Herramientas para encarar el duelo del desamor

¿Es posible encarar el duelo del desamor sin perder la dignidad? Algunas herramientas para entender lo que nos pasa y cómo aprender a preservarnos ante el vendaval afectivo que viene después de una separación

por Gabriela Picasso

A ver, decime la verdad, contame si yo soy la única idiota que todavía no sabe que su marido ya anda con otra", le lanzó Mariana a su excuñada Laura apenas contestó el teléfono. Era su último y descarnado manotazo de ahogada en el lastimoso recorrido por toda la agenda telefónica en su búsqueda por una explicación para la completa desaparición de Juan. Juan, su ex, aquel con el que hasta hacia sólo unas semanas hablaba varias veces al día, sabía todo sobre sus idas y venidas, y con el que hasta había pasado más de una noche en ese extraño devenir de noviazgo reeditado.

Juan no había conocido a otra, pero había decidido poner punto final y oficializar una separación que era un hecho consumado, pero que Mariana parecía no haber registrado, a pesar de que ambos ya no compartieran el mismo techo desde hacia rato. Pura negación que ahora se convertía en angustia en ese intento desesperado por recuperar lo ya irrecuperable. Distinto era lo de Cecilia. Con la bronca brotándole a borbotones por los poros, a pura furia descontrolada no sólo le había rayado a Martín todos los discos de pasta de su colección heredada de los Rolling Stones, sino que también con minuciosa maldad le había armado una página en Facebook para escracharlo sin piedad ante amigos, colegas y familiares. Venganza extrema por ese amor que parecía que nunca había existido y que ahora destilaba odio en una lucha a brazo partido, por los chicos, el auto, la casa, los muebles y hasta la mascota. Negación, culpa, desilusión, ira, venganza, angustia, son algunos de los sentimientos y emociones que se desatan tras la ruptura del vínculo afectivo.

Las manifestaciones son variadas, y como las fases de la luna, van mutando en sus estados a lo largo del proceso. Con sus altos y sus bajos, según el escenario y los personajes, se puede llegar a tener desde una ruptura triste pero armoniosa, hasta desatar tempestades enfermizas, caer en los abismos de la depresión o simplemente esterilizar el problema y hacerse la que "aquí no ha pasado nada", aunque por dentro y por fuera todo sea una ruina. Porque así como cada pareja es un mundo, cada separación, cada divorcio, también lo es. "Cuando uno habla de divorcio habla de situaciones diferentes en las que una se puede encontrar: en qué nivel social se produce, a qué edad. Si es con hijos o sin, si se está frente a una mujer que trabaja y es autónoma, o con otra que es absolutamente dependiente. ¿Viene de una relación que se desgastó con el tiempo, y donde se terminó el amor o el sexo, o de una relación que fue siempre conflictiva y pasional? ¿Hay soporte emocional alrededor, o una está sola en la vida?

Todas estas variables son los moduladores que determinan cada escenario posible para vivir este duelo, este proceso emocional que se pone en marcha frente a una pérdida. Porque el divorcio es un duelo ante una pérdida: la pérdida del vinculo conyugal, la pérdida de la pareja y de la familia que pudo ser. Y en cada caso, y según cada circunstancia, se dan en mayor o menor intensidad, las distintas fases y emociones que surgen cuando se vivencia un duelo. Es por eso que un mismo hecho puede ser más estresante para uno que para otro, en función de los recursos que uno siente que tiene para enfrentar esa situación", explica la licenciada Patricia Faur, psicóloga, docente en la Universidad Favaloro y autora de los libros Amores Posibles, Amores que matan y Estrés conyugal (Ediciones B), entre otros. Perder lo que amamos y experimentar dolor por eso es parte de la existencia humana y genera inseguridad, confusión e incertidumbre sobre cómo continuar en ese nuevo espacio que ha inaugurado la pérdida. Como toda crisis vital, la separación requiere de un proceso de adaptación en que se sucederán cambios que varían en función, no sólo de las características personales, de las experiencias previas y de la capacidad de adaptarse a la nueva situación, sino también de cómo haya sido la vida de pareja", aclara Faur.

- SOBREDOSIS DE AMOR

"A Juan lo conocí en el secundario. El tenía 18 y yo 16. Diez años de novios y quince de casados. Nos recibimos juntos, debutamos juntos, pasamos la mitad de nuestra vida juntos. Se diría que crecimos juntos, pero nos dimos cuenta de que la habíamos hecho por caminos muy distintos, y las pequeñas diferencias de chicos, hoy se hicieron abismos. Por eso decidimos que en este punto de nuestra vida lo mejor era no seguir juntos", confiesa Clara. A grandes rasgos, Juan y Clara están dentro de las parejas que se desgastaron con los años, que crecieron desparejas, que devinieron en personalidades diferentes. Del otro lado de la mesa, están las parejas conflictivas y tóxicas, aquellas donde la separación será tan explosiva y tortuosa como lo fue la relación. "Las parejas ‘normales’, aún en crisis, si han tenido una buena historia, tendrán un proceso de separación saludable", dice Faur. No es el caso de las parejas pasionales, con una comunicación violenta y con una historia tóxica, donde casi siempre quedan devastados. "Esas son las que siguen el camino de la ira y la venganza: te hago pelota la tarjeta de crédito, te voy a reventar con los abogados, te rompo toda la casa. A una relación explosiva se sucede una ruptura más explosiva. En el grupo funcional, en cambio, la separación va a implicar mucha tristeza, una sensación de nostalgia de lo que se vivió, y de pérdida de la ilusión de la familia nuclear. Porque no sólo se pierde el amor de la pareja, uno pierde la idea de familia", aclara la experta. También hay una gran diferencia en cuanto al género. Se tiene la idea de que la mujer es quien sale más herida frente al divorcio. La verdad es que las mujeres van sufriendo mucho en el predivorcio porque intentan salvar la pareja: "Y es en ese proceso que van haciendo el duelo. Entonces cuando llega el divorcio, es casi como liberador. Un cierto alivio al desgaste que venían acumulando", comenta Faur. Para los hombres, más reservados en sus afectos, y que de por sí tienen menos recursos emocionales y menos sostén, muchas veces la situación los toma por sorpresa. "Aun cuando la sabiduría popular dice que un hombre se va de la mano de otra de una casa, algo que no es siempre tan así, muchas veces es la mujer la que toma la decisión. Los hombres tienen mala prensa frente al divorcio. Porque así como la mujer es quien por lo general se queda con una carga de responsabilidad mayor a la que tenía, y debe tomar un montón de decisiones sola en el día a día, pareciera que ellos han logrado liberarse de sus deberes diarios, y que estando solos y sin la responsabilidad de los hijos la pasan ‘bomba’. Pero no es tan así. No sólo el dolor de perder la cotidianidad con los hijos es tremendo, sino que a esto también se suma algo más fuerte: la perdida territorial". Abandonar la casa en la que habitó o que hasta quizás construyó supone un fuerte desarraigo. "Y es peor, cuando hay otro hombre ocupando su lugar o compartiendo el día a día con su familia", dice Faur. Pero la realidad es que para cualquiera de las partes, nunca se sale indemne de un divorcio. Siempre hay heridas. Pero la posibilidad de una mejor y más rápida sanación radica en cómo uno se arme y sepa encontrar las herramientas adecuadas para superar y salir entero del doloroso proceso.

- HERIDAS DEL DESAMOR

El período de transición del divorcio es un proceso que puede durar dos años o más. En el afuera de la pareja se van sucediendo las distintas etapas: la legal, la económica, la familiar, la social, etc., que obviamente repercuten en toda "esa procesión que va por dentro". La revolución interior que se produce durante este "duelo" tiene sus fases emocionales: la negación, la ambivalencia, la culpa, la rabia hasta finalmente llegar a la aceptación y la vuelta de página. Transitarlas con un grado de mayor o menor intensidad emocional dependerá de cada uno. "La historia de la pareja tiene mucho que ver en cómo se enfrenta la disolución. Hay quienes se quedan patológicamente atascados en una de estas fases y terminan dañado al otro y a sí mismos. En cualquier caso, el proceso de adaptación a la ruptura es un cambio lento y sobre todo individual", aclara Faur.

- LA NEGACION.

Empieza mucho antes de la propia tensión que empuja al matrimonio a un estado de crisis. El afectado toma por costumbre echar la mano de la negación para mantener vivo el matrimonio. Los hombres se resisten más a enfrentarse a los problemas matrimoniales. Difíciles a la hora de comunicarse, suelen esconder "debajo de la alfombra" lo que va sucediendo. "Ellas piensan que ellos no se interesan por lo que sucede, y se ponen peor con sus reclamos. Es la etapa de lo que se podría llamar el predivorcio y es la que más estrés crónico genera. No es la cuestión puntual de una pelea o una infidelidad sino que es como un clima de amenaza constante. Es esa sensación de que algo malo va a pasar y que me tengo que ir preparando. Es terrible porque va generando la anticipación de un dolor y va haciendo estragos en el organismo. El buscar apoyo y el diálogo sincero entre las partes son claves para allanar el camino de la pareja.

- LA PERDIDA.

La segunda fase es la de la pérdida y la depresión. Cuando una pareja no puede hacer ya frente a sus problemas, llega a la conclusión de que el principal problema está en seguir juntos, y ya la separación es un hecho. "Es una etapa de peleas y desacuerdos, con mucha ambivalencia y ansiedad, que va del ‘me siento aliviada y feliz’ al ‘me siento devastada’. Es la primera etapa de ver y no ver. De idealizar al otro cuando se va y cuando vuelve, regresa la frustración. Lo importante es tratar de poner el corazón en alto y dejar que sea la cabeza quien comande", comenta Faur. "Si la pareja es tóxica, las idas y vueltas son eternas y agotadoras: todo el tiempo se va del cielo al infierno", concluye.

- LA TRISTEZA.

De la mano de la realidad de la pérdida viene la tristeza y la melancolía. La melancolía dentro de los modelos normales dura entre uno y dos años, el tiempo que uno tarda en reacomodarse a la nueva situación, en lo emocional, en lo social y en lo económico. Pero es en las rutinas y en lo cotidiano en donde uno recibe el impacto más fuerte. El cepillo de dientes que no está, que nadie compró las medialunas, que es sábado a la noche y me quedé sola porque los chicos salieron. El primer cumpleaños sin él, la primera Navidad sin él. Este es el duelo normal, que se da aún cuando uno siga manteniendo el buen vínculo con el otro, porque es la tristeza por el amor perdido, por el tiempo que pasó. Pero cuando la melancolía es extrema y no se va, peligrosamente se puede caer en la depresión.

- LA RABIA.

A ese período de ambivalencia y tristeza, le sigue la rabia, cuando el fin del matrimonio pasa a ser una realidad. La melancolía que estuvo presente al principio empieza a retroceder un poco para dejar paso a un sentimiento de ira subyacente. Las pugnas y discusiones ocurren con frecuencia sobre las varias decisiones legales a que hace frente la pareja. Aunque sea una quien haya iniciado la separación, siempre está la bronca por lo que no fue. La rabia tiene que ver con lo que pasó antes. Hay personas que se quedan pegadas por años. Es como si esa ira es el lazo para mantenerse unidos. Una bronca que puede quedar sólo en palabras o manifestarse en hechos que pueden llegar a ser patológicos, cuando arremeten contra la pareja (le rayan el auto, le "revientan" la tarjeta, le tiran la ropa…), o lo que es peor, cuando usan a terceros, casi siempre los hijos, como medio para descargar su furia. "No te los llevás este fin de semana", "Me pidió que no vayas a la entrega de premios", "Como Juani rompió el control de la tele, se lo hice pagar con la mesada que le diste". Una lista infinita de descargas y mensajes violentos en un campo de batalla extramuros, donde las principales víctimas son los inocentes. "Siempre están las ganas, pero la mayoría de las veces no se pasa del dicho al hecho. La venganza tiene mucho que ver con la traición. En muchos de esos casos deliberadamente se le ha mentido al otro en la cara. Eso es un gran disparador de la bronca y genera mucho odio. "Me dejaste ilusionarme, pero me engañaste. ¿Cuánto engaño hubo en nuestra relación?", se pregunta. Con la desconfianza a flor de piel se juzga toda la historia pasada, y como ya no hay parlamento creíble, una solo desea venganza. Uno de los puntos más importantes para poder ayudar al divorciado es valorar la cantidad de resentimiento que pueda tener. La ira sobre la herida y el rechazo son muy normales, pero ha de llegar un momento en que se desvanecen. Por desgracia, algunos siguen sintiéndose heridos durante años y no pueden salir de ese espiral de odio al que retroalimentan interpretando cada acción del otro como una agresión personal.

- SALIR DEL ABISMO

Culpas que atormentan, abatimiento, depresión ante lo que pudo ser y no fue, broncas que carcomen… frente a todo este torbellino emocional, ¿es posible atravesarlo sin perder la dignidad y sin quedar "hecha un trapo"? "Dignidad es una gran palabra en la recuperación porque es justamente frenar, replantarse la vida que se está llevando y comenzar a valorarse. Una debe preguntarse: "¿Me merezco esto? ¿Debo tener a mi lado alguien que no me regala nada en mis cumpleaños, que no me acompaña, que no me mima? ¿Quiero esto para mi vida?", aconseja Faur. Tener la mirada clara sobre la responsabilidad de cada uno no sólo en el devenir de la pareja, sino hasta en la misma elección de quién quisimos tener a nuestro lado es una forma sana de ver dónde está una parada en el proceso de ruptura y qué debe hacer para salir de pie. Para evitar los autorreproches, la culpa y no caer en la depresión, una debe aprender a recordar siempre por qué se separó. "Hay una regla de oro que es ‘siempre acordarse del video y no de la foto’.

En la instantánea todos estamos congelados sonrientes, pero hay que acordarse de lo que pasó antes y después de esa foto", dice Faur. También aconseja recordar cómo fueron las últimas vacaciones, la última Navidad, el último cumpleaños, y no cuando recién se conocieron. "Hay que tener en claro que el enamoramiento dura de tres a seis meses, y que siempre la pareja empieza cuando se acaban los cuentos de hadas. Lo que una debe recordar es lo que pasó después de eso". Otro consejo es evitar tomarse tiempos y poner distancia. "Las crisis se viven y se resuelven puertas adentro. A no ser que haya actitudes violentas de por medio.

Es importante entender que este viaje emocional es necesario. Estar triste, enojada, temerosa es normal", aconseja. Es una realidad que a diferencia del duelo por una muerte, el duelo del divorcio es menos aceptado y la sociedad no está preparada para asistir a la divorciada como lo hace con la viuda. En la separación, la mirada social se vuelve más dura frente a la mujer. "El hombre es el pobrecito al que le quieren presentar a alguien, mientras que la mujer sola es vista como una amenaza que te puede sacar al marido", dice Faur. Con frecuencia se habla de divorcio como una experiencia traumática en la cual el mayor temor es el fracaso y la desintegración familiar. Sin embargo, aunque es un proceso difícil, si el duelo por la separación se atraviesa saludablemente, si se transita con apoyo y preservando el cariño por la historia vivida, puede convertirse en una posibilidad de cambio y crecimiento.

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Fuente: http://www.revistasusana.com/