Un grupo de chicos nació sin audición. Sus familias preguntaban lo obvio: ¿qué les pasa? Tras haber pasado por un estudio multicéntrico de genética, llegaron a mejoras auditivas medibles. La pieza que faltaba apareció con algo tan invisible como poderoso: la lectura del ADN.
La terapia génica ha logrado restaurar la audición bilateral en niños sordos, abriendo una nueva esperanza para quienes sufren de pérdida auditiva congénita.