Papa Francisco, más de 120 estudiantes de 60 ciudades de todo el mundo se dieron cita en el Primer Ciberencuentro Mundial de Jóvenes sobre el Coronavirus para enfrentar juntos este desafío global. Cinco jóvenes argentinos participaron del Ciberencuentro.

Poco a poco empezaban a aparecer. Pequeños cuadros, unos más pixelados que otros, nos descubrían unos ojos madrugadores, en México, donde estaba amaneciendo o trasnochadores, desde Japón. Un mosaico de rostros, jóvenes todos, inundó la pantalla... Y los auriculares: “Ciao!, “Hi!”, “¡Hola!”, “Kon'nichiwa!”, “Bonjour!”, „Alo!”, "Olá!”, saludos y gritos de felicidad en medio del caos y el miedo. Se daba así inicio al Primer Ciberencuentro Mundial de Jóvenes sobre el Coronavirus para hablar y compartir todo lo que les está pasando a ellos y a sus familias.

En medio de esta inédita situación que atraviesan cientos de países en todo el mundo a causa de la pandemia del COVID-19, y con la convicción de que la “cultura del encuentro” es más necesaria que nunca, jóvenes de 60 ciudades como Miami, Maputo, Santo Domingo, Roma, Madrid, Port-au-Prince, Lisboa, Asunción del Paraguay, Barranquilla, Buenos Aires, Tokio, Ciudad de México, Barcelona, Setagaya-ku, Oporto, La Plata, Nápoles, Tampa, Vigo, Panamá, Bucarest, Cascais, Monterrey, Medellín, entre muchas otras, se dieron cita para generar un espacio de salud mental y aire fresco.

Los jóvenes argentinos participaron desde San Antonio de los Cobres, Salta; Aristóbulo Del Valle, Misiones; Paraná, Entre Ríos; Cañuelas, Provincia de Buenos Aires y Barrio Carlos Mugica (villa 31), CABA.

Los jóvenes pudieron conocer de viva voz la realidad que viven sus pares en otros lugares del mundo, y compartir sus sensaciones, no exentas de miedo y confusión, pero contundentes en su llamado a la empatía y a la solidaridad.

Nahuel, participó desde la Puna Salteña, más precisamente desde San Antonio de los Cobres, Argentina: “Un cambio de rutina un poco brusco, el mundo se detuvo y sin avisar. Mi pequeño pueblo se detuvo, aunque el miedo llegó tarde. […] Ahora las reuniones son en la sala, los paseos en el pasillo, aunque me siento bien en casa porque estoy con mis seres queridos, eso me consuela ¡Qué frágiles somos los seres humanos! Ojalá que pase pronto y ojalá que todos volvamos a salir, a juntarnos y a abrazarnos.”

“Tenemos que estar en nuestras casas para prevenir y cuidarnos. Por más que el virus no llegó del todo acá, nos tenemos que proteger. Parece que no hubiera conciencia de lo que está pasando, porque hay gente que quiere salir a la calle, pero es porque desconocen la gravedad del virus”, Celestino, de Mozambique.

Como este, varios de los testimonios compartidos durante el encuentro hicieron un llamado a la responsabilidad, sin desconocer las circunstancias de otros contextos y realidades.

Dominique, de Haití: “Estamos preocupados aquí, porque si los países que están preparados para soportar mejor este tipo de crisis están sufriendo, imagínense nosotros en Haití, aquí no estamos listos, (por eso) si tienes la oportunidad de ayudar a alguien, hazlo. Este es el momento de ser solidarios”.

Demostraciones de empatía y solidaridad, no tardaron en aparecer: "Ha llegado el momento de reivindicar la cultura del encuentro que defiende Scholas”, aseguraba Sergio, de España.

“Yo siempre veo algo positivo en todo, y es que estamos comunicándonos; no hemos perdido la red de comunicación, y eso es lo más importante; a pesar de que estamos en un momento de crisis, seguimos en pie; no como amigos o conocidos, sino como la gran familia que somos Scholas”, eran las palabras de Brayan, de Panamá. “Podemos seguir trabajando por el bien común”.

"Scholas es un soplo de aire en todo esto, es pedazos de corazón repartidos por todo el mundo, es especial. Gracias por seguir haciéndome vivir emociones que nunca puedo transmitir en palabras", Sonia, de Palermo, Italia.

Este primer encuentro virtual mundial tuvo como actividad de cierre la puesta en común de palabras e ideas alrededor de las cuales seguir generando un diálogo y conversación permanentes; se pudieron escuchar muchas palabras como fraternidad, sacrificio, coraje, solidaridad, familia, fragilidad, empatía, incertidumbre, desconcierto, comunicación… pero si hubo dos que se repitieron, y se respiraron, incesantemente, esas fueron las de “esperanza” y “encuentro”.

En el momento de cierre, donde ninguno de los jóvenes quería desconectarse, José María del Corral, cofundador de la red mundial Scholas junto a Enrique Palmeyro y Jorge Bergoglio, les dijo a los chicos: “Hoy ustedes crearon la mejor vacuna y le pusieron el nombre: “esperanza”.

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Redacción